Cuento de Navidad

Paul Auster, Harvey Keitel y Wayne Wang

Ciertamente los cuentos de Navidad producen cierta aprensión por aquello de que no dejan de ser cuentos de hadas para adultos, redenciones de última hora para los que perdieron la ingenuidad hace décadas y una especie de carpetazo más o menos digno para gente que se ha pegado la gran vida a costa de los demás.

En noviembre de 1990 el escritor Paul Auster recibió un curioso encargo envenenado del New York Times, escribir un cuento de Navidad. Lo que en principio supuso una oportunidad y un reto para el escritor, se fue convirtiendo en un motivo de duda y angustia.

Auster, el Enrique Vila Matas de Brooklyn, optó por lo que se le da mejor, tirar de serendipia y de deus ex machina, obviando a Dickens, O´Henry…, para crear un cuento de Navidad contemporáneo.

El resultado fue “El cuento de Navidad de Auggie Wren”, publicado en el periódico en la página 31, el 25 de diciembre de 1990, bajo el título de “A Brooklyn Story”; un cuento de apenas cinco páginas que se lee en menos tiempo del que se tarda en comer dos polvorones y mucho menos de lo que se tarda en digerirlos.

Edición ilustrada
Auster, Keitel y Wang

                                           

El cuento llegó a manos de Wayne Wang, director de El club de la buena estrella, quien se quedó prendado hasta el punto de querer conocer personalmente al autor, fluyendo hacia una fructífera relación de amistad y profesional que desembocaría en los rodajes de Smoke y Blue in the face.

El estanco de la película y algunos de sus personajes

La primera una adaptación cinematográfica de “El cuento de Navidad de Auggie Wren”, y la segunda un loco homenaje a Brooklyn, con el enganche del estanco sobre el que gira la primera (ambas guionizadas —aunque la segunda poco guion tiene más allá de unas someras indicaciones— y codirigidas por el propio Auster) por el que desfilan Lou Reed, Madonna, Rosseane Barr, Michael J. Fox, Giancarlo Esposito, Mira Sorvino…

Blue in the face fue rodada en seis días gracias al empeño de los hermanos Weinstein, sí esos en los que está pensando, dueños de Miramax (llamada así en honor a sus padres Miriam y Max) y productores de Shakespeare in love, Billy Elliot, Pulp Fiction, distribuidor de Átame de Almodóvar, cuyo primer pelotazo fue Sexo, Mentiras y Cintas de vídeo y a quienes, solo computando a Harvey, según el revelador estudio de Rodriguez, Ashley (13 de octubre de 2017). «How powerful was Harvey Weinstein? Almost no one has been thanked at the Oscars more» en los discursos de aceptación de los oscars entre los años 1993 y 2016 se les había nombrado o elogiado en 34 de los discursos, la misma cantidad de veces que a Dios y solo superado por las 43 menciones a Steven Spielberg.

Paul Auster hace eso que se le da también de poner al protagonista del cuento su nombre y hacer que sea un escritor; el resto es un memorable cuento, que luego se cebaría adecuadamente en el guion de la película, protagonizada por William Hurt y los impagables Forest Whitaker y Harvey Keitel, de unos tipos tan creíbles e increíbles como la vida misma: un escritor sin mujer ni hijo, un hijo sin padres, un padre con hija pero sin hijo, un padre que no sabe si es padre con una hija que no quiere padre.

Seres normales, anodinos en algunos casos, especialmente el propio Paul (Auster se implicó personalmente en la caracterización del piso del escritor en la película ya que estaba harto del estereotipo del escritor que vive en casas de tres millones de euros), que por pura cotidianeidad o puro azar acaban entremezclándose para crear un fresco de relaciones humanas tan peregrino como perfectamente verosímil. 

Un cuento y un guion, que gira en torno a un estanco y al tabaco como excusa para el encuentro entre personas, supongo que hoy el epicentro sería inviable. De hecho, el punto de inicio, según cuenta el propio Auster, es la relación con esas personas con las que nos cruzamos todos los días y de las que no sabemos nada: el compañero de trabajo, el frutero, el profesor del colegio; en el caso de Auster el pícaro e ingenioso estanquero que hace chascarrillos de los Mets y de los políticos de turno, y al que tres o cuatro veces por semana le compra sus puritos preferidos.

Los puritos holandeses favoritos del escritor

Un libro y una película con frases y réplicas memorables que, para los que nos gustan los libros, rozan sin quemarse las referencias a Dostoyevski o a Melville. Una película con dos momentos musicales inolvidables de la mano de los míticos Tom Waits y Jerry Garcia

«You are innocent when you dream», ( Tom Waits)

“Smoke gets in your eyes” (Jerry Garcia)

La celebración de una Navidad cualquiera en una casa cualquiera puede estar construida en una mentira, en una ficción, pero no por ello dejar de ser genuina y auténtica con independencia de credos, supersticiones o folclore.

Este año que la Navidad va a ser más íntima y auténtica que nunca, no dejemos de ser humanos, entrañable o fieramente humanos, pero siempre auténticamente humanos.

Y no olviden lo que Paul le dice a Auggie cuando le regala una historia, acaso cabe mejor regalo, un cuento de Navidad para sacarle del atolladero de su compromiso con el New York Times:

“Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.”

Y si esto es un bulo, fake para los puristas neólogos, navideño, yo lo compro.

Salud y que las fiestas y el amor nunca nos sean leves.

Enlace al cuento de navidad de Auggie Wren ( léanlo)