Apoteosis y cierre de etapa de Vetusta Morla en el Wizink Center Madrid

La banda madrileña Vetusta Morla cerró anoche su exitosa gira «Cable a tierra» en un Wizink Center repleto de fans y nuevos adeptos hasta la bandera, en un memorable concierto en el que volvió a sonar el folk de Aliboria y el Naan, además de contar con la aparición estelar de Leiva.

Apoteosis era lo que preveíamos al entrar en el pabellón, estamos hablando de una de las bandas más importantes del tan manido como denostado y adorado indie español y se percibían en el ambiente las ganas de comunión con Pucho, gran maestro de ceremonias, y resto del clan Vetusta Morla que, como ocurriera en el estadio Metropolitano de Madrid el 24 de junio de 2022, se hizo acompañar de las gallegas Aliboria con sus voces celtas y los palentinos del Naan, con sus ritmos de jota, su poesía de juglar de caminos humildemente altivo y sus aperos y mesa, posiblemente de matanza, para hacer música con todo el alma y cualquier cosa.

Vetusta Morla regaló una noche regada de clásicos -al menos diez o doce- que ya pertenecen al acerbo del pop-rock español, aunque a los más puristas de la causa indie les pudiera doler en esa metamorfosis que lleva a los artistas de talento de sus nichos iniciales a las grandes masas que consumen buena música sin prejuicios.

La banda de Tres Cantos es culpable de haberse venido arriba y haber dejado aquella sorprendente magia en el Metropolitano hace año y medio, se arriesgó a dar el salto y dejar huella masiva -más de la que ya estaba dejando- en distintos tipos de público, edades y ampliando su salida a América, donde serán tan grandes como se adivinó cuando Enrique Bunbury les invitó a participar en su Unplugged MTV en Ciudad de México hace casi una década recuperando juntos aquel «Planeta Sur» de su giro Radikal Sonora.

Vetusta Morla es un grupo de amigos – familia y a su encuentro nos fuimos en familia, desde distintos puntos y juntándonos miembros de distintas edades y gustos musicales. Es curioso cómo ya sólo nos queda la música y en ocasiones el deporte para restañar heridas y hacernos fuertes ante tanto rechazo y desconocimiento mutuos.

Y si de clásicos hablaba, iniciar un concierto con la emotiva Puñalada trapera es ya toda una declaración de intenciones. Una preciosa canción que pertenece a todos en sólo dos años, cosas sólo al alcance de los grandes: Somos carne de reemplazo, imborrable es nuestro canto.

A partir de ahí, el setlist -perfectamente tramado- se desarrolló suavemente aderezado por las incursiones folk de los compañeros de caminos, nunca de un modo forzado sino a modo de intros o entradas durante las canciones, y un juego de imágenes y luces de primer nivel.

Me es difícil destacar momentos en un concierto con repertorio tan amplio y de calidad, y desde luego no voy a entrar en la deriva de otra crónica cronológica más. Al fin y al cabo, fui a disfrutar como un profano en la materia que apenas conoce los maravillosos textos de Guille Galván y compañía, más allá de estribillos.

Me llamó la atención la notable defensa que Vetusta Morla hizo de su último álbum, Cable a tierra, desgranando al menos ocho o nueve de sus temas, entre ellos la celtibérica Finisterre y la alegremente pop Al final de la escapada. Pero merece especial mención la abrumadora balada Si te quiebras.

No faltó Copenhague, aquella canción prehistórica de 2008, a la que algunos llegamos indudablemente tarde pero a tiempo y que compartieron con Leiva, esa ya leyenda del rock en español, tan respetuoso con sus Maestros como generoso con sus coetáneos y jóvenes músicos admiradores.

En este caso, la admiración es mutua y ayer tuvimos una muestra más en una impecable versión con Leiva a la guitarra, elegantemente vestido con vaqueros negros y camisa rosa bajo el sempiterno sombrero. No esperaba verle ayer, tras su magnífico concierto en el festival «Músicos en la naturaleza 2022», en la sierra de Gredos donde compartió escenario con Iván Ferreiro y C Tangana, junto a su clan flamenco Niño de Elche, Carmona y cía. Bonita sorpresa.

Esperaba escuchar Maldita dulzura y Consejo de sabios, canciones que escucharía en bucle hasta morir, y desde luego fueron especiales, pero unas horas después del concierto lo que no se me va de la mente es la intro de las gallegas Aliboria a Saharabbey Road, canción enorme que se llevó la audiencia de calle y que siguió siendo coreada por el público a oscuras un par de minutos después de terminar y echar el cierre hasta el vis. Colosal momento, gracias por movernos el piso.

El vis, abierto con una maravillosa Baldosas amarillas, cerró como era previsible con Cuarteles de invierno y el himno -acaso, generacional- Los días raros, una canción perfecta de las que dominan el crecendo como siempre nos gustó, concluyendo con el abrazo de público y banda, público y público -alguna tierna lágrima vimos- y banda y colaboradores y roadies, que son todos banda y familia porque son tiempos de unión. Aunque no lo parezca.

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