» Sólo las almas bárbaras son capaces
de esquivar
la definitiva estocada
de la belleza. «
Poema perteneciente al poemario Al margen de los días (ed. Harpo)
Proseguimos con nuestra serie de entrevistas/cuestionarios con diferentes personajes del mundo de la cultura.
Para ello nos basamos en el cuestionario que realizó Marcel Proust y que grandes personajes de la historia han contestado, desde Oscar Wilde a David Bowie. Nos hemos permitido la licencia, perdón por el sacrilegio, de pasar algunas preguntas del cuestionario por la chapa y pintura del siglo XXI, aunque la mayoría siguen siendo exactamente iguales que las ideadas por el escritor de la famosa magdalena.
Música, si así se desea, para acompañar la entrevista:

Introducimos una moneda de 10 céntimos de dólar en una jukebox Seeburg 3W1 y, tras escoger una canción al azar, empezamos a imaginar la infancia y juventud de nuestro protagonista.
A 1.281,6 km, un miércoles 6 de abril de 1966, en el justo momento en que The Beatles comienzan a grabar su extraordinario LP Revolver en Abbey Road, el melancólico, pero no exento de alegría, llanto de un niño pinta con notas las paredes de un hospital de Donostia.
– Han tenido un músico –dijo la comadrona.
– O un pintor– respondió precavido su orgulloso padre.
– Un artista – sentenció la madre al cogerlo en sus brazos – Diego va a ser un artista.
Y llegó la lluvia, sumándose a la bienvenida.
Ya desde pequeño, Diego Vasallo se fusiona con el paisaje de Donostia. Sus habituales cielos grises y ese hermoso mar oscuro de invierno son lentillas que ya siempre llevará en la mirada. Pero también se empapa de la alegría de sus compañeros de fatigas, de las noches en su cuarto leyendo cómics o los vinilos que se van acumulando en la casa paterna hasta formar pequeños rascacielos.
Fue, precisamente, gracias a esos cómics que devoraba bajo el flexo, que empezó a dibujar y a interesarse por la pintura. Y, como todo en esta vida, comprobar que tenía talento para ello hizo que pasara las horas muertas explorando esta nueva faceta que tanta satisfacción le daba. Si le hubiéramos preguntado al joven Diego qué quería ser de mayor, sin duda hubiera contestado que algo dentro de cualquier campo relacionado con las artes plásticas. Ojalá poder recuperar hoy algunas de sus colaboraciones en aquellas revistas fotocopiadas y grapadas, tan punk, que eran los maravillosos fanzines de los que tanto aprendimos.
Pero la música, siempre presente, trastocaría todos sus planes. Desde muy jóvenes disfrutaban de los conciertos y las incursiones a la plaza del Buen Pastor, el “Piccadilly Circus” de Donostia, en busca de nuevos vinilos que rayar de tanto escuchar. Casi como un juego, junto a dos compañeros de colegio, Joseba Ortega (voz y guitarra) y Juan Ramón Vilés (batería), deciden montar una banda, Los Dalton, donde Diego Vasallo da sus primeros pasos como instrumentalista e intérprete tocando en institutos, sin saber que su vida ya había escogido camino.
Un camino que en 1984 se cubriría de baldosas amarillas. Conoce a Mikel Erentxun por medio de la hermana de éste, Leire, amiga de cuadrilla con la que recorrían los bares del centro y pasaban las tardes en la playa de la Concha. Conectan de inmediato debido, sobre todo, a tener unas influencias musicales parecidas y la querencia de ambos por las canciones tristes.

Mikel le propuso formar un grupo y, tras la disolución de Los Dalton debido al abandono de su cantante, acepta. Un personaje de la novela Secuestrado de R.L Stevenson le dio a Mikel la idea del nombre, Duncan Dhu. Poco después se une Juan Ramón Viles a la batería (compañero de Los Dalton).
Aquí no vamos a descubrir ni contar una de las trayectorias más exitosas de la historia de la música española. Una banda que, para muchos, es una parte importante de nuestra biografía vital. Antes de 100 gaviotas, que los catapultaría al estrellato, realizaron un primer disco fantástico que se mantiene igual de fresco que el primer día, Por Tierras Escocesas.
El 11 de noviembre de 2013, algunos tuvimos la gran suerte de verlos en el Teatro Circo Price, en su gira inaugural de regreso a los escenarios tras doce años separados. Y disfrutamos como niños adultos que somos.

