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Tres de enero, nuevo relato de Freddy Santos

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Su silueta se desnuda en negro sobre blanco sobre la pared del baño.

Parpadea la vela, su llama ilumina un mundo donde la luz tiembla y todo se convierte en sombras.

Se sumerge en la bañera y cierra los ojos.

La música invade la estancia y el baño.

El agua caliente es un alivio para el dolor, y el cansancio… y el dolor. La música es medicina para el corazón.

Se escucha al fondo el chasquido seco de la cerradura exterior.

Nada más, es un hombre silencioso.

El agua continúa saliendo tibia de los grifos de la bañera.

Es un viejo ritual.

Cerca de la puerta entreabierta del baño, él enciende otra vela. Y empieza a leer. Su voz se alza sobre la suave música que lo inunda todo, la habitación y el mundo.

Lleva un año seleccionando los pasajes de diferentes libros. Los recitará en alto una hora, más o menos. Voz profunda y las pausas precisas, a cada coma se detiene, a cada punto mayor cadencia. Intenta narrar de forma desahogada y carente de emoción adicional el párrafo que con tanto tiempo, cuidado y Cariño ha seleccionado.

Es tres de enero. Año impreciso

 La luz de la luna se filtra tímida por el ventanuco del baño.

No siempre es la luna la invitada y testigo muda de este encuentro entre ambos.

A veces es la lluvia la que llama a través del vidrio, a veces el viento, a veces una rama golpea rítmicamente del lado del exterior …

Nunca el sol.

Le basta el silencio de una coma para escuchar su respiración.

Vencieron a un nunca más, a un por siempre, a una promesa.

A No verse jamás.

Una vez al año ella alquila una habitación. Él llega primero, prepara la música, deja una silla apoyada en la puerta del cuarto adyacente al baño.

Y Se va.

Luego ella. Llenar la bañera, volcar en ella los aromas que en algún lugar del mundo y una tarde cualquiera el compro y guardo para un nuevo tres de enero.

Al tiempo vuelve, el. En silencio. La observa a través de las sombras de la pared como Platón.

Y lee,

No siempre logra reprimir su emoción.

Algunas veces llora. Otras muchas no

El agua se va volviendo tibia, él termina la narración.

Él se va primero.

Deja la silla en su sitio, el libro sobre cualquier mesa.

La música deja paso al silencio

Suena de nuevo la puerta y él se marcha con el mismo silencio que le acompaño al llegar.

Ella suspira. El agua resbala por su cuerpo cuando se levanta en busca de la toalla, unas gotas se arremolinan alrededor de la cicatriz.

Ya hay menos dolor

Es tres de enero.

Hoy no hace frío

Quizá dentro de un año lloverá …piensa mientras deja las llaves en recepción y se adentra en la noche de esa ciudad que aún no ha tenido tiempo de conocer.

Freddy Santos

Nota

“La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, a pesar de todo, el acto de leer permite una comunicación entre dos seres humanos”

 Paul Auster

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