Donde los gaijin se refugian en Shibuya

Cerca de la plaza de nuevo, hay un tipo con un cartel colgado del cuello. “Hugs for free”. Desgarbado y extrañamente alto para la media japonesa, no rebasará los veinticinco años pero está pidiendo abrazos bajo la lluvia.

Fin. Relato de Elsa Calvo, punzantes diecisiete años de escritora

El sonido de lo que posiblemente sea un plato rompiéndose nos saca de la hipnosis. Bajo la escalera, se oyen voces; juraría que son dos fantasmas discutiendo junto a la alacena. Dos espectros rojos con los ojos encharcados que juegan al tira y afloja con la vajilla y el hambre. Mi hermana, -quien asumo, odia los ruidos-, sube el volumen de la televisión justo cuando los cuchillos vuelven a lanzarse y el pestillo de la puerta no es lo suficientemente fuerte como para enmudecerlo

Cuento de mala calidad, de Margarita del Brezo

Ajeno a todos estos pensamientos y emociones, el cuento de Cenicienta se bate contra las olas en una lucha feroz y desigual. Intenta mantenerse a flote apretando firmemente sus páginas, cada vez más húmedas, en un intento desesperado de mostrar resistencia al tempestuoso líquido que le azota el lomo y se cuela ora por el flanco de su cubierta, ora por el de la contraportada, como un ejército de gotas infinitas pertrechadas con balas de espuma y sal.

Domingo, viaje inverso de Nueva York a Puerto Rico

En fin, por dónde íbamos, los chinos que no había, los folkies en los bajos y Andy Warhol en algún lugar del Soho, Lou Reed Dios sabe dónde esta mañana, Canal Street, Chelsea Hotel quizás alojando a Leonard y Janis, qué importa, Domingo no conoce, no necesita y es feliz…

Empleado del siglo. Gonzalo Trinidad Valtierra, México

Marzo, aborrecible y sin trabajo. Después de la entrevista —la tercera de este mes—,
Germán Huesca salió a la calle con plena conciencia de su fracaso. El sol comenzaba a
declinar entre los edificios de una ciudad caldeada en el aire imbécil de las cuatro. Caminó
sin rumbo, las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. Se detuvo frente a las puertas
de una cantina, atraído por el jolgorio de un conjunto que entonaba sones y matanceras.

Thanks: cuento a Oxford, sus librerías y Escritores

Le sorprendió sobremanera ver abierta la librería de viejo un domingo; a fin de cuentas, no existía una combinación más mortecina y aburrida que la de Oxford y un domingo. Siempre pensó que los domingos eran unos días infames que había que dejar transcurrir y pasar de puntillas, pero es que allí alcanzaban la categoría, como escribió en algún sitio Baudelaire, de domingos desterrados al infinito.

Solo soy tímido, por Carlos Aymí

El curso se impartía en uno de los salones del Hotel Ritz. Ramón entró de los primeros,
con la mirada deslumbrada por el lujo y la pregunta de cuánto habrían pagado los
organizadores. Fue a sentarse en primera fila. Lo había decidido de antemano, era el
primer reto personal que se había propuesto; se pondría donde todos pudieran verlo, no
iba a esconderse en un rincón como había hecho toda su vida.

Extrañamiento de viajantes

Es embarazoso. Como el hecho de cenar solo.
Existe una cierta dignidad en ello pero yo no la encuentro, me gustaría apostarme junto a la mesa de seis universitarios que hablan entusiasmados, alguno de ellos es psicológicamente caracterial y se agarra al móvil para sobrellevar mejor su desplazamiento.

El Faro

Los golpes de los fuegos artificiales contra el cielo estrellado de un pueblo cualquiera en fiestas nos despertó. Yo estaba soñando con relojes y cristales rotos. Tú con unicornios enjaulados. Intentamos descifrar, entre carcajadas y juegos bajo las sábanas amarillas, sus significados más ocultos, las perversiones que se escondían tras las imágenes, incluso mezclamos ambos…

Bestias de carne cruda

Una de esas noches la vi llegar.
Llevaba un vestido ceñido, rojo, del mismo color que su cabello rizado. Medias negras, tacones altos. Un ramo de flores amarillas.
Era el segundo día de los muertos y aquel, supuse, era su disfraz.

Relación epistolar editor – autor: amistad con extraños y tanto mejor

Primavera, comuniones, cumpleaños. bodas, dinero… , ¿reparaciones necesarias?, viajes cercanos, proyectos que dan más sufrimiento que disfrute, familiares que no aclaran sus vidas y eso nos enerva porque jode que te molesten, políticos y periodistas que te enervan por las mañanas…

Espectáculo, microrrelato sobre el hecho de escribir

Tuve que vender el coche y el reloj de oro de mi esposa para conseguir una entrada en la reventa, pero por nada del mundo iba a perderme el espectáculo del que ya se consideraba como el escritor más grande de todos los tiempos.

Diecinueve años después, Pau Casals y Antonio Machado

Diecinueve años después y algunos días más tarde, un músico con sombrero cruza el umbral de un camposanto. Es una tarde de grises que pugnan entre sí. El músico lleva abrigo pues hace frío. Camina entre las lápidas que algún día fueron de marmóreo blanco cenital hasta encontrar su destino, una tumba sencilla.

Literatura femenina: zánganos, gringos viejos, Versaces y amigas

Para comenzar, les contaré que acabo de separarme de mi novio Yoanel, alias El Zángano. Sí, queridísimas. Lo mandé de vuelta a Miami con una patada por el trasero y todavía ha de estar volando. Pero para saber cómo fue la cosa, y qué tiene que ver el chisme con la literatura femenina, se necesita una introducción. Así que óiganme.

La vida se escribe todo el tiempo

La felicidad de aquel momento es tanta, que no deseas seguir soñando. Te sientes pleno de ver en el rostro de tu hijo esa satisfacción de poder compartir contigo estos momentos que nunca olvidará. Lo abrazas y le hablas al oído: cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo.

De peces y otros puntos

Don Eusebio es el único que se preocupa de que nos convirtamos en hombres y mujeres de provecho. Si no fuese por él, estaríamos todos “boqueando en el proceloso mar de la incultura que baña las costas de nuestra sociedad actual”. Eso no lo digo yo, lo dice él. Dice muchas cosas don Eusebio.

El hijo, relato de misterio por Carlos Aymí Romero

Mi padre siempre contó, a quien quiso escucharle, que un faro no es nada sin su noche y que es menos que nada sin la mar. Me pregunto si ahora, después de su muerte y tras la visita que he recibido, por fin comprendo lo que quería decirme exactamente.

La orilla, historias de sirenas por José Díaz de Cerio Jackson

  Llevo ya más de cuatro años viniendo aquí, desde que decidiste saltar desde lo más alto del trampolín, desnuda, realizando un salto mortal hacia lo más profundo del mar. Buscándote. Esperando verte aunque sólo sea un segundo. Aunque sólo sea el eco de tu sombra. O tus burbujas. Sería suficiente. Sentirte una vez más.

Breviario y retales de tiempos raros

Todos los viernes toma un tren de regreso a casa. En el andén 27 de la estación central de Múnich, Cada viernes, somnoliento, camina por las frías aceras a veces nevadas y siempre heladas. Todos los viernes toma un café. Un café y un croissant, en el quiosco de la estación: La brioche dorée.