Estoy escuchando “El espíritu del vino”, ¿o era “El camino del exceso”?, en un avión de Aeroflot volviendo de Moscú tras una semana de arduo trabajo.
Delante de mí hay una delegación del gobierno de Venezuela, formada por siete miembros del partido comunista que han venido a Moscú a atraer turistas rusos melancólicos hacia el nuevo Eldorado de Maduro. Hablan alto de vainas, miran las fotos en sus deslumbrantes iPhone 6 y, en general, se congratulan de la gran labor realizada. De la parte delantera acaba de llegar el séptimo miembro de la comitiva , juraría que están gritando pero en mis auriculares ahora alguien les acompaña diciendo «más altos que nosotros sólo el cielo», el último paraíso socialista trae el vallenato y la yuca a estas latitudes de las rusas que no sonríen y no creo fácil que les puedan vender nada.
Apareció un octavo componente venezolano y pidió dos vodkas, están pasándola bien recordando la fiesta de la noche anterior, una de las consejeras ha dicho todo está documentado, todo está documentado y se han echado a reír.
Los chinos que llevo al lado, al fondo del avión, no entienden la vaina y los rusos aún menos, aquí dicen que reír es de locos.
J. Félix González-Encabo, Profesor Jonk
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Siempre hay que pedir alcohol de alta gradación en los aviones. Pero ojo, en los vuelos largos parece lo normal, nadie se extraña, todo correcto. En cambio en los vuelos cortos , los vuelos low cost, pasas a ser un despreciable necesitado. Eso es lo que pienso yo de lo que piensa la gente.
Nada que alegar, entendemos que ha hecho un detallado estudio de mercado sobre la reacción de quienes rodean a los festejantes y es cierto que en vuelos cortos sorprende la urgencia 😄
Ahí lo que faltaba era una delegación de cubanos 🙂
😄