Hotel Cross, Dotonbori, Osaka.
Viernes
4:46 AM. Rellano del ascensor, 7a planta
El ascensor plateado se abre y el recepcionista se adelanta ágilmente a los dos sanitarios con maletín y mascarilla, precipitándose uno hacia la máquina de bebidas y otro hacia la zona central, cerca de una fina lámpara de cristal blanco de Kartell estratégicamente situada antes de emprender el pasillo perpendicular a un lado y a otro.
Etiqueta: violencia
Compasión por el diablo, la guerra de Vietnam en los ojos de Kent Anderson
Kent Anderson fue miembro de las Fuerzas Especiales A-101 Mai Loc de ese ejército. Compasión por el diablo es una novela. Kent Anderson es real. ¿Será esta una novela basada en hechos reales? Creo que los altos mandos del ejército de entonces y los políticos del momento preferirían que no. Pero me temo que sí.
Cruces: amor en tres fases
Ella devuelve las pelotas con parquedad y esa cortesía que permiten los monosílabos. Se entretiene observando el extrarradio anaranjado de la ciudad, los edificios lejanos y las planicies de tierra, margaritas y basura próximas a la M-40.
Una furgoneta amarilla conduce muebles a alguna parte, unas cuerdas sujetan la puerta, el conductor sacude la cabeza rítmicamente. Le dejan atrás y el taxi alcanza velocidad, en la radio resucita una copla.
Bestias de carne cruda
Una de esas noches la vi llegar.
Llevaba un vestido ceñido, rojo, del mismo color que su cabello rizado. Medias negras, tacones altos. Un ramo de flores amarillas.
Era el segundo día de los muertos y aquel, supuse, era su disfraz.
La ruta que siguen los cadáveres, por Samuel Segura
Priscila le atraía a un chingo de cabrones, entre ellos el Pelos, uno de los cabecillas del barrio. A esa edad, tendría unos veintidós años, ya andaba en camioneta y con fusca en la guantera.
Nebraska
Soy uno de esos tipos cabrones
que no pegan a su mujer
porque la quieren
Uno de esos tipos cabrones
que follan con putas
porque ellas no Son.
Oxígeno mental, relato contra la violencia machista
Otra vez y con poco aire en los pulmones daba pasos erráticos en la penumbra, rogaba por la salida, sabía que estaba a metros y parecían kilómetros. La luz seguía apagada, nadie salió pues era madrugada, dormían plácidamente ignorando mi desesperación; dejaba atrás, en el departamento de dos ambientes que de golpe se volvió una caja diminuta, a mis dos hijos que también dormían.
Maltrato, auroras boreales y baldosas amarillas
En cuanto entra en casa Elena se ovilla en el suelo de su habitación llorando y escondiendo la cara. Espera que no le deje marca el puñetazo de Alicia. Casi prefiere los codazos o los insultos, que no se notan. Ni siquiera en su cuarto se siente segura.
Darién 96, cuando nunca pasaba nada
Año 1996, frontera colombo-panameña, un estrecho pedazo de tierra muy codiciado por su posición geoestratégica denominada estrecho de Darién, tapón de Darién o sencillamente selva del Choco. Uno de esos sitios fronterizos donde bandidos, guerrilleros, colonos y retenes del ejército se enfrentan cada día en una lucha por la supervivencia muy alejada de nuestros valores occidentales de sociedad de bienestar.
Ayombero o guerrillero (II)
Debian ser las cinco de la mañana y nuestro pequeño grupo fue interceptado en el parque de Laureles de la capital Antioqueña. Nosotros éramos tres, ellos al menos una decena. Nos cortó el paso un tipo grande con sombrero de finquero y bigote de galán; pistola al cinto, camisa a medio abotonar, el perfecto protagonista para una telenovela de grandes terratenientes y verdes pastos.
una vida sin consecuencias
de tu agenda
arranqué hasta mi apellido,
pero seguías ignorándolo.
cuando sea el momento,
decías, tendrás que admitirlo;
Salto de fe
Fue en otoño cuando ella lo dejó; en otoño cuando su padre descubrió su afición por empuñar cinturones y es en otoño cuando se ha atrevido a dar este paseo. El año tiene cuatro estaciones y en su vida han sobrado tres.
La princesa de Culiacán
—Los hombres no lloran, cabrón.
Alex se quebró. Tras el deshielo de la tensión acumulada, todo en él reventó formando una explosión de angustia y miedo que inundó la habitación.
—Hijo de la chingada –Amador cambió el tono–. Va, tranquilidad. Ambos estamos molidos. Mira –dijo señalando el colchón situado en el suelo situado detrás de Alex–. Ve y échate un coyotito. Luego ya seguimos.
