Ella está haciendo ruido en su habitación, creo que estaba dormida y son las 8:30 de la tarde de un día de abril nublado. De un día más viviendo y dejándose vivir. Sin él y con toda la carga del tiempo y la familia, la carga de los que imponen la alegría a quien ya no la necesita, de los que miran adelante.

Fue en otoño cuando ella lo dejó; en otoño cuando su padre descubrió su afición por empuñar cinturones y es en otoño cuando se ha atrevido a dar este paseo. El año tiene cuatro estaciones y en su vida han sobrado tres.

Siempre me hundió el final del verano, desde niño, cuando se suponía que debería ansiar ver al resto de capullos de la clase tras dos meses de paz y soledad, hasta adulto, cuando a cada septiembre me planteaba tristemente vacíos objetivos no medibles para sobrellevar el tedio que me producía…