OMEGA: Una historia de amor

Omega. Vigesimocuarta letra del alfabeto griego (Ω, ω), que corresponde a la O larga del latino.  Al ser la última letra, omega también permite designar de manera simbólica el final de algo.

Sobre Omega, obra maestra de la música, se han escrito numerosas páginas, realizado documentales y números especiales radiofónicos. Nada nuevo podré contar aquí sobre esta joya. No es mi intención. Rescataremos algunas curiosidades sobre su gestación, por si alguien que esté leyendo estas líneas desconozca su historia, pero aquí, lo que pretendo, es contar una historia de amor. Un amor, sí, compartido con miles de personas. Pero un amor que cada uno sentimos como propio.

 Un proyecto sustentado en cuatro columnas, Leonard Cohen, Enrique Morente, Lagartija Nick y Federico García Lorca (el orden de los factores no altera el producto).

YO

 Primero, ante todo, está mi admiración por Leonard Cohen. El músico, poeta y novelista canadiense ha sido una referencia durante toda mi vida. Recuerdo, desde muy temprano, escuchar sus canciones en el tocadiscos de mis padres y, a pesar de no entender las letras, sentir todo lo que aún no comprendía y que los años me iría enseñando.

 El flamenco, en cambio, no ha sido una música que haya amamantado en la infancia. Sólo el recuerdo de un disco de Lole y Manuel que, de vez en cuando, se colaba en la selección de casetes que, la familia, realizábamos por turnos en los largos trayectos en coche. Con el paso de los años y un exilio educacional y vital a Estados Unidos, fui descubriendo a Camarón (La Leyenda del tiempo primordialmente), Pata Negra, Kiko Veneno, La Barbería del Sur y otros grupos del llamado nuevo flamenco que, con el tiempo, me llevarían a explorar a José Menese, Carmen Linares o, por supuesto, Enrique Morente.

Sobre Lagartija Nick, perdonen mi ignorancia, si me hubieran preguntado por aquel entonces hubiera afirmado sin complejos que era un personaje de Looney Tunnes. Imbécil de mí.

Y Lorca…bueno Lorca es Lorca. Poco más que añadir. Sólo que Poeta en Nueva York, gracias a Leonard Cohen, fue un libro que estuvo mucho tiempo en mi mesilla de noche. Y al que sigo recurriendo, aún hoy, para morir de envidia. 

Si la validación de esta locura en España tuvo lugar en Granada, durante el Festival Esparrago Rock de 1998, para mí, que vivo en un mundo paralelo de jet lag permanente, todo empezó un sábado, 13 de julio del 2002, curiosamente, en el mismo festival, pero en distinta ubicación, el Circuito de Velocidad de Jerez de la Frontera. Por allí se asomaron, durante dos días, Iggy Pop, Garbage, Bunbury, Extremoduro, Big Soul, Sidonie, Deluxe o The Sunday Drivers (a los que acompañaba con un grupo de amigos y que, indudablemente, merecen su propio relato) entre otros muchos artistas. Pero hubo un concierto que se quedó grabado con tinta imperecedera en todos y cada uno de mis poros. La actuación en el escenario “Flamenco viene de Sur” del cantaor granadino Enrique Morente junto al grupo de rock lagartija Nick, presentando su espectáculo Omega. Un flechazo directo al corazón. Cómo el que tuve un año antes al conocer, en una librería de Madrid, a un ángel de pelo azabache que voló meses después. Pero esa es otro episodio que a nadie interesa.

Foto de Esparrago Rock 1998

OMEGA

Toda historia tiene un principio, pero no siempre es fácil identificarlo. Posiblemente porque no existe como tal. Pero cuando Alberto Manzano, biógrafo, amigo y traductor de la obra de Leonard Cohen, se puso en contacto con Enrique Morente, en 1992, con la intención de ofrecer al cantaor grabar un disco de versiones de Cohen, fue, sin lugar a dudas, la semilla que germinó en esta locura. El motivo de Manzano no era otro que hacerle un regalo a Cohen por su sesenta cumpleaños. Y para convencer a Morente, le puso canciones como First We Take in Manhattan, Take this waltz y otras de discos anteriores del cantautor canadiense. Enrique quedó prendado por las melodías y aquella voz llena de sentimiento que salía de las cuevas más profundas. Y lo más importante, vio en ellas algo familiar a su propio arte, lo que le impulsó a creer en la posibilidad de adaptarlas al flamenco. 

