Viernes, 13 de mayo de 2005
Treinta y cinco equilibrado,
en medio de la década y del camino de la nada
esta tarde llovió sin mojar
y camino por callejas donde nadie me verá
Frankie y Tommy y su orquesta del 40,
clarinetes en tiempo de guerra
tal como ahora.
Tengo canas incipientes
y una hija que me admira sin decir una palabra.
Ríe y sonríe en un bucle de 24 horas día,
frágil intento del mundo,
conquista de quienes se rindieron a la mortalidad.
Y yo envejeceré en este sitio
que crecer nos vio en sus calles
y sabré qué adoquines pisar y en qué siglo repuestos fueron
y escucharé en las alcantarillas de noche el agua correr cuando llueva
y escapará de mi lado cuando sepa bailar.
Como todo ser, como toda vida.
Y yo aquí quedaré camino de la nada.
Al final de todo, encuentro todo en esta ciudad.
Recuerdo amaneceres y días de funeral,
festejos, peleas a la salida y cenas con gente que pasó
como agua en los rápidos.
Y el rumor de su abrazo en la oscuridad
y el calor de su vientre tímido bajo las gárgolas de los inviernos de siglos
y el llanto de mi hija mientras escribo que balbucea palabras y me espera
en medio de la década y del camino de la nada.
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Muy hermoso