Concurso de traslado

“8 horas: misa. Reconozco que le cogí gusto a esto de las celebraciones. Además, no tiene nada que ver darla con recibirla, dónde va a ir a parar”.
“9 a 11: lectura. Hoy acabé con “El tiempo recobrado”. Proust finito. Ahora vas y lo cascas. Yo, que me quedaba dormido leyendo un microrrelato”.
“11 a 12: balcón, cervecita, aceitunas, patatitas. A ver pasear a los perros. Para María no pasan los años. No se puede estar más potente. La saludo. Cada mañana me dedica la misma sonrisa, que me traspasa, antes de perderla de vista. Vitamina para toda la jornada”.
“12 a 14: cocina. Que se note que las despensas de las casas de los pueblos están mejor dotadas que el negro del guasap. Hoy alubias a lo pobre”.
“14 a 15: comida. Otro mensaje del presidente: qué gusto desde que no funciona el volumen… estará con lo de quiero dar las gracias a los sanitarios, a los niños y niñas que cumplen años, a los floristas… un día más pero queda un día menos. Sin duda, esto último no habrá furibundo opositor que se lo rebata”.
“15 a 17: lectura de cómics y siesta. “La pista de los Sioux” de Blueberry. Este tipo sí que sabe gestionar una crisis y el uso de la desinformación. Manda un mensaje falso por el telégrafo, corta los hilos y, como todo el mundo cree que van a venir unos refuerzos inexistentes, logra que levanten el sitio al fuerte. Sombrerazo”.
“17 a 19:57: regar, comida para los animales y tabla de gimnasia. Me fumigo quinientas abdoanimales y ya ni sudo. Tengo la tableta más marcada que el número del teléfono de la Esperanza, que siempre me comunica”.
“19:58: lo peor, los dichosos aplausos… Si algo bueno tenía este país era la impuntualidad y esto siempre empezó a sonar a las 19:58. Gracias al cielo, desde que me puse los cascos con el Resistiré de Barón Rojo no los oigo”.
“20:15: cuando todo acaba salgo un rato y miro al cielo. Qué paz”.
“21:00: cena frugal. De grandes cenas están las sepulturas llenas. Un paseíto por la casa y a la cama”.
“22:00: cierro el sobre y apago la luz, aunque hace tiempo que no me llega el recibo, que mañana yo me despierto clavado como un reloj casio, siempre a las seis, con el gallo”.
“23 horas:………………….………………”.

— La verdad es que Luis se merece un monolito por dejar grabados esos hologramas… lástima que no tenga manos ni conocimiento para construirlo yo misma…pero bueno, ya está bien de vaguear… —. se dijo María en voz alta, suspirando, mientras comenzaba su ronda cansina por el pueblo, desde esa noche, ya para siempre vacío.

María, mientras cerraba el camposanto, decidió echar los papeles del concurso de traslados. Con la de puntos que tenía, seguro que pillaba destino en otro mundo, aunque fuera paralelo, un poco más movido. Sin Luis, su plaza de fantasma aquí ya no tenía sentido, lo más honrado sería amortizarla.

4 Comments

  1. Ay me ha gustado mucho. Me siento identificada con muchas cosas jajajaja. Tiene un toque de humor muy bueno. Se hace muy ameno leerlo además. Genial espero leer más cosas 🙂

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