New York, la historia de Ryan Adams y una historia nuestra.
Yo era director de exportación de una fábrica de cárnicos, bajé a comer al restaurante y en la mesa alguien dijo que un helicóptero chocó contra el World Trade Center de Nueva York. Un accidente. No, un avión. No, los accidentes no existen. Quince minutos después seguíamos viendo imágenes en directo, no recuerdo que habláramos, ni siquiera las inocuas conversaciones de compañeros de tantos días, sólo mirábamos. El segundo avión se incrustó en la otra torre y la tarde, al igual que la mañana se borró. Sólo quedó ese momento para siempre.

Siempre me hundió el final del verano, desde niño, cuando se suponía que debería ansiar ver al resto de capullos de la clase tras dos meses de paz y soledad, hasta adulto, cuando a cada septiembre me planteaba tristemente vacíos objetivos no medibles para sobrellevar el tedio que me producía…

Carreño tiene la cara angulosa, morena y agujereada. Su dentadura amarilla es como un piano maltratado por el tiempo y su risa es escandalosa y febril. No le importa tener pocos dientes a su edad: unos treinta y cinco. Sin duda, el tahúr repartió las cartas y los ases fueron a las manos de siempre.
– Estaba en Las Ramblas de Barcelona y me echaron las cartas. El de Marsella no; el brasileño, que es el bueno aunque más peligroso. Me dijo: ” Muchacho, nunca he visto a nadie que me saque tres comodines. Tú vas a tener estrella, victoria y luz pero el dinero no lo verás. El poder no está hecho para ti “. Y aquí estoy, sin un duro porque no lo quiero. Yo he prescindido de los bienes terrenales. Sólo necesito tabaco, café, mis walkman y un saco de dormir.

La vida es extraña , cuando crees que hay calma llega tu hija de casa de una amiga, feliz porque le has regalado un móvil de última generación y dispuesta a llenar el lavavajillas porque no quiere ver otra película, y tu mujer empieza a urgirte para que se lo quites, que no puede estar en la cocina porque ya no son horas, tú le dices dos veces que estamos viendo a Jack Sparrow con el pequeño y ella…