Todo empezó como un juego en nuestras redes sociales. Sin importar ganadores o vencidos. Escribir, en menos de dos minutos, pequeñas reflexiones o poemas, a sabiendas de que el resultado bordearía entre el rotundo fracaso y el suficiente raspón. Mi hermano y capitán de este barco sin arpones en busca de Moby Dick los bautizó, con humor y acierto, como Poemas WC.

Nuestro apreciado Antonio Ramírez Pedrosa comparte este sentido homenaje de un joven que, como todos, necesita encontrar palabras de ánimo, un discurso adecuado, un aliento, una luz que seguir cuando se está empezando. Y, terminando la adolescencia, tuvo la suerte de encontrar a Joan Margarit en una graduación entre alumnos despistados.