primero el olvido y después nosotros
cambiaría los momentos,
los lugares, las personas,
las palabras, le daría
la vuelta a la vida solo
para conocernos en otras
circunstancias, con los nombres
y las actitudes que tú
escogieras, o me cambiaría
a mí, y sería el ciego
que te buscara eternamente
en una sala hecha de espejos.
será mi condición de eremita
fracasado la que me empuja
a la distancia, o un nuevo
favor del destino, que otra
vez me absuelve; aún
así, te sigo recordando
con la misma facilidad
que tú tenías para ocultar
tus sentimientos: haciendo
pedacitos el paquete de tabaco,
hablando y bebiendo tanto
para fingir absurdamente.
sin haber cumplido todavía
muchos años, pensar en ti
me hace sentir muy viejo,
cansado y débil, ebrio
de pereza, y tengo
los ojos exhaustos de repasar
los momentos, los lugares,
las personas, las palabras,
tratando de encontrar ese
punto exacto en que empecé
a perderte para siempre.

