Aquel 4 de agosto de 1962 volvió a repasar en su mente las imágenes de la película Dulce Pájaro de la Juventud. El solo título de la película le producía una fuerte y profunda sensación de vacío.
Cada vez que se sentía de esta manera anotaba cosas en un viejo cuaderno. Era una costumbre que había tomado desde la época en que vivió en varios orfelinatos y hogares sustitutos.
El cuaderno era delgado con una carátula azul marino. En muchas ocasiones intentó dibujar algo en las páginas, pero dibujar no era su fuerte.
El sol apagado de las 10 de la mañana se colaba débil entre las cortinas de la ventana principal. Fue hasta la cocina y se sirvió un trago de whisky sour, un combinado de azúcar, limón, clara de huevo y mucho hielo. Sobre el mesón de la cocina, había restos de una pasta italiana de la noche anterior.
Buscó el teléfono para hacer una llamada a su mejor amiga, pero recordó que Jeanne llevaba días fuera de la ciudad. Llevaba semanas sufriendo con el insomnio crónico. Ya ningún somnífero surtía efecto.
Salió a tomar aire fresco en la terraza y desde allí vio a su criada Eunice dar órdenes a su yerno que había venido a reparar una parte del piso interior de la sala de visitas. Aquella casa inmensa de Brentwood, California estaba rodeada de árboles y plantas. Era una casa con un estilo mexicano que le brindaba una especie de ánimo. Repasó varias veces la dirección de la vivienda de manera mental: 12305, Helena Drive.
Se sentía sola en el mundo. No se consideraba una mujer romántica. La palabra romance no le gustaba. Lo suyo con aquellos hombres no había sido un romance. Nada dulce o tierno. Siempre se sintió manipulada, usada por cada uno de ellos. Necesitaba tomar algo para relajarse a plenitud.
Suspiró. Cerró los ojos y apretó las manos con mucha fuerza. Solo deseaba que su pasado se quedara allí, donde pertenecía. Encontró una moneda en el suelo de la terraza y la tomó con cuidado entre sus dedos. Un oscuro y doloroso pensamiento cruzó por su mente. Lanzó la moneda al aire. De acuerdo a lo que saliera, ella iba a tomar una pronta decisión.
El delicado ruido de la moneda al caer sobre el suelo asfaltado de la terraza señaló un camino. Ya estaba decidido. La leyenda de Norma Jean Baker sería recitada hasta el fin de los tiempos en lo profundo del corazón de cada uno de sus admiradores.
40 cápsulas de Nembutal y una botella de licor lograrían el portentoso milagro de ser la llama de una vela al viento…
Barranquilla (Colombia)
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Muy triste final de vida.