Toda huella es un regreso: Sobre Huellas en el camino, de J. Félix González-Encabo

El autor y editor toledano José Félix González-Encabo publica el poemario Huellas en el camino en la editorial andaluza Eris Ediciones.

«Todavía tengo tiempo de encontrarlo.»

Hay caminos que conducen a un lugar y otros que acaban conduciendo hacia uno mismo. Los primeros se recorren con los pies. Los segundos, con la memoria.

Huellas en el camino pertenece a esa clase de libros que no se dejan leer como una sucesión de poemas, sino como un sendero que va apareciendo bajo los pasos del lector. Cada composición deposita una marca sobre la tierra y, cuando uno cree haberla dejado atrás, descubre que continúa adherida a la suela de la conciencia. Porque una huella nunca habla únicamente del lugar al que alguien llegó. Habla, sobre todo, del lugar del que no consiguió marcharse.

Ese es el territorio que recorre José Félix González-Encabo (Ávila, 1970).

Un paisaje donde la memoria no es un museo, sino un camino todavía transitado.

Un sendero en el que las pisadas nunca desaparecen.

La primera huella pertenece al padre.

No podía ser de otra manera.

Toda biografía comienza caminando sobre pasos ajenos. Hay una genealogía sentimental que sostiene este libro desde sus primeras páginas: «La herencia era dolor, / búsqueda y belleza». No existe aquí una nostalgia complaciente de la infancia ni una reconstrucción idealizada de la familia. El poeta entiende la herencia como un sedimento; una mezcla inseparable de amor, fracturas, ejemplos y silencios que permanece adherida a nosotros incluso cuando creemos haber encontrado un camino distinto. Se heredan los ojos con los que mirar el mundo, pero también las grietas desde las que terminar mirándolo.

Huellas en el camino_ José Félix González-Encabo, poesía Eris Ediciones 2026_en el pantano del Burguillo (Ávila)

Después llegan las huellas de la ciudad.

Las de Salamanca.

Las de Toledo.

Las de los parques, los hospitales, las cafeterías, los barrios obreros, los aeropuertos y las habitaciones donde el tiempo parece detenerse mientras la vida continúa al otro lado de una puerta. En José Félix las ciudades nunca son decorado. Son piel. El mapa urbano termina convirtiéndose en una prolongación del mapa emocional. Cada esquina guarda una derrota; cada banco conserva una conversación; cada avenida recuerda a alguien que ya no está o que todavía permanece demasiado.

Huellas en el camino_ José Félix González-Encabo, retrato poesía Eris Ediciones 2026

Como en Sebald, como en Claudio Rodríguez o en la geografía íntima de Joan Margarit, caminar equivale a recordar.

Y recordar es volver a pisar.

Hay también un camino sonoro.

Toda huella deja un eco.

Bill Evans, Neil Young, Springsteen, Van Morrison, Bunbury o Smashing Pumpkins aparecen aquí como antiguos mojones de piedra que orientan al viajero cuando el sendero desaparece entre la maleza. Las canciones no acompañan los poemas; los contienen. Son la banda sonora de una educación sentimental que convirtió los discos en refugios y las letras en lugares donde descansar cuando la realidad dejaba de parecer habitable.

La música, igual que la poesía, conserva intacta aquello que el tiempo desgasta.

Pero el sendero continúa.

Y aparecen los hijos.

Quizá sea entonces cuando el caminante comprende que toda huella posee dos direcciones. Una nos conduce hacia quienes nos precedieron. La otra avanza hacia quienes seguirán andando cuando nosotros nos detengamos. Pocas veces la paternidad ha sido tratada con una honestidad tan desprovista de sentimentalismo. Aquí no hay héroes domésticos. Hay miedo. Hay ternura. Hay despedidas anticipadas. Hay una emoción serena nacida de aceptar que amar consiste también en quedarse quieto mientras otro se aleja.

«A los 50 / ya sabes por quiénes vas a llorar».

Y acaso ese sea el verdadero aprendizaje del camino.

No elegimos las pérdidas.

Solo aprendemos a caminar con ellas.

Formalmente, alterna poemas narrativos de largo aliento con pequeñas piedras blancas, casi aforísticas, que el lector va encontrando como señales entre la espesura. Algunas bastan para iluminar un tramo entero del recorrido; otras permanecen latiendo mucho después de cerrar el libro. Existe una voluntad deliberada de escribir desde la conversación, desde la respiración cotidiana, desde ese lugar donde la literatura deja de exhibirse para comenzar a acompañar.

Porque estos poemas no buscan demostrar.

Buscan permanecer.

Hay una imagen que termina imponiéndose mientras uno avanza por estas páginas.

La del caminante que, de pronto, gira la cabeza.

No para lamentar el pasado.

Tampoco para medir la distancia recorrida.

Simplemente para comprobar que las huellas siguen ahí.

Que ninguna vida desaparece del todo mientras alguien sea capaz de reconocer sus pasos.

En ese gesto reside la mayor belleza de este libro.

José Félix González-Encabo no escribe para inmortalizar los recuerdos. Escribe para reconciliarse con ellos. De ahí que incluso los poemas más ásperos rehúyan el resentimiento. El dolor nunca ocupa el centro del sendero; apenas señala una curva del camino. Después aparecen el humor, la música, la conversación, los amigos, el paisaje o una hija que sonríe desde otro continente. La vida continúa dejando marcas incluso cuando creemos haber agotado el mapa.

Hay un verso que, quizá sin proponérselo, explica toda la poética del libro: «Porque eso es la poesía, / un arrebatado e irracional suicidio social». Escribir consiste precisamente en eso: abandonar el refugio para dejar nuestras huellas sobre una tierra que otros recorrerán algún día.

Y entonces sucede el milagro de toda verdadera poesía.

El camino deja de pertenecer al poeta.

Pasa a ser del lector.

Al cerrar este libro queda la sensación de haber acompañado a alguien durante muchos kilómetros sin apenas advertir el momento en que sus pasos comenzaron a confundirse con los nuestros. Como en el poema de Kavafis, importa menos llegar a Ítaca que todo cuanto el viaje deposita en quien camina. Porque el destino siempre termina siendo una excusa.

Lo único verdaderamente perdurable son las huellas.

Y la humilde esperanza de que alguien, mucho tiempo después, reconozca en ellas el rastro de otra vida y decida continuar el camino.

José Díaz de Cerio Jackson

Puedes adquirir Huellas en el camino y leer la sinopsis y perfil del autor en la editorial andaluza Eris Ediciones, especializada en poesía.

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