…la vida serán dos segundos con olas, risas, niños, enfermedad, compromisos, miedos, gastos innecesarios, amenazas, aburrimiento, viajes sin hijos, nido vacío, muertes de seres queridos, coche nuevo, mobbing, fortaleza y crecimiento, adolescentes, teatro infantil y horas de vídeo, discusiones cíclicas con adolescentes, el hombro para que lloren, las primeras arrugas suyas, miradas cariñosas, cuñados, sexo intermitente, jardinería, libros compartidos, lágrimas de alegría y algunas más de dolor, quizás divorcio y aun así amor eterno que durará lo que duran los dos segundos de su cabello cayendo sobre su ojo derecho. 

El rock de principios de los 70 marcó uno de los momentos más algidos en cuanto a creatividad y número de bandas y artistas emergentes que rompieron barreras en distintos estilos. Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, David Bowie, Iggy Pop, T-Rex, Lou Reed, Kiss, Frank Zappa, Pink Floyd… Todos grandes pero algunos con altibajos en su carrera y otros, desgraciadamente, pronto desaparecidos.
No es el caso de Pink Floyd, quizás la banda más grande del mundo si tenemos en cuenta su calidad, estabilidad, longevidad y huella que extrañamente va a más con el tiempo. Como los clásicos, como el buen vino, para quienes quieran iniciarse hoy hacemos una breve reseña de sus quince obras maestras.

Un hombre en camisa de rayas y bluejeans desteñido venía hacia mí con los brazos abiertos, pisoteando las margaritas tiernas de un césped verdemar. Yo, muy vestida de blanca novia, con velo y cola y corona de azahar, corría a su encuentro. Ya íbamos a encontrarnos, ya se oía a lo lejos la música de Wagner y el coro de las ninfas cuando un violento aullido del teléfono me hizo trizas el matrimonio.

New York, la historia de Ryan Adams y una historia nuestra.
Yo era director de exportación de una fábrica de cárnicos, bajé a comer al restaurante y en la mesa alguien dijo que un helicóptero chocó contra el World Trade Center de Nueva York. Un accidente. No, un avión. No, los accidentes no existen. Quince minutos después seguíamos viendo imágenes en directo, no recuerdo que habláramos, ni siquiera las inocuas conversaciones de compañeros de tantos días, sólo mirábamos. El segundo avión se incrustó en la otra torre y la tarde, al igual que la mañana se borró. Sólo quedó ese momento para siempre.

Hoy damos la bienvenida como colaborador en Profesor Jonk al brillante joven poeta madrileño Antonio Navarro Vázquez,  autor del poemario “Ángeles y condenas” , disponible en Amazon, rockero que ha grabado y hecho carretera, filósofo y adicto al blues, que soñó hacer las Américas tocando en los clubs de Los Angeles y ahora nos regala su poesía en SoundCloud. Viviendo rápido y sintiendo lento. Como debe ser.

Siempre me hundió el final del verano, desde niño, cuando se suponía que debería ansiar ver al resto de capullos de la clase tras dos meses de paz y soledad, hasta adulto, cuando a cada septiembre me planteaba tristemente vacíos objetivos no medibles para sobrellevar el tedio que me producía…