tantos siglos de literatura para esto

despertarse sobre las once, hacer el café, estar algo activo, leer absolutamente todo otra vez sobre el mercado de fichajes, fumar despacio, limpiar la casa, empezar a emborracharme ya, pensar sobre el set-list y el sombrero que utilizaré al ir a buscarte. tostarme indignamente, obviar mi hiperactividad, leer un rato, revisar el mail, las ofertas…

Redes, tanatorios y canciones largas

Joder, unos treinta años sin verle y ahora vuelven su pipa y su sombrero, su barba, su ingenio, su oratoria, su humor cínico e inteligente, su desprendimiento, su distancia de todo, su verdad.

Psiquiatría familiar junto al mar

Resulta sorprendente cómo maneja moralmente a los demás, cómo aniquila todo atisbo de esperanza, cómo conduce la conversación y los chistes -siempre tendentes a la necrofilia-, cómo cuando has escuchado y has asumido tus culpas y miserias, la mercancía que permanece en stock, él se siente fortalecido y al cabo sonríe inconscientemente con malicia.
Entonces, un rato después eres capaz de odiarlo por el fardo de tristeza que carga sobre tus hombros, pero cuando duerme y lo miras, comprendes que tiene la madurez y la mente de un niño que se rechaza a sí mismo.
Y eso, amigos míos, constituye una mezcla peligrosa.

la última tarde

“Pero después del amor, de la rutina,
la propiedad privada y el verano,
la realidad regresa
inconformista”.
Rosa Berbel