En 1991 Diego Vasallo nos sorprende, mostrando su inconformismo e independencia creativa, con su primer trabajo en solitario. Concibe para ello un grupo ficticio, Cabaret Pop, con el fin de experimentar nuevos sonidos alejados de su zona de confort, donde la electrónica, la música de baile y los sonidos ochenteros envuelven unas cuidadas letras. A lo largo de su carrera sus textos han ido adquiriendo una madurez y profundidad que convierten las canciones en poemas que bien podrían haber sido recitados en aquella tertulia errante junto, entre otros, a Rafa Berrio, Karmelo Iribarren, Sanchís y Jocano.
Bajo el amparo de esta “banda” publicaría, en el tramo de cinco años y compatibilizando su carrera en solitario con la de Duncan Dhu, tres discos que dejaban bien claro que estábamos ante un artista que hacía lo que quería, sin preocuparse por el qué dirán o el desconcierto que sus cambios de registro pudieran ocasionar entre sus propios seguidores. De aquella época, quizás más irregular que lo que estaba por llegar (que nos perdone), nos quedamos con su último LP, Diego Vasallo y el Cabaret Pop.
En 1997, se centra en su propia carrera, esta vez bajo su nombre, regalándonos pequeñas joyas que, en nuestra opinión, la industria discográfica no ha sabido cuidar ni promocionar en un panorama musical cada vez más ocupado en el disfrute fácil e instantáneo.
Si Criaturas ya nos convenció, con temas tan brillantes como “Canciones que no hablan de amor”, sería con su siguiente álbum, Canciones de amor desafinado, que caímos rendidos a su talento, a las sencillas texturas, a esa tristeza melancólica sin caer en la oscuridad, a una voz tan personal que hace que las canciones te abracen de forma extrañamente suave. Uno de los mejores discos de la década.

Después vendría El cuaderno de pétalos de elefante, donde se embarca en un disco-libro experimental (ornamentado con dibujos de Vasallo) con poemas musicalizados por el gran Suso Saiz (con el que ya trabajó en Criaturas). Un álbum complejo que gana con cada trago/escucha. En 2005 se vuelve a meter en el estudio y, con la libertad que le caracteriza, ajeno a las modas imperantes, graba Los abismos cotidianos, con aroma de música popular en el que retrató la desorientación con que vivimos. Impagables las colaboraciones de dos mujeres por las que sentimos gran admiración, Christina Rosenvinge y Leonor Watling, y la particular versión/homenaje a Enrique Urquijo con “Demasiado tarde”.
Tras la publicación de Las huellas borradas 2000-2006, que incluye algunas canciones de trabajos anteriores, temas inéditos, nuevas versiones y colaboraciones con Luis Eduardo Aute o Quique González, presenta un álbum a dos voces, La Máquina del Mundo.
Este disco surgió después de asistir a un recital de Roger Wolfe en 2004 en Donostia. Diego Vasallo logró contactar con el poeta gracias a su amigo Karmelo Iribarren, con la finalidad de hacerle llegar su admiración. Admiración que resultó ser recíproca y que llevó a una amistad epistolar que desencadenó en el ofrecimiento de Wolfe para realizar algún tipo de colaboración. El resultado son once poemas del inglés/gijonés transformados en canciones por Diego Vasallo, otro regate a la lógica que todo aficionado a la música/poesía debería escuchar.

Su siguiente disco sería el más austero y crudo hasta la fecha, Canciones en ruinas. Unos textos en los que se desnuda sin pudor, cantándolos con una voz cada vez más grave que huele a tasca, nicotina y calles mojadas. Todo en un precioso blanco y negro que colorea nuestros corazones rotos. Como la hermosa “A ras de noche”, por escoger una entre las nueve que componen un álbum exquisito.
Pero si con el trabajo anterior se había despojado de la ropa, en el siguiente, en 2016, saca directamente el bisturí y se abre en canal. Baladas para un autorretrato es un disco que es un poemario que es una obra de arte. Es el disco que habría creado Tom Waits si hablara castellano. Pero no hizo falta, tenemos a Diego Vasallo.

