American Rapstar, chicos tristes y cine independiente

American rapstar, la película

La semana pasada se ha celebrado en Barcelona el Festival Internacional de Cine Documental Musical InEdit y por allí se ha pasado Gema Monlleo, que nos comparte su visión de «American Rapstar», probablemente la película más impactante de esta edición, historia de raperos en Florida, recién subidos a la industria musical y enganchados a los opiáceos, la última epidemia de drogas que consume Estados Unidos.

Esperamos que os guste. Salud y abrazos, Profesor Jonk

El SoundCloud Rap bajo el imperio del dolor

2017. Day and Night Music Festival. En el escenario: raperos cantando, volando sobre el público, distorsionando todos los graves posibles y consumiendo Xan(a)x y Oxy(contin)s en escena. No hay filtro (real ni de Instagram) para lo que vemos. 2017. Day and Night Music Festival. En el backstage: furgonetas con sofás pequeños, risas a cámara lenta, muchas gafas de sol, ceniceros repletos y botes de pastillas vacíos, móviles siempre en las manos y tristeza, mucha tristeza en los ojos y en las palabras. No importa lo que digan, no importa que rían, no importa que presuman, la tristeza está ahí. Detrás. Enfrente. Dentro.

Jon Caramanica, crítico musical de The New York Times y el hilo que vertebra American Rapstar (Justin Staple, 2020) lo afirma con benevolencia, y sí, tiene razón: son sólo chicos tristes. Raperos que ascendieron desde lo más hondo del dark SoundCloud y que en lo que dura un relámpago pasaron a firmar contractos de siete cifras con las discográficas más shine pero que no consiguieron apagar su nihilismo. Chicos tristes con actuaciones en vivo frenéticas, melodías machaconamente pegadizas, reverberaciones sincopadas, lirismo dudoso… 

Poster de la película American rapstar
Poster de «American rapstar»

Estamos en los DosMil: la era de la soledad, la vulnerabilidad y la ansiedad, y estos chicos tristes perciben el mundo como un lugar intrínsecamente inhóspito. La subcultura del hedonismo como supervivencia, la automedicación para adormecer el dolor, y como postre la adicción a las redes, el always-on-live que acrecienta ese desamparo (todo pasa por un vídeo de Instagram, incluso la muerte -esa imagen de Lil Peep muerto en su trailer, el asesinato de XXXTentación…-).

Lil Peep, American rapstar
Lil Peep, ya leyenda del emo-rap. Live fast, die young
American rapstar, the movie
XXX Tentation haciendo moshing en tiempos de móviles

Veo American Rapstar y evoco continuamente la historia que relata Patrick Radden Keefe (no confundir historia con ficción) en su libro El imperio del dolor (Reservoir Books en castellano, Periscopi en catalán). Y es que, aunque la familia Sackler no sea la única responsable de toda la sobremedicación de niños a partir de 12 años en Estados Unidos, su sombra sobrevuela.

No sé si el fentanilo, el oxycontin, el xanax, o el alprazolam, sumieron más en la distorsión mental y en la pobreza a las familias de estos raperos, y es por eso que sus madres (no hay padres, sólo están ellas) aparecen ahora ufanas y gozosas del éxito económico en el documental en el que sus hijos todavía están vivos (me gustaría haber visto a las de los difuntos ídolos caídos). No sé qué capitalismo salvaje de libre mercado es más tóxico, si el de las compañías farmacéuticas o el de las discográficas (millones de adictos versus millones de ingresos), pero la obscenidad en sus beneficios es la misma. Y el resultado legalmente incontrolado de todo ello es similar (imperdible el momento en que aparece Trump (¡!!!) compungido por las 250 muertes diarias por sobredosis en Estados Unidos, naturalmente sin poner ninguna cortapisa legal al avance de la epidemia).  ¿Otra vez el triunfo de la amoralidad sobre los más débiles?

Energía rebelde en subidón constante la de los protagonistas, estos chicos tristes que se debaten funámbulos entre la tristeza y la hipomanía, estos chicos tristes que se tatúan la cara con imágenes de Anna Frank y símbolos diversos, estos chicos tristes que ganan millones de dólares con un ejército de fans (¿también tristes?) previo a su salto a la fama desde los sótanos de Florida a la industria convencional (esa que antes no les dejaba espacio hasta que el éxito del dark streeming les obligó a recular).  ¿Cómo analizar el (des)equilibrio entre ética del trabajo, estado mental y genialidad creadora? ¿Dónde está la brújula moral y a quién le interesa? De nuevo los Sackler como paradigma de su ausencia…

Me imagino la dificultad de Justin Staple por encontrar a estos chicos (algunos niños, como Matt Ox, 12 años-¡!!!-), que giran en conciertos y graban videoclips compulsivamente, en un momento en que estuvieran de suficiente humor y lo suficientemente sobrios de alcohol y pastillas como para entrevistarlos y conseguir una veracidad mínimamente entendible en sus declaraciones. Y es que, a pesar de lo agotado que está el tema éxito-drogas-juguete-roto hay pocos tópicos y muchos momentos de honestidad en esta película (estoy segura que también mucha autocensura para evitar el morbo por el morbo).

Entre los raperos (Smokepurpp, Lil Xan, Juice Wrld, Lil Pump) sólo Bhad Bhabie parece mantener cierto equilibrio entre un discurso agresivamente racional y un modo de vida que no pasa (al menos en apariencia) por la autodestrucción de las drogas y sus consecuencias (“sólo los que no tengan tatuajes en la cara tal vez podrán rehacer su vida cuando “esto” -¿el éxito?- pase”). Ella es, tanto desde el punto de vista estético como del de los discursos, la voz disonante y la que parece más enfadada (contra el mundo) que triste.

Collage de Bhad Bhabie
La rapera Bhad Bhabie, ¿fuera de la espiral de autodestrucción y hacia el mainstream?

American Rapstar no es un documental para fans (aunque también), es un documental para adultos que quieran entender a esta generación de chicos tristes más allá de la música (muchos ya muertos pero vívidamente inspiradores -yo tampoco puedo resistirme al emo-rap de Lil Peep-). Porque, ¿cómo quedar impasible ante el dolor de estos chicos tristes vestido de letras sin subjuntivas y ritmo fácil? ¿Cómo quedar impasible ante estos chicos tristes que se jactan de haber resucitado más de diez veces post shock de fentanilo? ¿Cómo quedar impasible ante estos chicos tristes con el asiento trasero del coche a rebosar de los “típicos botecitos naranjas” de pastillas? ¿Cómo quedar impasible ante estos chicos tristes con más color en el pelo rasteado que en la mirada? Son chicos tristes. Sólo chicos tristes de Broward, South Florida. 

Quizás, para inconcebible asombro de los Sackler, su dinastía de filántropos no está tan lejos de los chicos tristes del SounCloud Rap. Porque ¿no son todos ellos la misma cara, y las peores consecuencias, del sueño americano antes de desplomarse sobre nosotros?

American Rapstar (2020, Justin Staple)

El imperio del dolor (2021, Patrick Radden Keefe)