Amor y física cuántica: Miguel A. López Manrique

Infinitivo

Encontrar el camino más corto a tus labios.

Esperar sentado en la antesala de tu alma.

Aguardar paciente que amanezca tu sonrisa.

Conservar tus enfados como flores secas.

Robar más minutos al día pensándote.

Sentir que un abrazo tuyo es como un árbol

que me ayuda a crecer contigo más alto.

Desear tu piel como la oscuridad desea

la luz de una estrella.

Odiar cada minuto que te hace lejana.

Amar la vida porque tú estás en ella.

Tener miedo al olvido, la única muerte verdadera.

Viajar por tu sangre hasta la última esquina

de tus venas.

Aparcar en lo prohibido de tu corazón

y que me multes cada noche en tu cama.

Saltar juntos, sin paracaídas,

al cielo de nuestros cuerpos enlazados,

que frenarán la caída.

Pasar junto a tu puerta y que me abras siempre.

Escucharte, mirarte, tocar y oler y gustar todo de ti,

multiplicando los sentidos.

Llenarte de infinitivos mar adentro,

en tus aguas profundas.


Noches perpetuas

Que cada noche sea noche de bodas

Que no se ponga la luna de miel

Que todas las noches sean noches de boda

Que todas las lunas sean lunas de miel

Joaquín Sabina

Cuando pienso en las noches de soledad,

me acuerdo de las noches perpetuas,

de aquellas que viví y, por supuesto,

de las que aún no he vivido.

Noches de tregua, que el poeta cantó

como noches de boda.

Noches para los cuerpos entregados

a una única respiración, privilegiadas en el recuerdo,

como las noches más felices de nuestra vida.

Noches donde leemos en otra piel, en otro pulso,

lo que no dicen las palabras, tan diurnas.

Noches perpetuas que duran más que el día útil

de los mercaderes.

Tal vez por eso, hoy busco,

entre la miseria de las horas,

el verso que transporta, que hace el pequeño milagro

de encender el deseo de vivirlas de nuevo.

¿Qué te dejan esas noches perpetuas?

¿Qué luna grande y extraña dejan en tu corazón?

¿Cómo no amar su lejano perfume,

sino en el verso que espera, como un amigo,

anunciar la llegada de una noche perpetua contigo?


Nostalgia de cuerpo

Si alguien viniera de algún

lugar lejano, de alguna estrella

amiga, para saber qué

es esto del amor, esta necesidad

de besar más adentro del beso,

y abrazar más extendido

que el abrazo, este acercar

su imagen, en la distancia,

con los pobres adelantos

de la técnica humana,

ya sabéis, móviles, facebook,

instagram, whatsapp;

si alguien viniera, amor,

con nostalgia olvidada de un cuerpo,

como un eco en el sueño,

como el olor de una rosa

que buscara sus pétalos,

y extrañamente universo

pudiera visitar un solo cuerpo

destinado a la caricia,

invitado especial de nuestra casa encendida,

alma extranjera asomada a los ojos,

labios, manos, de la persona amada,

si le dejáramos en la habitación íntima

de su piel, su boca ocupando hasta el aire

del abrazo que arde como una llama,

y viera sus ojos y sintiera su pulso que acelera

como las olas negras de ese mar universo

del que viene, tan solo siempre, náufrago

de algún cuerpo olvidado,

y pudiera sentir cómo dos ríos

se hacen mar en único abrazo final,

entero, líquidamente entero de dos almas,

entregando su cauce para nacer ya otro,

comprendería nuestro afán azul,

comprendería nuestro énfasis de piel y corazón,

comprendería este quererse como materia,

esta residencia en la tierra de otro ser,

comprendería, entonces,

alma errante del espacio oscuro,

tal vez un ente descorporizado

con una nostalgia infinita del cuerpo

que se da y se busca en este tiempo

y este espacio, que gracias a la voluntad

del amor, ya había llegado

a la última frontera del universo.


Alas de una despedida

Al mundo cómo nos llegamos

despiertos en una fría soledad

que se hace caliente en tu piel,

tan de repente, madre universo,

extraños para afuera

de la expulsión de ti

para conocerte en otro paraíso,

en tus brazos de material presente,

eternamente náufragos

de tu casa vacía ya,

porque yo soy el que te llega

desde lejos, desde las oscuras

promesas de la sangre,

de lo divino hecho genoma,

de lo telúrico multiplicado en cada

peldaño de las generaciones,

del ala de una estrella 

y al que dejaste

tus dos alas para volar sin ti.

Yo soy también el que te abraza

en la última hora, en una cama de hospital

pidiendo estar dentro de ti

y marcharme contigo.

Yo quiero ser tu selva oscura

y no jardín cerrado.

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