Tres años más tarde llega Sesiones de Moon River, vol. 1, con una edición limitada y grabada en directo ante cincuenta personas, en los estudios del mismo nombre en Santander. Ahí encontramos ocho canciones habituales de su última gira y una banda en estado de gracia.

El 7 de febrero del 2020, nada más salir Las Rutas Desiertas, lo escuchamos en casa, con las luces apagadas, un whisky y el no último cigarrillo. Nos voló la cabeza. Con un optimismo eléctrico, sin olvidarse de la aspereza y minimalismo que le caracterizan, saboreamos cada canción regocijándonos con la idea de ver defender esta obra colosal en directo. Pero llegó la puta pandemia y tras un solo concierto el tiempo se paró. Durante aquellos largos meses, canciones como Mi Historia o Esta Noche no se Parece a Ninguna fueron fieles compañeras nocturnas. Como en otras ocasiones, la calidad no se vio correspondida con su repercusión.
La historia se repetiría en 2022 con su último LP, Caemos como un ángel. Sin virus esta vez, pero con una industria sorda a la mayoría de los autores que transitan por los márgenes. Porque vuelve a facturar siete canciones, de larga duración y sin estribillos, que le encumbran como uno de nuestros más grandes bardos, nuestros Nick Cave o Lou Reed. Y si no nos creen escuchen, por ejemplo, Rumbo equivocado, Línea directa con tu corazón o la que da nombre al disco, donde Diego Vasallo escribe algunos de sus mejores versos.
Cansado quizás de la industria musical, su último EP, “Malo ni bueno”, formado por cinco canciones, lo ha cocinado él mismo, con la ayuda de Fer García, Kaki Arcarazo y Estanis Elorza. En estos tiempos, su escucha es imprescindible.

De venta y escucha exclusiva a través de la plataforma de Bandcamp.
¿Y la pintura? El primer amor de juventud, nunca olvidado ni abandonado, parte intrínseca del artista donostiarra, su amante impar asomado a algunas de sus portadas y libros.
El gran paso al público tiene lugar en 2002, cuando presenta su primera exposición Diario de un poema en la galería Arteko de Donostia.
Del arte figurativo de sus inicios transmutó a un abstractismo paisajista, con ecos a William Turner, a través de una paleta casi reducida al negro y un amarillo ocre que se entremezclan para expresar una mirada especial que en la mayoría de las ocasiones surge de una idea al azar. Y es a través de estos cuadros que podemos recomponer el puzzle completo del artista.


Él, que no se considera poeta, lo cual, como desvergonzadamente afirmamos en el título de esta entrevista, ponemos en duda, también ha publicado tres poemarios cortos. Los dos primeros acompañados de ilustraciones propias y el último, El porvenir no llega, el pasado no importa (editado por la editorial Difácil) de fotografías tomadas por el propio autor donde rescata de lo cotidiano lo excepcional. Un diario ilustrado de su día a día.
Por último, no podemos esperar a ver el documental que ha realizado Beatriz Echeverría, Diego Vasallo, La posteridad para más tarde, donde nuestro protagonista ha permitido entrar en la intimidad de su proceso creativo.
Y una vez realizada esta introducción, en algunos aspectos ficticia, pero desde el respeto y admiración, J. Félix González-Encabo @profesorjonk y José Díaz de Cerio @jdiazdeceriojackson, uno con un pincel y el otro con la guitarra, pintan/componen unas preguntas.

