Nuestro apreciado Antonio Ramírez Pedrosa comparte este sentido homenaje de un joven que, como todos, necesita encontrar palabras de ánimo, un discurso adecuado, un aliento, una luz que seguir cuando se está empezando. Y, terminando la adolescencia, tuvo la suerte de encontrar a Joan Margarit en una graduación entre alumnos despistados.

Hay que recuperar la libertad de expresión en un sentido real, que la gente deje de tener miedo a decir lo que piensa de verdad, y no esté tan preocupada de nadar sólo en las corrientes de opinión. Y también debemos ser lo suficientemente inteligentes como para aprender de quienes no piensan como nosotros y aceptar que habrá cosas en las que estén en lo cierto.