poema para nadie
si fuese más normal, si fuese
un poco más como un poco
todo el mundo, me dedicaría
a escribir sobre odios, ascos,
a vomitar sobre esas maneras
tan suyas que tienen de querer
que me parezca tanto a ellos;
haría un poema que pareciese
un ventilador esparciendo algo
blando por el aire y me quedaría
tan a gusto con lo que les diría.
si fuese un poco más así, más
como quien se acerca al vacío
cada día y no teme deshabitarse,
asumiría los hábitos insolentes
del cinismo y estaría en sintonía
con aquello que me atraviesa
a todas horas y que me duele
más a medida que el camino
se acorta y se agacha la cabeza.
si la vida fuese esto, solamente
consignarse tanto a la actividad,
cuestionar más las diligencias
ajenas que nuestros méritos
para vivir rozando el absurdo,
pensar en cuántos son los medios
de transporte, cuántos los hogares,
cuántas las fotografías que debo
obtener hasta conseguir que suene
la campana y caigan los premios,
no sé qué ocurriría con este débil
caparazón ni con lo que dentro
se derrite y solloza sin consuelo.
si la vida fuese otra de esas miradas
displicentes, otra de esas amenazas
tan comunes ante esta disidencia
extraña y pasiva que no hace otra
cosa que consumirme a tanta
velocidad, le hubiera entregado
al tiempo y a la rabia el pedazo
de mi corazón más rojo y puro.
me gustaría, en ocasiones, o más
bien siempre, ahora que me dejo
llevar, pasto de la enajenación,
notar esa tranquilidad al irme
a dormir, sentirme bravo ante
una rutina tan exagerada, fingir
la vasta y desasosegante nitidez
de quien camina a mi alrededor,
anular con un poco de obediencia
la virtud, saberme sin ninguna duda.
si me dejara llevar como no quiero
viviría dentro de una red social,
le daría like a todo a lo que aspiro
a ser, a los ídolos a los que quisiera
parecerme, a todas las editoriales
que quisiera que me publicasen,
a los señores que escogen cuáles
son los buenos poemas y enseñan
al mundo a quién hay que alabar.
si apostase por entrar definitivamente
en el círculo me arrancaría los brazos
por no querer ser padre, por no tener
claras ninguna de las cosas por decidir
mañana cuando me levante, haría colas,
móvil en mano y la cabeza siempre
en otra parte, no sabría por qué
ha luchado tanto mi madre, miraría
a la muerte como si no existiese.
tendría minutos pagados con dolor
para elegir la dosis de mendicidad
con la que quiero contentarme,
me abatiría el hecho de pensar
que el reconocimiento y también
el amor proporcionan angustia
si queremos luchar por ambos
y por eso siempre elegiría tarde.
me reuniría con esa gente
con la que no quiero estar,
porque con la que quiero
estar no querría compartir
mi tiempo; bebería aún más,
bebería hasta que parezca
que estoy muerto, para no oír
más en mi cabeza las voces
de la ira, del arrepentimiento,
de mi amor hueco y contenido.
sería como aquellos que son
gracias a que los demás no
sean: seres que, para ser, no
contemplan otro territorio
que no valga su dominio
y necesitan de la aflicción
de los demás por no ser
para así cincelar una figura
que brille entre las sombras.
si todo fuese un poco más
sencillo, si no hubiésemos
venido aquí para cambiar
cuatro palabras irrelevantes
que tampoco nos importan
lo más mínimo; si quizás
nuestra misión fuese arder
y no fluir, porque huir no
es lo mismo pero se parece
demasiado, si nada es todo
lo que nunca necesitamos,
entonces dejemos de fingir,
de malvivir, de envejecer,
de sucumbir, de depender,
de calcular, de complacer,
de conseguir, de traicionar,
de persuadir, de esconder,
de defender, de comenzar,
de competir, de anochecer,
de silenciar, de pudrirnos
en este foso lejos de un olvido
que quizá es lo más generoso
que tengamos cerca, y también
lo más necesario. no me hace
falta el recuerdo, no lo quiero:
puede mi aliento contrarrestar
el retrato sincero y benévolo
de lo que perdimos. mi ansia
por desmerecer lo ordinario
es una hoja desteñida que no
alcanzará jamás el suelo, acaso
se pulverice entre una llama.
si transitar en la eterna huida
de esta plétora de nimiedades,
aunque haya sido mi elección,
me obliga a depender del papel,
del amor, de la memoria, del miedo
y del ingenio para confrontar
tamaña vicisitud, entonces puede
que haya un motivo para no ceder
cuando la herida sea más amplia.
que me siga llevando más allá
el inconformismo por lo actual
y que el hastío descubra poco
a poco mi camino con su tenue
luz que igualmente será tan
cegadora. otra vez me fallarán
las fuerzas, volveré a sentirme
lejos de casa y la vida será
esa pequeñez rota e ilógica
por la que no me arriesgaría,
pero me seguirá moviendo,
entre la ceniza de un mundo
cada vez más distante y menos
hecho a mi medida, esta ingrata
necesidad tan irracional de amar
sin interés ni condición, este modo
desacertado y torpe de despedirme,
esta petición por que me encuentren
allí donde la tarde dure para siempre
y sea el lugar de nada y de nadie.
Descubre más desde profesor jonk
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Absolutamente magistral, es un privilegio compartir estas páginas con uno de los pocos poetas auténticos que conozco, Marc Mellado, tan aparentemente esquivo y misterioso como cercano. GRACIAS