Un descanso inigualable, cuento de amor desde México

Ricardo Guadalupe los miró llegar una tarde, específicamente un Día del amor.
Entraron tomados de la mano; él y ella casi del mismo tamaño (de la misma estatura); pelo corto en ambos casos, botas no muy altas, pantalones de mezclilla. Ambos enfundados en gruesas chamarras. El gorro puesto.

Mil demonios, cuento de Samuel Segura desde México

Me detuve frente al zaguán de don Feliciano, afuera de aquella fachada que era del mismo color de siempre: un verde pistache que se estaba deslavando, pero que nunca terminaba de deslavarse. No escuché nada, pero un olor se hizo patente: un olor a podredumbre, a cañería, a cadáveres, pensé, que el viento se encargó de llevarse tan rápido como lo trajo consigo.

Barbie en la infancia de un drummer metalero

Jugué a las Barbis con mis hermanas
gran parte de nuestra niñez
(y una poca de la adolescencia);
de pronto yo era Ken
o Kevin
o al que llamábamos Frank;
más tarde fui Max Steel
o algún otro superhéroe
incluso un perro o dos
de plástico;

Bestias de carne cruda

Una de esas noches la vi llegar.
Llevaba un vestido ceñido, rojo, del mismo color que su cabello rizado. Medias negras, tacones altos. Un ramo de flores amarillas.
Era el segundo día de los muertos y aquel, supuse, era su disfraz.