Poco después, en el invierno de 1993, con motivo de la visita del canadiense a Madrid, se produjo el primer encuentro entre ambos en el Hotel Palace. Cohen estuvo escuchando a Morente, sin hablar apenas, al menos no con palabras. Respeto máximo entre dos genios. A partir de ese día Morente ya no miraría atrás. Tenía que sacar adelante aquel proyecto. Pero no sería tan sencillo. Nada lo fue con Omega. La idea inicial acabaría mutando en un monstruo lleno de luz y dolor. 

YO

 Recuerdo, y como todo recuerdo de juventud siempre debe ser cogido con pinzas debido a la fascinación por distorsionar nuestro pasado, la densa oscuridad y los murmullos de la gente congregada, la mayoría conocedores de lo que estaba a punto de suceder.  Yo, como un salmón nadando a contracorriente, fui cargándome de la energía que se iba acumulando durante la espera. Sin negar la posible influencia de los litros de alcohol y alguna que otra sustancia que se había metido en mi cuerpo de manera accidental, siempre accidental (señoría, fue un accidente, soy inocente).

 Y desde lo más profundo del escenario surgió el rotundo sonido de una distorsión de guitarra que parecía sacado de un concierto de Sonic Youth. Lo que fuera que por aquel momento estuviera rondando mi cabeza se paralizó. Noté la tensión en mi cuerpo. El pulso disparado, como si acabara de correr la maratón de Nueva York. Dejé de escuchar el ruido a mi alrededor. Y al aparecer Morente, iniciando con su voz los primeros acordes de la canción de apertura, Omega, ya no había vuelta atrás. El viaje había comenzado y de ninguna manera me iba a tirar de ese tren en movimiento. No siquiera para descargar la vejiga, que, en mi caso, aunque parezca un dato superficial e innecesario, denota hasta que punto me vi sumergido en aquella experiencia sonora y visual.  Son esos raros instantes de una vida que trascurren a dos velocidades, a cámara lenta y a la velocidad de la luz. Y esta conjunción, aparentemente imposible, deja una huella imborrable en lo más intangible de nuestro ser.

 Temblé al escuchar el Pequeño vals vienés. Grité en silencio al ritmo de Solo del pastor bobo. Reí extasiado con Manhattan. Sentí el dolor de la Niña ahogada en el pozo. Y lloré. Lloré las lágrimas reprimidas al perderme junto a Aleluya.

OMEGA

Pasó el tiempo y el proyecto parecía destinado a convertirse en un what if…? para melómanos. Lo que había sido un torrente era ahora un estanque en absoluta calma. La leyenda habla de que el encuentro entre el rock y el flamenco tuvo lugar en una noche granadina. En un pub, entre copas y risas, Eric Jiménez, batería por aquel entonces de Lagartija Nick, le tocó a Morente unas percusiones por bulerías sobre la barra que despertaron de nuevo las fuertes corrientes de creatividad del maestro. El encuentro existió, pero no fue la verdadera causa del cruce de caminos entre estos dos mundos tan diferentes pero que compartían tanto.

Antonio Arias:  Morente quería ser rockero y nosotros queríamos ser flamencos, y creamos ese rock jondo. 

 En 1994 Lagartija Nick están a las puertas de sacar su tercer álbum, Su. El hermano de Antonio, Jesús (exguitarrista de la banda punk TNT) y amigo de Enrique, había enseñado algunas de las maquetas que el cantaor había hecho con algunos de los temas de Leonard Cohen. Siempre habían soñado contar con él, por lo que le ofrecieron colaborar en el nuevo disco. No sólo les dijo que sí, sino que, en su cabeza, las piezas del puzle empezaron a encajar.  Vio la oportunidad de dar forma, por fin, a sus ansiadas adaptaciones de Lorca y Cohen.

 El primer ensayo fue, según relató Antonio Arias, un despertar. Morente se presentó con su mujer y su hija Estrella, sin ningún músico que le acompañara. Una declaración de intenciones. Al terminar el día tenían bajo el brazo, no sólo una canción, Omega, sino una ruta clara hacia donde encaminarse.

 Los problemas no tardaron en aparecer. Eric García dejó, ya con las grabaciones en marcha, a Lagartija Nick para enrolarse en Los Planetas, una banda que le ofrecía una mayor estabilidad y posibilidades de futuro. No podemos decir que se equivocara. Esta desbanda iría contagiando al resto de miembros, que echaban en cara a Antonio el no aprovechar su buen momento por algo como Omega, que pensaban estaba destinado al mayor de los fracasos.

