Diecinueve años después, Pau Casals y Antonio Machado

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Diecinueve años después y algunos días más tarde, un músico con sombrero cruza el umbral de un camposanto. Es una tarde de grises que pugnan entre sí. El músico lleva abrigo pues hace frío. Camina entre las lápidas que algún día fueron de marmóreo blanco cenital hasta encontrar su destino, una tumba sencilla.

De mampostería y formas simples, austera, comprensible, agraciada…Así es la lapida que guarda al poeta. Su poesía: un canto al pueblo llano, a la libertad de enseñanza, al amor por lo puro, sin retorcidos artificios ni adornos exagerados. 

Un hombre de fe y religioso que no profesaba la religión oficial. Un hombre que recorrió su patria con ideas, palabras y un maletín de profesor. Un hombre que luchó con versos por sus arraigadas creencias que no eran las creencias arraigadas. Un hombre que amó hasta el final aquella patria que desangrada lo vio partir hacia un forzoso exilio.

Quizá nuestra única posesión sea la tierra donde yacemos. Si así es, esa es la tierra de Don Antonio y ante ella se inclina el músico, diecinueve años y unos días más tarde. Se quita el sombrero y a pesar de lo fría que está poniéndose la tarde también deja, a los pies del túmulo, su abrigo.

El músico habla con el poeta, primero en la voz queda y muda de sus pensamientos; luego en susurros apenas audibles que el viento trata de arrastrar sin éxito. ¿¿Qué se dijeron músico y poeta aquella tarde en el camposanto de un pequeño pueblo francés??

El músico sitúa en posición una pequeña silla plegable y desenfunda su instrumento con forma de amante. Se acomoda el mástil contra el cuerpo y saca el arco.

No necesita más. Si la música es emoción, ésta lleva contenida demasiado tiempo y las notas brotan empapando el aire con la fuerza del alma vibrando a través de la composición.

Nadie sabe a ciencia cierta qué pieza toco. Quizá el Canto de los pájaros. Poco importa.

 Me hubiera gustado estar allí, apoyado en el muro, escapando a los deberes infantiles y ser un testigo mudo e inocente de la conexión entre aquellos dos hombres expulsados de su hogar y que diecinueve años más tarde y unos días después se abrazaban en la quietud de una colina francesa.

PD

Antonio Machado, poeta, murió en febrero del año 1939 en el pueblo francés de Colliure, fue enterrado en un nicho prestado. En el año 1958, gracias a una colecta popular llamada una “tumba para un poeta“, se le dio una sencilla sepultura junto a su madre.

El famoso compositor y violonchelista Pablo Casals, también exiliado, visitó en soledad su tumba unos días después de esta segunda inhumación. Se dice que tocó para él su himno “El canto de los pájaros”.

Freddy Santos García

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. doctorzivago dice:

    Mil gracias al dibujo de Maria Jose Carmona, realizado solo para este escrito y que lo supera por todos lados….Me quito sombrero

  2. ¡Precioso!

  3. dovalpage dice:

    Gustando y compartiendo. Buena lectura para la semana de exámenes finales.

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