Orlando. Una utopía colectiva, triunfadora en la Berlinale

“Se desperezó. Se levantó. Se irguió completamente desnudo ante nuestros ojos, y mientras las trompetas rugían: “¡Verdad! ¡Verdad! ¡Verdad!”, no tenemos más opción que confesarlo: él era una mujer.”

Orlando, Virginia Woolf

Si Virginia Woolf escribió una casi-fábula en su novela Orlando, Paul B. Preciado (Burgos, 1970) filma una pseudo-fábula-real en su primera película Orlando. Mi biografía Política. Salgo del cine conmovida por la montaña rusa de emociones que el filósofo propone: ternura, ira, empatía, ninguna autocomplacencia y mucha reivindicación social y política, porque políticos son todos nuestros actos y, en este momento y en este lugar, reivindicar Orlando tiene unas connotaciones que van más allá del amor a la literatura.

“Alguien me preguntó: ¿por qué no escribes tu autobiografía? Respondí: Porque la capulla de Virginia Woolf la escribió por mí en 1928”

Huyendo del binarismo, esta biografía preciadesca no es una película documental ni una película de ficción, es una carta-diálogo con la novelista inglesa que imaginó (¿anticipó?) las consecuencias de un cambio de sexo aunque, en su caso, en el marco de la Inglaterra aristocrática y colonial (que tan bien conocía por el anterior trabajo de su marido Leonard Woolf en el Servicio Colonial Civil en Ceilán). Preciado se propone filmar la realidad contemporánea de una persona trans (sus formas de pensar la subjetividad, el cuerpo y el amor) a partir de una polifonía de Orlandos, cada uno de ellos protagonista de una escena de la novela a la que adhiere sus experiencias personales, produciendo así un ensayo elástico-corporal en el que las violencias cotidianas a las que deben hacer frente cada uno de ellos (desde la psiquiátrica a la burocrática, pasando por la emocional, la familiar, la económica y la del locus de pertenencia) se ven compensadas por el fraternal abrazo de la novelista.

Woolf, niña abusada por su hermano, mujer casada sin ninguna pulsión sexual más que la que sintió por algunas amigas, escribió Orlando como un regalo para Vita Sackville-West, de la que se enamoró. Si en la novela ofrecía a Vita la salida que la imaginación le permitía, en la realidad ese Orlando se convirtió en el cuaderno de bitácora de Preciado desde su adolescencia castellana: un mito al que agarrarse, la esperanza poética de que otras realidades vitales eran posibles. Blandiendo la novela cual estandarte durante toda la película somos testigos de que la mutación orlandesca es el derecho que reclama el colectivo trans para huir de sus identidades constreñidas, una familia expandida que no se ajusta al relato dominante de ser sujetos políticos fijos e inmutables, ni mucho menos al de la patologización física y psíquica ni al administrativo ultra legalista. El Orlando de Woolf, Preciado mediante, no pasa del lenguaje literario al cinematográfico como una traducción sino como una transformación, como una acertadísima meta-transición-fílmica de un género a otro.

Si en los primeros planos Preciado está encolando carteles en un muro parisino preguntándose “¿Dónde estás, Orlando?” y a lo largo de la película la afirmación orlandesca no distingue edad, raza ni etnia, los planos casi finales con los Orlandos niñes hacen hincapié en que el cambio taxonómico sexual es una transición histórica que comparte con Virginia: “No te haces a la idea, el mundo de hoy está lleno de Orlandos. Estamos cambiando el curso de la historia”. Si el cuerpo es un espacio ambiguo, de cambio constante, de fluidez y transición, la visión preciadiana da cabida a la multiplicidad de relatos que, desde la experiencia, sostienen sus tesis ensayísticas y teóricas de disidencia y contra-historia-trans.

A ritmo, entre otros, de Triana (Abre la puerta) este relato colectivo, íntimo y transpersonal aboga por la libre identidad desde el hecho poético, desde la potencia política de la poesía, desde lo que podríamos denominar una revolución poética que fluye de lo personal a lo universal: “La primera metamorfosis revolucionaria es la poesía, la posibilidad de cambiar los nombres de todas las cosas, incluso, los nombres propios”. La voz en off de un Preciado epistolar (voz corpórea, voz encarnada en un cuerpo definido como en metamorfosis permanente) recorre toda la película y el subtexto del Orlando de Woolf asienta el tono confesional de une Orlando que son muches, el Orlando deconstruido en cada uno de los Orlandos, el Orlando “en vías de” como la alegoría de la filmación en un decorado que todavía no lo es.

Hermana en el tiempo de 20.000 especies de abejas (Estibaliz Urresola Solaguren, 2023), la película de la infancia trans de la niñe Cocó-Aitor-Rocío o de La mala costumbre (Alana S. Potero, Seix Barral 2023) y Libro de sangre de Kim de l´horizon (De Conatus, 2023) entre otros, parece evidente que este hoy y ahora es el de un mundo abocado a una transición epistemológica (incluyendo el derrocamiento del concepto de la división de género) que la filosofía orlan-preciadesca agita con su representación política y (necesariamente) beligerante.

Arte, filosofía, manifiesto (godardiano, no en vano está presente en una escena) Orlando. Mi biografía política, desde una estética neo-punk, y con una mirada luminosa y activista, metafísica también, subvierte la norma desde el cine así como Woolf la subvirtió desde la literatura. Leo a Preciado: “Yo no soy Orlando. Orlando es un horizonte político, una utopía colectiva” y esas palabras me regresan a la sala oscura, al subjetivismo cómplice, a la necesidad de afirmarme coetánea de esta utopía mucho más allá de los límites de mi propia identidad.

Coda 1: Orlando. Mi biografía Política recibió el premio Teddy a la Mejor Película LGTBIQ+ y la Mención Especial del Jurado en la 73º Berlinae 2023.

Coda 2: Toda la obra escrita de Paul B. Preciado está editada en Anagrama. Ojalá pronto un Cuaderno Anagrama con el texto de la voz en off de Preciado en la película.

Gema Monlleo

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