La música y la pintura son, junto a la literatura (poesía, letras), los dos cimientos sobre los que se alza su figura (al menos cara al público). A la hora de expresar su mensaje y la búsqueda del yo, ¿qué le ofrece la música que no le da la pintura y viceversa?
La música es el lenguaje más directo que conozco. Va como una flecha a los sentidos, sin pasar por el filtro de la razón. No son ideas, son sensaciones puras, arrasando con todo. No hay defensas contra ella. La pintura para mí es algo más cercano a la ensoñación. Nos acerca a una especie de meditación contemplativa, requiere más esfuerzo, más atención del observador. Hay que implicarse más para introducirse en su misterio.
¿Cuánto hay de racional y cuánto de visceral en la obra de Diego Vasallo?
Mis pinturas, creo, tienen un impulso muy visceral, irracional. Al pintar la concentración es máxima, una especie de trance que me lleva hacia lugares que desconocía. Pintar es un estado y una sucesión de hallazgos. El azar y el accidente juegan un papel importante. Es un proceso de corrección y depuración de todo lo superfluo, en busca de una imagen lo más esencial posible.
Las canciones son otra cosa. Su construcción es más pausada. Puedo tardar meses en terminar una. Los versos vienen al vuelo, cuando menos te lo esperas. Es otro ritmo.
¿Considera que su obra es autobiográfica o hay en ella hueco para la caracterización y el retrato?
No soy un narrador. Mis canciones apelan a la sensación. Surgen muchas veces como una imagen. Son más bien como fotografías en movimiento. Hay también en ellas una poetización de la vida. Coger un detalle, un momento, y pulirlo, regodearse en él, convertirlo en algo épico en su intranscendencia.
A algunos músicos se les ocurre un riff y luego tienen que conseguir sonidos vocálicos que suenen bien con esa música. Casi cantan antes de que aparezca la letra. ¿Podría explicar la relación entre las palabras y la música en la composición de canciones?
En mi caso suelo tener un armazón melódico con unos cuantos acordes y sobre él voy construyendo un texto que termina de dar forma a la canción. En realidad no creo que haya un método para escribir canciones. Cada autor es un método en sí mismo. El secreto para mí de que una canción funcione es que letra y música formen un todo indisociable, que fluyan los versos con la música. Es todo uno, no se pueden separar. La canciones se escriben para ser cantadas, no leídas.
¿Piensa que una canción evoluciona con el paso del tiempo o se mantiene inmutable, como si fuera una reliquia de una época específica que no puede transformarse?
Las canciones están hechas de un material totalmente moldeable. A mí me gusta corromperlas, disfrazarlas, darles la vuelta. Incluso cambiarles algunos versos. Se puede hacer casi cualquier cosa con una canción. Yo suelo cambiar mucho mis temas antiguos en los conciertos. Los adaptamos al sonido actual de la banda. Me gusta jugar con ellas.
Sus últimos discos son envolventes y de digestión lenta, de los que crecen con el tiempo. ¿Son las letras lo más importante en su música?, ¿podríamos decir sin pudor que es usted un poeta?, ¿se considera como tal?
Creo que letra y música deben formar un todo, son inseparables. Todo es importante en una canción: texto, arreglos, melodías, sonido, producción, la propia textura de la música…
Yo me considero escritor de canciones, que no es poco. La poesía debería aparecer entre líneas, por ahí, debe impregnar lo que se está diciendo. Llevar lo ordinario a algún lugar extraordinario, ése sería uno de los cometidos de un cantautor.
Gracias por la versión de “Slowly”, del siempre genial y elegante Luis Eduardo Aute, creo que la hace suya. ¿Qué cantautores internacionales son sus referencias?
Muchos. Mark Lanegan, Nick Cave, John Murry, James Johnston, Duke Garwood, John j. Presley, Hugo Race…
¿La voz cavernosa es fruto de la evolución natural o se trabaja como instrumento que mejor va con su música y letras?
Las dos cosas, supongo. La voz va cambiando con los años, es inevitable. Y también se utiliza como un instrumento, cantando más grave a veces en mi caso, forzándola, destruyéndola, lo importante para mí es la expresión, cualquier registro puede servir.
En una ocasión David Bowie dijo «Soy una persona que no siente que necesite que alguien califique mi trabajo de ninguna manera en particular. Trabajo para mí». ¿Es de la misma opinión? ¿La independencia creativa es innegociable?
No creo que un artista trabaje para él. Uno de los motivos últimos de toda creación es la comunicación. Pero eso no significa menos libertad creativa. Eso sí es innegociable, al menos para mí. El reto de superarte es el motor de todo. La ambición artística debe ser máxima, para luego quedarte donde tus posibilidades o tu talento te coloquen. Escuchar lo que quiere el público no creo que sea conveniente. Hay que obligarle a hacer esfuerzos también.
El álbum doble de Duncan Dhu, “Autobiografía” me llegó en un momento personal complicado y me atrajo especialmente la sorprendente voz de aquel Diego Vasallo, a la que dio rienda suelta en su primer álbum con Cabaret Pop. ¿Cómo se gestiona la inclusión de una segunda voz en una banda reconocida normalmente por una única voz?, ¿conllevó algún problema?
Fue algo que surgió de manera más o menos improvisada, en el estudio. Ese disco, en particular, tiene muchas canciones y permitía ese tipo de experimentos. Le daba más dinámica al disco. En cualquier caso que un autor de canciones empiece a cantarlas sólo es cuestión de tiempo.
¿Qué tiene de positivo el nuevo mercado digital para artistas creadores de álbumes de degustación lenta?
Lo único positivo del streaming es la facilidad para descubrir la música de otros artistas. En general ha sido desastroso para la industria y los músicos en particular. Se paga algo ridículo por escuchas y en consecuencia los presupuestos para grabaciones van menguando. Que no se vendan discos es algo muy negativo.
Excusa non petita, acusatio manifesta… pero ¿dónde habría llegado Duncan Dhu de no haberse disuelto? ¿O el proyecto se había agotado poco a poco y nunca tuvieron la tentación de mirar atrás?
Todos los proyectos se agotan. Es ley de vida y Duncan Dhu no fue una excepción. Cuando lo dejamos estábamos ya muy perdidos. Ya cansados también.

