La boca desdentada del Riomar, cuento de La Habana

Cuando tienes diecisiete años y estás lista (o eso crees) para perder la virginidad, sabes de antemano que el día se te quedará grabado en la memoria como un insecto atrapado en resina. Y ya no será un día cualquiera de 1989, sino la fecha que marca tu paso de niña a mujer, como en ese bolero tan cursi que ponen en todas las fiestas de quince.