El presidente de la FIFA, Jules Rimet, había abandonado su palco unos minutos antes del encuentro para practicar su discurso de felicitación, que sólo había escrito en portugués. Rimet obvió la ceremonia que tenía preparada y al cruzarse con el capitán uruguayo Obdulio Varela, le entregó el trofeo de tapadillo sin decirle una sola palabra, sin más alarde que estrechar la mano del campeón del mundo. En la foto parece que entrega una urna con cenizas más que La Copa del Mundo.