Un descanso inigualable, cuento de amor desde México

Ricardo Guadalupe los miró llegar una tarde, específicamente un Día del amor.
Entraron tomados de la mano; él y ella casi del mismo tamaño (de la misma estatura); pelo corto en ambos casos, botas no muy altas, pantalones de mezclilla. Ambos enfundados en gruesas chamarras. El gorro puesto.

A sangre y fuego, de Chaves Nogales, absoluta obra maestra

«A sangre y fuego» es un libro de cuentos del escritor y periodista Manuel Chaves Nogales, una crónica periodística tamizada por la ficción, un collage de momentos desgarradores por la geografía española de la guerra civil, una sucesión de personajes tan reales como fantásticos, en lo peor y lo mejor de lo que se da de sí en situaciones extremas.

Queremos tanto a Julio. Cortázar, el genio del cuento

Opiniones y gustos aparte, una de las razones de leer a Cortázar se encuentra en su don para conectar con el lector desde una posición, digamos, de amistad. Amistad lectora. Se ha dicho que uno podría ser amigo de Cortázar de la manera en que no podría serlo de Vargas Llosa, Octavio Paz o Borges. Algo parecido a si uno piensa en Benedetti, como poeta. Con ellos uno se iría de copas por los barrios de Buenos Aires o Paris.

Dios prefiere a los bastardos, cuentos del otro México

Los relatos de Gonzalo Trinidad Valtierra nos llevan formalmente a la literatura contemporánea, en buena medida de raíz norteamericana, si bien tienden a cerrarse de un modo firme, no dejando las posibilidades en ocasiones abiertas del maestro Carver. Aquí los asuntos se cierran y las deudas se pagan. Y nunca se sabe quién pagará la cuenta.

Entrevista y Cuestionario Proust 1.0: Eloy Tizón

«…Lo que ocurre en España es una anomalía. A nadie de Hispanoamérica o de Estados Unidos se le ocurriría menospreciar el género predilecto de Borges, de Lorrie Moore o de la premio Nobel Alice Munro…»

Cuento de mala calidad, de Margarita del Brezo

Ajeno a todos estos pensamientos y emociones, el cuento de Cenicienta se bate contra las olas en una lucha feroz y desigual. Intenta mantenerse a flote apretando firmemente sus páginas, cada vez más húmedas, en un intento desesperado de mostrar resistencia al tempestuoso líquido que le azota el lomo y se cuela ora por el flanco de su cubierta, ora por el de la contraportada, como un ejército de gotas infinitas pertrechadas con balas de espuma y sal.

Al final del cuento

¡Es tan hermosa! La miro por última vez antes de alejarme de allí con pedaladas rápidas y los dientes apretados por la rabia y la frustración. Lo he intentado. Lo he intentado todo, de verdad. Y lo repito en alto una y otra vez, cada vez más fuerte, como el mantra de un exorcismo, para eliminar de mi cuerpo esta pegajosa culpabilidad.