American pshycho, por Robinson Quintero desde Barranquilla

Nunca lo hablaste con nadie, pero los tuyos son recuerdos voraces. Has intentado borrar las cicatrices con jabones, talcos y perfumes costosos. Con ropa de diseñadores exclusivos. Con toda la exquisita y exótica comida que has degustado en los más sofisticados restaurantes de la ciudad de New York. Con la exagerada comodidad de tu apartamento y tu cama. Con las excesivas rutinas de ejercicios físicos para mantenerte en forma. Ni el caudal de las canciones hits de los años 80: Huey Lewis, Bangles, Phill Collins. Ni la cocaína que esnifas en los inmaculados baños de las discotecas de la Quinta Avenida. Esos truculentos recuerdos no se borran con nada, así tengas a la mano tu tarjeta American Express y tus glamurosas prostitutas y tus aburridas novias de fin de semana.

Cuando eras un preadolescente tenías pesadillas continúas. Ahora que has crecido son esporádicas, pero giran en torno a lo mismo: tus progenitores. Tu pobre madre que siempre estaba borracha como una cuba. Ella siempre organizando las fiestas y las celebraciones cuando vivían en Florida. Tu padre trabajaba en una base militar como médico. Un hombre de un temperamento fuerte, pero muy dado al trabajo comunitario. Creciste rodeado de un montón de gente adulta. La gran mayoría militares retirados con sus mujeres y sus hijos y sus autos y sus mascotas y sus bebidas alcohólicas y sus secretos e infidelidades.

Muchos te llamaba el pequeño Patrick. Otros te decían el joven Bateman. Pero tú te dedicabas a forjar un temple de acero en tu alma. Siempre compitiendo. Siempre queriendo ser el mejor. Lograr el más mínimo éxito. Cada favor lo cobrabas con creces. El dinero te llenaba de los pies a la cabeza. Pero aquel horror que llevabas en tu interior, te manipulaba como una sencilla marioneta. Y esta situación te hacía salirte de casillas. Te transformaba en un violento animal al acecho de su presa.

El tiempo ha transcurrido, pero esas heridas del pasado aún te hacen daño en la memoria. Fuiste tú quien halló a tu padre en aquella mañana a finales de julio. Habías ido a buscar tu bate de béisbol a la cochera. Era una mañana con un sol agobiante. Los insectos revoloteaban a bajo vuelo del césped. Pocas nubes en el cielo. Ni un solo ave en el firmamento. Y ahí estaba tu padre, sentado dentro de su automóvil. Llevaba ropa de playa nueva. Estaba descalzo. Abriste la puerta del auto del lado del pasajero y te diste cuenta de aquello que te ha perseguido como una bestia salvaje en medio de un bosque espeso durante años.El rostro de tu padre estaba lleno de sangre y muy macerado. Sus ojos llenos de angustia. Los tuyos, llenos de temor. El cuerpo de tu padre saltaba espasmódicamente. No tuviste el valor de auxiliarlo. Solo pudiste correr hacia la playa, gritando y llorando a la vez. Y lograste entender la verdadera pesadilla de estar en este mundo: el infierno, solo se lleva por dentro.

Christian Bale en American psycho

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Wilinton Cárdenas Cabana dice:

    Excelente
    Un léxico y una coherencia de argumento basado en la realidad y la imaginación de todas las lineas para el lector.

    1. Gracias de Robinson y de Profesor Jonk. Siempre bienvenido

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