… Estuve esperando en la fila, con pose beat, mi turno para entrar. Inquieto. Huérfano de un libro de Kerouac o Allan Ginsberg con el que escudarme y proyectar a su vez una falsa aura de intelectual despreocupado con ganas de entrar al ring para disputar una velada amañada. En esta ocasión mi única compañía eran una vieja libreta y un bolígrafo, ya que tenía que escribir un artículo del concierto para la revista de mi universidad.

Calma, grungies, que nos conocemos. El viernes Pearl Jam estrenó su película “Gigaton Visual Experience” en Apple TV y tras unas semanas escuchando su esperado álbum “Gigaton” -el anterior, “Lightning bolt”, data de 2013 lo cual denota un desidia preocupante o simple honestidad- debemos decir que se trata de un disco notable que dejará algunas canciones celebradas en el setlist de sus directos : temas como “Who ever said”, “Quick escape”, “Dance of the Clairvoyants” o “Never destination” pueden crecer ante el público con la voz desgarrada de mediana edad de Eddie Vedder, quizás gritando sinceramente contra lo inevitable como cuando escupía aquello de “This is not for you”. Lo inevitable ahora es distinto, si bien no menos aterrador aunque se lleve con aparente entereza.

El rock de principios de los 70 marcó uno de los momentos más algidos en cuanto a creatividad y número de bandas y artistas emergentes que rompieron barreras en distintos estilos. Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, David Bowie, Iggy Pop, T-Rex, Lou Reed, Kiss, Frank Zappa, Pink Floyd… Todos grandes pero algunos con altibajos en su carrera y otros, desgraciadamente, pronto desaparecidos.
No es el caso de Pink Floyd, quizás la banda más grande del mundo si tenemos en cuenta su calidad, estabilidad, longevidad y huella que extrañamente va a más con el tiempo. Como los clásicos, como el buen vino, para quienes quieran iniciarse hoy hacemos una breve reseña de sus quince obras maestras.