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Hoy cumple años Fionna Apple

Su primer disco me encontró viviendo en Los Ángeles, que es una forma bastante eficaz de decir que yo también estaba empezando otra cosa sin saber exactamente cuál.

Escuchaba Tidal mucho.
Demasiado, seguramente.
Pero hay discos que no se escuchan: se instalan.
Empiezan ocupando cuarenta minutos y terminan quedándose con años enteros.

La vi en directo en el Wilshire, durante aquella gira.

Todavía recuerdo la sensación.

No el concierto entero, claro. La memoria tiene peor archivo del que presume. Conserva una luz, una postura, una canción, el modo en que alguien se acerca al piano. Después rellena los huecos y asegura que todo ocurrió exactamente así.

Pero recuerdo que fue extraordinario.

Y recuerdo también que yo estaba enamorado de Fiona Apple.

Lo digo ahora y suena un poco absurdo, que es probablemente la característica principal de ciertos enamoramientos.
No estaba enamorado de una persona que conociera.
Estaba enamorado de una voz, de una inteligencia, de una manera de mirar como si el mundo le debiera explicaciones.

Una musa, supongo.

Las musas tienen esa ventaja: nunca te preguntan dónde has estado.

Ella estaba allí abajo y yo sentado arriba, entre cientos de personas, convencido durante un rato de que algunas canciones habían sido escritas exactamente para llegar hasta mi fila.

Luego uno crece.

O cambia de ciudad.

O aprende nombres más serios para sus errores.

Pero ciertas canciones siguen teniendo una llave.

Y cuando suenan, Los Ángeles vuelve.
El teatro vuelve.
Vuelve aquel tipo que fui, sentado en la oscuridad, mirando a una chica tocar el piano y creyendo que eso podía explicar algo.

Quizá podía.

Feliz cumpleaños, Fionna.

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