poema para nadie, hiedra enroscada de Marc Mellado

poema para nadie

si fuese más normal, si fuese

un poco más como un poco

todo el mundo, me dedicaría

a escribir sobre odios, ascos,

a vomitar sobre esas maneras

tan suyas que tienen de querer

que me parezca tanto a ellos;

haría un poema que pareciese

un ventilador esparciendo algo

blando por el aire y me quedaría

tan a gusto con lo que les diría.

si fuese un poco más así, más

como quien se acerca al vacío

cada día y no teme deshabitarse,

asumiría los hábitos insolentes

del cinismo y estaría en sintonía

con aquello que me atraviesa

a todas horas y que me duele

más a medida que el camino

se acorta y se agacha la cabeza.

si la vida fuese esto, solamente

consignarse tanto a la actividad,

cuestionar más las diligencias

ajenas que nuestros méritos

para vivir rozando el absurdo,

pensar en cuántos son los medios

de transporte, cuántos los hogares,

cuántas las fotografías que debo

obtener hasta conseguir que suene

la campana y caigan los premios,

no sé qué ocurriría con este débil

caparazón ni con lo que dentro

se derrite y solloza sin consuelo.

si la vida fuese otra de esas miradas

displicentes, otra de esas amenazas

tan comunes ante esta disidencia

extraña y pasiva que no hace otra

cosa que consumirme a tanta

velocidad, le hubiera entregado

al tiempo y a la rabia el pedazo

de mi corazón más rojo y puro.

me gustaría, en ocasiones, o más

bien siempre, ahora que me dejo

llevar, pasto de la enajenación,

notar esa tranquilidad al irme

a dormir, sentirme bravo ante

una rutina tan exagerada, fingir

la vasta y desasosegante nitidez

de quien camina a mi alrededor,

anular con un poco de obediencia

la virtud, saberme sin ninguna duda.

si me dejara llevar como no quiero

viviría dentro de una red social,

le daría like a todo a lo que aspiro

a ser, a los ídolos a los que quisiera

parecerme, a todas las editoriales

que quisiera que me publicasen,

a los señores que escogen cuáles

son los buenos poemas y enseñan

al mundo a quién hay que alabar.

si apostase por entrar definitivamente

en el círculo me arrancaría los brazos

por no querer ser padre, por no tener

claras ninguna de las cosas por decidir

mañana cuando me levante, haría colas,

móvil en mano y la cabeza siempre

en otra parte, no sabría por qué

ha luchado tanto mi madre, miraría

a la muerte como si no existiese.

tendría minutos pagados con dolor

para elegir la dosis de mendicidad

con la que quiero contentarme,

me abatiría el hecho de pensar

que el reconocimiento y también

el amor proporcionan angustia

si queremos luchar por ambos

y por eso siempre elegiría tarde.

me reuniría con esa gente

con la que no quiero estar,

porque con la que quiero

estar no querría compartir

mi tiempo; bebería aún más,

bebería hasta que parezca

que estoy muerto, para no oír

más en mi cabeza las voces

de la ira, del arrepentimiento,

de mi amor hueco y contenido.

sería como aquellos que son

gracias a que los demás no

sean: seres que, para ser, no

contemplan otro territorio

que no valga su dominio

y necesitan de la aflicción

de los demás por no ser

para así cincelar una figura

que brille entre las sombras.

si todo fuese un poco más

sencillo, si no hubiésemos

venido aquí para cambiar

cuatro palabras irrelevantes

que tampoco nos importan

lo más mínimo; si quizás

nuestra misión fuese arder

y no fluir, porque huir no

es lo mismo pero se parece

demasiado, si nada es todo

lo que nunca necesitamos,

entonces dejemos de fingir,

de malvivir, de envejecer,

de sucumbir, de depender,

de calcular, de complacer,

de conseguir, de traicionar,

de persuadir, de esconder,

de defender, de comenzar,

de competir, de anochecer,

de silenciar, de pudrirnos

en este foso lejos de un olvido

que quizá es lo más generoso

que tengamos cerca, y también

lo más necesario. no me hace

falta el recuerdo, no lo quiero:

puede mi aliento contrarrestar

el retrato sincero y benévolo

de lo que perdimos. mi ansia

por desmerecer lo ordinario

es una hoja desteñida que no

alcanzará jamás el suelo, acaso

se pulverice entre una llama.

si transitar en la eterna huida

de esta plétora de nimiedades,

aunque haya sido mi elección,

me obliga a depender del papel,

del amor, de la memoria, del miedo

y del ingenio para confrontar

tamaña vicisitud, entonces puede

que haya un motivo para no ceder

cuando la herida sea más amplia.

que me siga llevando más allá

el inconformismo por lo actual

y que el hastío descubra poco

a poco mi camino con su tenue

luz que igualmente será tan

cegadora. otra vez me fallarán

las fuerzas, volveré a sentirme

lejos de casa y la vida será

esa pequeñez rota e ilógica

por la que no me arriesgaría,

pero me seguirá moviendo,

entre la ceniza de un mundo

cada vez más distante y menos

hecho a mi medida, esta ingrata

necesidad tan irracional de amar

sin interés ni condición, este modo

desacertado y torpe de despedirme,

esta petición por que me encuentren

allí donde la tarde dure para siempre

y sea el lugar de nada y de nadie.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Absolutamente magistral, es un privilegio compartir estas páginas con uno de los pocos poetas auténticos que conozco, Marc Mellado, tan aparentemente esquivo y misterioso como cercano. GRACIAS

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