Reseña de la novela «Los vencejos», de Fernando Aramburu

Fernando Aramburu, escritor

Los vencejos. Fernando Aramburu, 2021

Podría titular este artículo como “Los vencejos, o el arte de crear un personaje odioso”.

Grandes críticas ha padecido esta novela de Fernando Aramburu (editorial Tusquets, 2021), como suele suceder cuando una historia se ve obligada a crecer detrás de otra que ha cosechado éxito internacional, lo que ocurre es que hay vida más allá de Patria.

Los escritores -la mayoría- evolucionan, necesitan seguir creando historias sin estancarse en su crecimiento.

Los vencejos tiene un protagonista tan humano que nos muestra facetas de su vida que, por corrección política, no suelen salir a la luz.

 A través de una serie de notas personales, a modo de diario, el lector tiene acceso a lo que piensa Toni en cada momento: a sus sentimientos, con frecuencia mezquinos; a su vida vacía, a sus odios y traiciones… Lo que anota lo hace para sí mismo, por lo tanto no se ve obligado a poner ningún tipo de filtro que dulcifique la verdad.

Los vencejos, novela de Fernando Aramburu
El protagonista de Los vencejos, ¿otro misántropo más a un perro pegado? ¿Por qué algunos psicólogos se extralimitan y apresuran a diagnosticar en sus artículos depresión o falta de cariño por esa humanización del perro?

Crear un personaje que resulte tan entrañablemente despreciable es digno de admiración. Para ello, Aramburu no deja de lado el humor, que dosifica convenientemente a lo largo de la lectura.

 Generar sentimientos encontrados hacia Toni significa que el autor ha desempeñado su trabajo a la perfección.

La historia sucede en el momento actual, en Madrid, donde Toni ejerce como profesor en un instituto de barrio. No está conforme con la vida que lleva, ni con los sitios que frecuenta, ni siquiera con las escasas amistades con las que comparte a desgana su tiempo. No siente afecto por sus alumnos, y le cuesta mucho sentirlo hacia su propio hijo.

Con estos singulares ingredientes, se cocina una novela en la que el exceso de sinceridad del profesor y su desgana vital mantienen al lector pendiente de si se cumplirá o no la promesa con la que se inicia la trama.

Leánlo, y después, opinen. Hacerlo al revés o, incluso, sin leerlo, les hará perderse una historia maravillosamente escrita.

Beatriz Berrocal, León (España)