Antonio, mirando atrás, reconoce que no les faltaba razón. Durante el año y medio entre grabaciones y mezclas no sólo perdió a sus compañeros de banda. Su chica y su pelo también le dieron la espalda.

 Cuando el disco estaba a punto de caramelo, decidieron tocar dos canciones, Omega y Aleluya, al finalizar el concierto que Enrique Morente y Tomatito estaban realizando en el Teatro Albéniz de Madrid. La reacción del público recordó a la forma en que recibieron, en sus primeros conciertos, al Bob Dylan eléctrico. Cuentan que incluso hubo peleas en el hall del teatro. Lejos de desanimar al cantaor, esto le motivó para seguir hasta el final. A pesar de que muchos de su círculo cercando le aconsejaron olvidarse de todo y no destrozar su carrera.

 Cuando llevaron a Sony el disco ya terminado, la respuesta fue simple y cortante. “Esto es una mierda”. Aquí aparece la figura de Borja Casani, del sello El Europeo, que decidió apostar por el álbum e invertir el dinero necesario.

 La acogida del disco fue, cuando menos, fría. Un año donde pasó sin pena ni gloria. No así Leonard Cohen, que quedó tan entusiasmado con el disco que hizo todo lo que estuvo en su mano para que llegara a las emisoras de Canadá y Estados Unidos.

 Luego, bueno, luego sucedió lo que tenía que suceder. Se convirtió en una de las obras más importantes de la historia de la música española y fue abrazada como tal por crítica y público.

YO

 No sé si al finalizar aplaudí o no. Si regresé al hostal con mis amigos o me quedé perdido por los terrenos del festival para acabar llegando, a altas horas de la madrugada, a mi habitación gracias a dos chicas caritativas. Tras la imprevista epifanía, mis sentidos explotaron formando una nebulosa que tardaría horas en desaparecer.    

 Una vez de vuelta al hogar, me dirigí a la única tienda de discos de la ciudad y, sorprendentemente, pude adquirir la última copia que les quedaba. Dónde está ahora es uno de esos misterios de las mudanzas que aún me quiebran el corazón. Fue un verano de eternas escuchas, intercalándolo con el álbum I´m your man de Leonard Cohen, hasta que, poco a poco, la fijación fue madurando hasta convertirse en algo mucho más reposado. Un disco al que volver intermitentemente, normalmente por sorpresa, y recibir el eco de lo vivido en el 2002. Cómo leer una carta de un antiguo amor que nunca pudiste olvidar.

OMEGA

Canciones del disco:

1. Omega (Federico García Lorca – Enrique Morente, Lagartija Nick).
2. Pequeño vals vienés (Take This Waltz) (Federico García Lorca – Leonard Cohen).
3. Solo del pastor bobo (Federico García Lorca- Juan Antonio Salazar).
4. Manhattan (First we take Manhattan) (Leonard Cohen. Adaptación de Enrique Morente y Alberto Manzano – Leonard Cohen).
5. La Aurora de Nueva York (Federico García Lorca – Vicente Amigo).
6. Sacerdotes (Priests) (Leonard Cohen. Adaptación de. Enrique Morente y Alberto Manzano – Leonard Cohen).
7. Niña ahogada en el pozo (Federico García Lorca – Enrique Morente, Cañizares y Lagartija Nick).
8. Adán (Federico García Lorca – Isidro Muñoz

9. Vuelta de paseo (Federico García Lorca – Enrique Morente y Lagartija Nick).
10. Vals en las ramas (Federico García Lorca – Isidro Muñoz).
11. Aleluya (Hallelujah n. 2) (Leonard Cohen. Adaptación de Enrique Morente y Alberto Manzano – Leonard Cohen).
12. Norma y paraíso de los negros (Federico García Lorca – Isidro Muñoz).
13. Ciudad sin sueño (Federico García Lorca – Enrique Morente y Lagartija Nick

Músicos y colaboradores:

Lagartija Nick, Tomatito, Juan Manuel Cañizares, Vicente Amigo, Montoyita, El Paquete, El Negri, Isidro Muñoz, Estrella Morente, Miguel Ángel Cortés, Tomás San Miguel, José Antonio Galicia, Aurora Carbonell, Antonio Carbonell, Tino di Geraldo.

Para el que quiera explorar las profundidades de Omega recomendamos dos obras dedicadas al disco:

Omega (documental dirigido por José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias)

Omega (Historia oral del álbum que unió a Enrique Morente, Lagartija Nick, Leonard Cohen y Federico García Lorca. Lengua de Trapo, 2011) de Bruno Galindo

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