¿Principal rasgo de tu carácter?
Dispersión.
¿Qué cualidad aprecias más en un hombre?
La educación, la inteligencia, el sentido del humor.
¿Y en una mujer?
Las mismas.
¿Qué esperas de tus amigos?
Disfrutar de su compañía.
¿Tu principal defecto?
La impaciencia.
¿Tu ocupación favorita?
Leer.
¿Tu ideal de felicidad?
Caminar y leer, a poder ser cerca del mar.
¿Cuál sería tu mayor desgracia?
La pérdida de alguien cercano.
¿Qué te gustaría ser?
Un jubilado en Menorca.
¿En qué país desearías vivir?
Me conformo con este país tan imperfecto.
¿Tu color favorito?
El gris.
¿La flor que más te gusta?
Lirios.
¿El pájaro que prefieres?
Las golondrinas.
¿Tus autores favoritos en prosa?
Emil Cioran, Josep Pla, Marguerite Yourcenar, Joan Didion, Elizabeth Jane Howard, Eduard Von Keyserling, Luis Landero, Miguel Torga…
¿Tus poetas?
Ángel González, Eloy Sánchez Rosillo, Juan Luis Panero, Karmelo Iribarren, Roger Wofe, Bukowski, Raymond Carver…
¿Un héroe de ficción?
The Spirit.
¿Una heroína?
Catwoman.
¿Tu músico favorit@?
Nick Cave.
¿Tu pintor preferid@?
William Turner.
¿La película de tu vida?
Muerte en Venecia.
¿Tu héroe/heroína de la vida real?
Los voluntarios.
¿Tu nombre favorito?
Toska.
¿Qué hábito ajeno no soportas?
El desorden.
¿Qué es lo que más detestas?
La mala educación.
¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo?
Adolf Hitler.
¿Qué virtud desearías poseer?
La paciencia.
¿Cómo te gustaría morir?
En mi butaca.
¿Cuál es tu estado de ánimo más común?
La ensoñación.
¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia?
La sinceridad innecesaria.
¿Tienes una máxima?
Deja para mañana lo que puedas hacer hoy.

Su deseo de conmover permanece intacto. Y que nunca se apague.
DIEGO VASALLO EN INTERNET:
DISCOGRAFÍA:
- Cabaret Pop, con Cabaret Pop (1991)
- Realidad Virtual del Rock N Roll, con Cabaret Pop (1992)
- Diego Vasallo y el Cabaret Pop, con Cabaret Pop (1995)
- Criaturas (1997)
- Canciones de amor desafinado (2000)
- Cuaderno de pétalos de elefante (2002)
- Los abismos cotidianos (2005)
- Las huellas borradas (2006)
- La máquina del mundo (2006)
- Canciones en ruinas (2010)
- Baladas para un autorretrato (2016)
- Sesiones de Moon River, vol.1 (2019)
- Las rutas desiertas (2020)
- Caemos como cae un ángel (2022)
- Malo ni bueno (2023)
BIBLIOGRAFÍA:



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