Imposible fallar con Nathan Fake

Tarde lluviosa y desapacible la que daba la bienvenida a Nathan Fake en su regreso a Madrid. Nos sentimos reconfortados al llegar a las inmediaciones del Café Berlín y encontrarnos con una pequeña aglomeración en la entrada del local. 

 

Hace años, un gurú muy viajado me susurró al oído con un tono muy asertivo: “El mundo es muy global”. He de reconocer que su sonoridad me gustó, aunque casi 15 años después sigo sin entender su significado. Algo parecido me pasa con algunos albums de Nathan Fake. Pese a todo, siempre acudimos a su llamada.

 

El Café Berlín, antíguo templo del jazz, es ahora un pequeño, emblemático y fiable club de música donde caben todos los géneros. Además tienes la posibilidad de ver disfrutar a los artistas e incluso tomar una cerveza con ellos al acabar el show. 

 

Con puntualidad, discreción y sin más artificios que el luminoso del Café Berlín a su espalda, Nathan apareció en escena ante una legión de fans, entregados desde el comienzo. Esta sobriedad escénica contrasta con los espectaculares visuales de su gira de 2017. Envuelto en esa fria desnudez, presentaba en Madrid su sexto trabajo “Crystal Vision”, abriendo con The Grass, para entrar en calor. Sin pretender ser reiterativo, su sonido onirico en ocasiones evoca de manera muy inteligente a Boards of Canada o Autechre, aunque con una esencia sonora distinta.

 

Su actuación, más bailable de lo habitual, fue creciendo en intensidad gracias a temas comoDegreelessness, de su album de 2017 “Providence”. A las ya habituales texturas de krautrock o shoegaze se suma su acertado acercamiento al drum’n’bass con temas como Amen 96. Como suele ser habitual, The Sky Was Pink fue recibida con aplausos, siendo uno de los momentos de la noche.

 

En hora y cuarto despachó a los presentes con un tímido saludo y desapareciendo rápidamente, hasta la próxima. Cuando el respetable todavía miraba el escenario, nos encontramos, casi oculto en la barra, a Mr. Fake con un tercio en la mano, intentando seguir siendo un anónimo. Pero como en Profesor Jonk “tenemos mucha calle” asaltamos a nuestro admirado productor para charlar.

 

Al final, nos dimos cuenta de que es imposible fallar con Nathan Fake.

Ángel Rodríguez Luengo

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