Alegato por la horizontalidad, las redes y el paradójico libre mercado al que nos conduce la ruptura de los canales tradicionales. Vuelta al trueque y la ausencia de gurús autoproclamados con sus tijeras de podar.

Dubai ... A través de Publicar en tiempos de meritocracia, Liberoamérica

Una tarde de marzo del año 2000, bajo el cielo angelino que irradiaba Los Feliz, me encontraba leyendo en un coffee shop (lugar idóneo para trabajar en proyectos ilusionantes o aparentar para noches apasionantes) el LA WEEKLY, un periódico cultural y gratuito de tirada semanal. Al llegar a la sección de literatura me topé con un artículo sobre una novela de reciente publicación.

Las listas, ya sean acerca de las cosas que deseamos hacer antes de morir, de la compra o sobre cualquier cosa que imaginable, nos acompañan desde la escritura misma.  En ocasiones son salvavidas contra el olvido. Otras veces un reflejo de nuestra vanidad. Ya sean los amantes con los que soñaba Marilyn Monroe llevarse a la cama, el Canon Occidental del petulante Harold Bloom, o la lista de canciones que grabábamos en un casete para encandilar a la compañera de clase sentada a nuestra derecha.

The Doors, banda superlativa, por la especificidad única que le imprimió el Fender Rhodes Piano Bass del tecladista Ray Manzarek y desde luego por el aura de su frontman, Jim Morrison, poeta, pensador, cantante, uno de los personajes más reconocibles y reconocidos de la Historia de la música popular, en cuanto a influencia de su obra y pervivencia del mensaje y de la misma persona física en el imaginario colectivo, nivel Elvis, Dylan, Lennon, Sinatra y poco más.

…la vida serán dos segundos con olas, risas, niños, enfermedad, compromisos, miedos, gastos innecesarios, amenazas, aburrimiento, viajes sin hijos, nido vacío, muertes de seres queridos, coche nuevo, mobbing, fortaleza y crecimiento, adolescentes, teatro infantil y horas de vídeo, discusiones cíclicas con adolescentes, el hombro para que lloren, las primeras arrugas suyas, miradas cariñosas, cuñados, sexo intermitente, jardinería, libros compartidos, lágrimas de alegría y algunas más de dolor, quizás divorcio y aun así amor eterno que durará lo que duran los dos segundos de su cabello cayendo sobre su ojo derecho. 

… Estuve esperando en la fila, con pose beat, mi turno para entrar. Inquieto. Huérfano de un libro de Kerouac o Allan Ginsberg con el que escudarme y proyectar a su vez una falsa aura de intelectual despreocupado con ganas de entrar al ring para disputar una velada amañada. En esta ocasión mi única compañía eran una vieja libreta y un bolígrafo, ya que tenía que escribir un artículo del concierto para la revista de mi universidad.

Calma, grungies, que nos conocemos. El viernes Pearl Jam estrenó su película “Gigaton Visual Experience” en Apple TV y tras unas semanas escuchando su esperado álbum “Gigaton” -el anterior, “Lightning bolt”, data de 2013 lo cual denota un desidia preocupante o simple honestidad- debemos decir que se trata de un disco notable que dejará algunas canciones celebradas en el setlist de sus directos : temas como “Who ever said”, “Quick escape”, “Dance of the Clairvoyants” o “Never destination” pueden crecer ante el público con la voz desgarrada de mediana edad de Eddie Vedder, quizás gritando sinceramente contra lo inevitable como cuando escupía aquello de “This is not for you”. Lo inevitable ahora es distinto, si bien no menos aterrador aunque se lleve con aparente entereza.