Tom Waits

Entraba en la habitación con las venas hinchadas y con tu sonrisa enferma y un aspecto moribundo conseguías que te acariciara los pies y no me separara de tu lado. Y olvidaba las verdades o mentiras que segundos antes había desentrañado…

Rayo

… Custodiados por cómplices crepusculares

nos fugamos a cincuenta metros cuadrados de la vetusta ciudad.

Allí, entre paredes naranja memoricé tu cuerpo trigueño

recorriendo los senderos que fluían a los atajos más profundos.