Poesía de Paula Arbona, jóvenes voces y palabras mayores

En unos días cumpliremos nuestro segundo aniversario, tras retomar un viejo dominio del Profesor Jonk en 2012 para salvaguardarnos de la locura y el pánico de una pandemia y un confinamiento que escapaban a nuestro entendimiento. Nuevo modus vivendi, adaptación, problemas y psicólogos.

Por el camino hemos descubierto voces como la de la joven poeta valenciana Paula Arbona, luz que nos ha invitado a continuar abriendo esta ventana cada día. Una escritora que crece y nos lanza a la cara todo el mobiliario sin ambages y sin pudor, que habla de amor y de sexo y de intimidad y de desheredados y de búsqueda.

Es un enorme placer compartir estas páginas con colaborador@s tan brillantes. Como en una ocasión me dijo un jefe, «tú deberías pagar por lo que estás aprendiendo aquí»… De momento, lo que podemos aportar es el mayor cariño en lo que hacemos para quienes leéis y escribís en esta desprejuiciada miscelánea.

Os dejo con Billie Eillish y Paula Arbona, voces mayúsculas de mujeres jóvenes que piden paso entre tanta penuria.

Salud y abrazos, J. Félix González-Encabo, Profesor Jonk

El aullido del vagabundo

Señora, ¿no tendrá un poco de aire? 

Maté cien hombres en Vietnam;

para inmunizarme del recuerdo 

de sus tripas salpicando purpurina, 

me vacuno con ácido cada noche.

Tengo dos hijos muriéndose de hambre 

en el vientre de su madre

y una lata de atún en First Avenue 

junto a las casas. 

Señora, ¿no tendrá una tirita? 

El punto sobre mi brazo se contrae 

y se expande tanto, que a veces creo 

que me va a absorber; 

es un agujero negro. 

Tal vez haya vida más allá, 

a veces fantaseo

que es una máquina del tiempo 

y que puedo volver a la guerra, 

a los campos de arroz en los que maté 

y beso las caras de esas muñecas; 

coso sus intestinos. 

Ojalá no hubiera disparado tantas balas.

Dios mío. 

Ahora las chuparía como a caramelos.


Transporto un cuchillo bajo la piel 

desde que nací.

El mismo que rodeó 

el cuerpo de mi madre 

y el de mi abuela. 

El ginecólogo puede entrever 

una de sus puntas, lo palpa 

como si se tratara 

de un lunar inofensivo

en lugar de un tumor 

que me estuviera matando. 

Mientras como, mientras follo, 

me arde la entrepierna 

con la vergüenza de ser mujer.

Fui yo la que trajo el pecado al mundo. 

Cuando dé a luz a una niña, 

el cuchillo le será transferido,

para que, al parir, 

también ella sufra. 

Si es un niño, 

el cuchillo permanecerá dentro de mí, 

incluso puede que contribuya 

cortándole el cordón umbilical. 

Sea lo que fuere, en paz de mi muerte, 

el objeto volverá a sus Dueños Legítimos. 

Los fuegos fatuos de bruja chamuscada, 

todos estos hombres 

con sus tentáculos en mi boca

las piernas bien abiertas

su lengua dilatada 

y sus ladridos-aullidos de hiena

me violarán y descuartizarán 

para repetir el ritual

con las hijas de mis hijas

sin piedad y para siempre

amén


Tus iris, como dos lunas azules y preñadas,

dan a luz en la nieve, bajo agujas de pino.

Tu mirada es la recién nacida

que da sus primeros pasos sobre mí.

Me gustaría decirlo en nuestro idioma,

pero no es posible.

Hay una ciénaga bajo el incendio.

Sobre mi cuerpo flota su aliento

y como un animal sediento,

peinas mi vientre con la nariz.

Me extiendes, 

las piernas dilatadas contra el techo,

hasta convertirme en una multitud

y después pretendes

que continúe llamándome mujer.

Haces de bosque mi pecho y, de tus dedos,

diez ciervos, libres de retozar sobre la hierba.

Lo salvaje es que aún llevo 

tus manos en el cuello y tu viento

tensándome el cabello como a un velero.

Es un secreto,

pero me reconforta saber

que siempre quedará poesía en el mundo

si quemo tu retrato 

y enredo mis cenizas con él.


David Carradine & Uma Thurman, Kill Bill by Quentin Tarantino

Degollé a mi padre 

y dejé reposar 

su cadáver en la luna, 

asemejándose 

a una lagartija translúcida.

La noche descubriendo 

su selva negra, la inercia 

irguiendo la barriga

del Dios blanco

y sus ojos de sal.

Allí está mi padre,

buda nebuloso 

en un cráter lunar.

Sus manos cuelgan de los bordes,

los dientes le caen sin gravedad.

Se levanta la luna,

como una puta mal pagada

que come demasiado poco.

Bajo sábanas de hueso,

en su hoyuelo de cal,

los buitres no le alcanzan

y ambos descansamos mejor.


Encontraréis a Paula en Profesor Jonk e Instagram