Ricardo Guadalupe los miró llegar una tarde, específicamente un Día del amor.
Entraron tomados de la mano; él y ella casi del mismo tamaño (de la misma estatura); pelo corto en ambos casos, botas no muy altas, pantalones de mezclilla. Ambos enfundados en gruesas chamarras. El gorro puesto.
Categoría: Relatos de viajes
Preparando el nido (secuelas de irrelevantes y desastrosas batallas)
La hija de puta de mi mujer acaba de decirme que mi hijo no es mío.
Definitivamente así no llegamos a ningún lado, demasiado carácter tiene ésta para mí y no soy yo hombre de duelos, sino más bien del tipo que huye cuando vienen los problemas.
Entré en casa de buen humor, las luces del barrio están apagadas y entre los tejados, las cúpulas y las torres mudéjares de esta zona de la ciudad se intuye un cielo gris anaranjado ya de noche tras tanta lluvia.
American pshycho, por Robinson Quintero desde Barranquilla
Cuando eras un preadolescente tenías pesadillas continúas. Ahora que has crecido son esporádicas, pero giran en torno a lo mismo: tus progenitores. Tu pobre madre que siempre estaba borracha como una cuba. Ella siempre organizando las fiestas y las celebraciones cuando vivían en Florida. Tu padre trabajaba en una base militar como médico. Un hombre de un temperamento fuerte, pero muy dado al trabajo comunitario.
Pienso, luego dimito, relato de José Luis Manzano
Me llamo Eva, tengo treinta y siete años y hoy es mi último día de curro en B&S. Sí. Acabo de decidirlo. Voy a abandonar el cargo. Voy a dimitir. De hecho, estoy terminando la carta de renuncia en el procesador de textos. ¿Razón? ¡Me tienen hasta el gorro de cuentas adulteradas! ¡Harta de maquillar números que no se sostienen! ¡Ni con la ingeniería financiera más sofisticada, oiga! Basta corregir aplicadamente una hoja de cálculo para concluir que esta empresa de inversión en criptomonedas es una estafa de proporciones colosales.
Mil demonios, cuento de Samuel Segura desde México
Me detuve frente al zaguán de don Feliciano, afuera de aquella fachada que era del mismo color de siempre: un verde pistache que se estaba deslavando, pero que nunca terminaba de deslavarse. No escuché nada, pero un olor se hizo patente: un olor a podredumbre, a cañería, a cadáveres, pensé, que el viento se encargó de llevarse tan rápido como lo trajo consigo.
Pulp Fiction, intrahistoria de Vincent Vega
No hay nada peor que el miedo. Lo sabes, Vincent Vega. Desde tu primera víctima por un ajuste de cuentas. Pero sabes que dar de baja a alguien no es lo peor que puede ocurrir. Te gusta andar en tu carro por la ciudad a plena noche y saborear los olores particulares que la noche…
Tres de enero, nuevo relato de Freddy Santos
“La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, a pesar de todo, el acto de leer permite una comunicación entre dos seres humanos”
Paul Auster
La cajita de madera, procrastinación y vacío por Margarita del Brezo
Me acerco de nuevo. Miro. Está llena de nada. Vacía. El olor es insoportable. Casi tan hediondo como el vacío existencial de mi madre.
Vidrios molidos para tu lengua exquisita
Natalia esperaba su turno en el karaoke. Estaba sentada justo al frente de la tarima multicolor del bar Mujeres Fatales. Era una tipa larga, de huesos compactos, bastante delgada. Llevaba un short raído en tela cruda de blue jeans, una camiseta ombliguera con la imagen de Amy Winehouse en la parte de en frente. Zapatos converse y el cabello tinturado de verde menta.
Desde que él se fue, padres y mitomanía desde México
Ir a la cancha se convirtió en manda quincenal (o semanal, si había partido de copa). Comer pescuezos rostizados, esconder pistaches y pepitas, gritar obscenidades, reírnos y platicar nuestros problemas eran nuestros votos.
Y, por supuesto, estaba el fútbol.
La mar de indignada: hostelería y noche por José Luis Manzano
La mar de indignada es un relato sobre ocio nocturno, trabajo, responsabilidad, acoso laboral, sexismo y límites desde dentro
Un sonido duro y seco, del mexicano Enrique I. Castillo
No sentí pena, ni tristeza, ni dolor, ni remordimiento al estar frente a su ataúd. Aquella mañana era como cualquier otra, lo único que la hacía diferente era que tendría que ir a su funeral. Me tomé un tiempo para pensar el asunto. Unos minutos bastaban.
El legado
Relato de Freddy Santos sobre riscos, dos amigos, silencio, distintos dioses y un riachuelo allá abajo
Aves de corral, otro regalo de Margarita del Brezo
Harta. Estaba harta de que me estrujasen como a una uva pasa, de sus exigencias sin descanso, de correr a todas horas. Estaba a un tris de llegar a ese punto en que uno empieza a quebrarse, ¿sabes cómo te digo? Primero es una esquirla apenas perceptible en el hombro. Luego llega la enésima decepción y la esquirla se abre, florece, y una fina y delicada grieta se va expandiendo por el omóplato, atraviesa la columna vertebral, llega hasta el brazo y entonces, al mínimo contratiempo, la grieta que era solo un corte profundo y doloroso pero apenas visible se desborda, crece, se estira, te envuelve, te atrapa como la seda de un gusano y, ¡zas!, sin darte cuenta te has convertido en un capullo. Un capullo sin mariposa.
Opus 35, relato de Freddy Santos
Freddy Santos es autor de relatos y poesía, cooperante internacional, profesor nacional de tenis y alma libre. Su poesía, nunca engolada, rezuma historias y su narrativa no puede evitar dejar entrever un lirismo al que no renuncia ni en el realismo más sucio.
Colaborador habitual y miembro de la banda de Jonk, en 2023 ha publicado su primera colección de cuentos y poesía, Un cuento imposible de acabar.
