Oda a la Nueva Gran Ramera

El Apocalipsis habla de la gran ramera de Babilonia, según estudiosos refiriéndose a Jerusalén. Poema a la Nueva Gran Ramera de Nueva York

Puntos de fuga, serena canción de despedida

La gente viene a verme
Todos saben que me muero
Quien escribe este poema todavía no comenzó
Porque está cortándose el pelo a máquina
Y escuchando For heaven’s sake, de Bill Evans

Palacio Añoranza

Que se vayan los hijos
Es una membrana perdida
Que no cae
Queda colgada latente y balanceándose
Silenciosa y permanente
Para cuando la miras
Y eso ocurre siempre que
Llega el miedo
La duda
O la mera soledad
La edad y el deterioro
De todos los palacios
Salvo Palacio Añoranza…

Pulp Fiction, intrahistoria de Vincent Vega

No hay nada peor que el miedo. Lo sabes, Vincent Vega. Desde tu primera víctima por un ajuste de cuentas. Pero sabes que dar de baja a alguien no es lo peor que puede ocurrir. Te gusta andar en tu carro por la ciudad a plena noche y saborear los olores particulares que la noche…

Mal Calibrado, nuevo poeta suelto en Barcelona

Instagram no sólo vale para dar rienda suelta a nuestro narcisismo y acudir periódicamente a ver los insípidos frutos. También le damos uso para compartir y descubrir nuevas voces como la del poeta Mal Calibrado, en otros foros conocido como Jaime Moreno, autor de una poesía que deja huella. Si deambuláis por Barcelona, tened cuidado que observa paciente.

Sofia Coppola y Tokio: More than lost, more than translation

Si alguna vez viajo a Tokio ya sé a qué Tokio quiero ir. Al de 2003. Al del Hotel Park Hyatt. Al de la habitación desordenada de Charlotte. Y al de la habitación de Bob, donde el fax nunca se silencia. Quiero ir a ese Tokio, a esos neones, a esa estética, al karaoke en el rascacielos con sala privada. Quiero una peluca rosa y una cebra por decoración (en la pared, en la cama o a los pies).

Un viaje a ninguna parte

¿Tomarías un tren a ninguna parte?
Yo lo hice.
Todos los miércoles.
Salía temprano, llegaba tarde.
No recuerdo bien si yo andaba buscando ese tipo de tren o él me buscaba a mí.
Cada mañana de los miércoles, bien temprano, yo tomaba mi billete y entraba en la estación azul de los trenes a ninguna parte.

El color de las burbujas. Elsa Calvo González

He rogado una y otra vez a la mar que me sacudiera de dentro a fuera, -aún más de profundo, allí donde nazco- y que entre los cuerpos que arrastraba la marea estuvieras tú. Y te lo dije, te lo dije, te lo dije: “bésame cuando tus pulmones se llenen de agua y naden peces. Hazlo como si tu boca fuera una pecera y estuviera llenita de vida, llenita hasta que la vacían.”

Redes, tanatorios y canciones largas

Joder, unos treinta años sin verle y ahora vuelven su pipa y su sombrero, su barba, su ingenio, su oratoria, su humor cínico e inteligente, su desprendimiento, su distancia de todo, su verdad.

Extrañamiento de viajantes

Es embarazoso. Como el hecho de cenar solo.
Existe una cierta dignidad en ello pero yo no la encuentro, me gustaría apostarme junto a la mesa de seis universitarios que hablan entusiasmados, alguno de ellos es psicológicamente caracterial y se agarra al móvil para sobrellevar mejor su desplazamiento.

Parque

Aquí parece que nadie mira pero todo el mundo desea serlo y nadie deja de observar, las sirenas no paran de sonar como en una concurso de pájaros trinando por toda la ciudad, hoy se celebra la asamblea general de la ONU y de la 42 a la 47 se han cortado al tráfico, a las 10 ya hacía calor así que colgué la americana del brazo izquierdo lo que me produjo una ligera mancha de sudor por encima del abdomen, nada irreparable con buenos chorros de aire acondicionado a la entrada de los edificios.

Dotonbori

Hotel Cross, Dotonbori, Osaka.
Viernes
4:46 AM. Rellano del ascensor, 7a planta
El ascensor plateado se abre y el recepcionista se adelanta ágilmente a los dos sanitarios con maletín y mascarilla, precipitándose uno hacia la máquina de bebidas y otro hacia la zona central, cerca de una fina lámpara de cristal blanco de Kartell estratégicamente situada antes de emprender el pasillo perpendicular a un lado y a otro.

Historias de checos, panenkas y salamis

La noche terminó cenando y bebiendo a las intempestivas once frente a una mesa en la que expandía su halo el mítico Panenka, rodeado por su cohorte de atractivas mujeres rubias arrebujadas en pieles. Incrustadas, apretadas, dibujadas, deseadas en pieles.
Panenka es un loco que un día se saltó las normas y se jugó la gloria y el destierro a cara o cruz y ganó. En las cosas importantes no cabe la tibieza.

El regreso de la delegación

…Los chinos que llevo al lado, al fondo del avión, no entienden la vaina y los rusos aún menos, aquí dicen que reír es de locos.