Preparando el nido (secuelas de irrelevantes y desastrosas batallas)

La hija de puta de mi mujer acaba de decirme que mi hijo no es mío.

Definitivamente así no llegamos a ningún lado, demasiado carácter tiene ésta para mí y no soy yo hombre de duelos, sino más bien del tipo que huye cuando vienen los problemas.

Entré en casa de buen humor, las luces del barrio están apagadas y entre los tejados, las cúpulas y las torres mudéjares de esta zona de la ciudad se intuye un cielo gris anaranjado ya de noche tras tanta lluvia.

Tres días seguidos sin parar, escuchando el agua mientras duermo caer desde lo alto de la iglesia y despeñarse al callejón escupida por las gárgolas. Apenas dormí, la lluvia te encoge en tu gran colchón y se hace larga la noche pensando si sería capaz de llevarse esta ciudad de una vez para siempre hasta el infierno.

Pero no, el agua por algún sitio va a parar al río, por todas partes cuesta abajo y hoy no hay luz en los callejones, finalmente retrocedimos cuatrocientos años al lugar que nunca debimos abandonar, la tiniebla que aporta luz a los lúcidos y hace temer a los escasos.

Al tiempo en que todo era oscuridad, en que las expectativas no comían las entrañas de los hombres, saquito de maravedíes que nunca abres y que nunca es suficiente.

En definitiva, ella está sentada con cara triste y yo en la cocina después de haber entrado, haber bromeado sobre la ausencia de luz y haber preguntado por las tres prendas de ropa que no me recogió en toda la tarde, para esto trabajo hasta la noche, yo no voy a ser la chacha de nadie, yo no recojo la ropa a nadie, tú puedes hacerlo cuando vuelves, mi padre…, no, tu padre no, pobre hombre que merece mi admiración y toda mi pena por cómo lo tratáis, se lo tendría que decir y a mi madre también, escucha, bonita, la ropa sucia la lavamos aquí, ¿por qué no eras así de novio, tan machista?, no me hubiera casado, a mí las vagas que se dedican a engordar bebiendo tónicas no, por ahí sí que no, tienes que aprender uno generosidad, dos respeto, tres cariño, definitivamente no te soporto, no me levantes la voz, ¿no sabes que es peligroso levantar la voz a un hombre?, imagina si lo hiciera yo dónde iríamos a parar, acabaríamos a hostias y el solo hecho de estar hablando de ello es ya muy grave, ¿entiendes?, respeto, soy tu marido, tú no eres mi marido, lo que no soy es un compañero de piso, si supieran cómo eres, las que te aconsejan están 180 grados equivocadas, ésta no es la forma de domar a un hombre, dejándole la ropa para que la recoja cuando vuelva, yo no recojo ropa de nadie, ¿recoges tú la mía?, la igualdad consiste en aportar lo que uno puede, me pregunto qué haces todas las tardes, es vergonzoso que me espere esto cuando vuelvo por la noche, generosidad amiga mía, eres odioso, diles a tus amigas que hay mejores métodos de tratar a hombre…, menos ruidoso y más efectivo, eres un obseso demencial, sí claro, anda déjame hablar con mi bebé, el bebé no es tuyo.

Por eso me levanté del sofá donde me había sentado y me encerré en la cocina de donde no saldré hasta que pida perdón, al fin y al cabo tengo víveres para afrontar una revolución.

¿Pero es esto lo que queremos?, ¿envejecer junto a alguien que sin duda odiamos tanto como necesitamos?, ¿buscar el contrapunto en casa, el plebiscito personal que no tuvimos ahí afuera?, ¿la reafirmación del ego frente al otro?… Me gustaría que se acercara y pidiera perdón pero es obstinada y no creo que lo haga, posee mi tesoro y lo patrimonializa, es sin duda una gran hija de puta con la que no tengo ningún futuro. Aunque la quiero y no deseo dejarla marchar a pesar de mi  reiterativa tendencia a la pasividad más autodestructiva , quizás ella sí lo haga y me aporte la posibilidad de redimir, perdonar, crecer, llorar, sufrir y disfrutar de la soledad del individuo consciente de la pérdida y lo efímero. Este es el único método de abandonar que conozco pero en ello soy un as.

Por cierto, espero el perdón porque de ningún modo supongo que el hijo pueda no ser mío. ¿Se han preguntado por qué los hombres siempre reaccionan igual cuando se les dice que un hijo no es suyo sino de otro? Incredulidad, trauma, realidad imaginada y paralela, generación inconsciente de soluciones a lo que acaban de escuchar, la vida no puede humillarme así.

La otredad, esa entidad desconocida a la que nunca dejaremos de temer.

J.Félix González-Encabo


Imagen : Pintura de José María Díaz Ligüeri

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. dovalpage dice:

    ¡Muy bueno! Feliz 2025 y que venga con muchos cuentos interesantes y que hagan pensar.

    1. Gracias, Teresa. Igualmente

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