Treinta y cinco equilibrado,
en medio de la década y del camino de la nada
esta tarde llovió sin mojar
y camino por callejas donde nadie me verá
Frankie y Tommy y su orquesta del 40,
clarinetes en tiempo de guerra
tal como ahora.
Tengo canas incipientes
y una hija que me admira sin decir una palabra.
Ríe y sonríe en un bucle de 24 horas día,
frágil intento del mundo,
conquista de quienes se rindieron a la mortalidad…
Etiqueta: juventud
Ray Loriga: El inicio de una historia de amor
Paseando por las calles de Madrid, sin rumbo fijo, en una de las habituales mañanas frías donde las clases de la universidad seguían su curso sin mí, la mirada en blanco y negro de un tipo de larga melena al otro lado de un escaparate, jodidamente guapo y desafiante con su chupa vaquera, sosteniendo una cerveza en la mano engalanada con dos anillos, uno de calavera y otro de ónix negro, congeló mis movimientos.
La poesía de Paula Arbona como regalo de viernes
El problema
es que hoy en día
la mayoría de los hombres
saben dónde está el clítoris
pero no pueden
encontrar tu corazón
y mucho menos
el suyo propio.
Sus ojos son dos lapislázuli
sobre corrientes de leche
flotando como nenúfares
El color de las burbujas. Elsa Calvo González
He rogado una y otra vez a la mar que me sacudiera de dentro a fuera, -aún más de profundo, allí donde nazco- y que entre los cuerpos que arrastraba la marea estuvieras tú. Y te lo dije, te lo dije, te lo dije: “bésame cuando tus pulmones se llenen de agua y naden peces. Hazlo como si tu boca fuera una pecera y estuviera llenita de vida, llenita hasta que la vacían.”
Fin. Relato de Elsa Calvo, punzantes diecisiete años de escritora
El sonido de lo que posiblemente sea un plato rompiéndose nos saca de la hipnosis. Bajo la escalera, se oyen voces; juraría que son dos fantasmas discutiendo junto a la alacena. Dos espectros rojos con los ojos encharcados que juegan al tira y afloja con la vajilla y el hambre. Mi hermana, -quien asumo, odia los ruidos-, sube el volumen de la televisión justo cuando los cuchillos vuelven a lanzarse y el pestillo de la puerta no es lo suficientemente fuerte como para enmudecerlo
Andrés Plascencia: la lluvia o la tristeza de dios y Todos los amores el amor
Y si conseguimos por fin un utópico espacio
de expresión corporal
bailando ballet o cantando flamenco
o una pared blanquísima donde colgarnos y exhibirnos
La vida se escribe todo el tiempo
La felicidad de aquel momento es tanta, que no deseas seguir soñando. Te sientes pleno de ver en el rostro de tu hijo esa satisfacción de poder compartir contigo estos momentos que nunca olvidará. Lo abrazas y le hablas al oído: cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo.
Oxígeno a domicilio, días festivos y máquinas tragaperras
Durante tres años estuve trabajando todos los domingos y festivos del año en una empresa de oxígeno y aerosolterapia a domicilio, no cargaba botellas a los hombros pero pasaba diez horas recibiendo pedidos, quejas y haciendo albaranes infinitos para todo Madrid. Fueron días de libros de Cortázar, apuntes de derecho procesal, bocadillos de ternera con pimientos verdes y almacenes en un polígono al final de la calle Embajadores…
De peces y otros puntos
Don Eusebio es el único que se preocupa de que nos convirtamos en hombres y mujeres de provecho. Si no fuese por él, estaríamos todos “boqueando en el proceloso mar de la incultura que baña las costas de nuestra sociedad actual”. Eso no lo digo yo, lo dice él. Dice muchas cosas don Eusebio.
Entre cafés, microrrelato sobre amistad y tiempo por Freddy Santos
Cuando le conocí era un círculo , una curva , un zig zag , una sinuosa senda de esas que no llevan a ninguna parte. Cuando le conocí era un río que remonta arriba , bravío en su empuje y cristalino en sus remansos de paz.
El regalo, relato de monstruos en pandemia
—Con la nueva normalidad ya no es normal tener monstruos en casa; anda, pon un anuncio en internet a ver si alguien los quiere.
Nevermind
Entonces teníamos padres como emperadores
a los que matar,
padres que nos herían con su ejemplo
y abnegación,
padres que esperaban obstinados
con el miedo a que nos disparásemos en el pie.
Ignorancia, relato de la otredad por Fernando Cabezón
Del establecimiento, sale la dueña con un juguete en la mano y se sienta en el bordillo que hay a la entrada. Los propietarios son chinos. Unos de los tantos que han emigrado desde su país y han importado sus sopas, fideos, ojos rasgados, sonrisas enigmáticas y sentimientos cohibidos.
Pero tú no sabes nada.
