«Eyes wide shut», o los ojos bien abiertos de Kubrick

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A David Berrones

Con un universo formado por personajes violentos, deshumanizados quienes batallan contra sus fobias, concebido a lo largo de trece filmes y tres cortometrajes, la visión de Stanley Kubrick fue tan sólida y larga como el siglo XX, periodo que dominó a placer y le sirvió de vehículo para establecer los argumentos necesarios para ser considerado uno de los máximos genios del cine.

Para nadie en la industria cinematográfica eran extraños los largos periodos que Kubrick tomaba entre uno y otro filme; de El resplandor (The shining, 1980) a Cara de guerra (Full metal jacket, 1987), pasaron siete años, pero ni esta prolongada distancia fue suficiente para preocupar a la Warner Brothers, productora única de Kubrick, quien, tras el éxito conseguido en 1987, no terminaba por decidirse a filmar uno de los múltiples proyectos que tenía en mente.

Fue en diciembre de 1995 cuando la Warner anunciaba que su director estrella, Stanley Kubrick, filmaría su siguiente película titulada Ojos bien cerrados (Eyes wide shut, 1999). Esa noticia daba por concluidos los rumores sobre la posible filmación de Entrevista con el vampiro, El perfume o Inteligencia artificial que en ese momento llevaba el título provisional de Supertoys.

Ojos bien cerrados inicia con la visita del matrimonio formado por Alice y Bill Harford a la fiesta de Navidad que ofrece año tras año el acaudalado Victor Ziegler. Durante el transcurso del baile, Bill coquetea con un par de modelos, mientras Alice es seducida por un maduro húngaro. A la vuelta, en su departamento, Alice le confiesa a su esposo que, durante unas vacaciones, bastó cruzar miradas con un oficial de marina para que ella considerara la posibilidad de abandonarlo junto con su hija. Esta confesión es el inicio del vertiginoso descenso hacia los infiernos de Bill.

Además de su conocido perfeccionismo rayando en la obsesión al momento, no sólo de filmar, sino desde la preproducción del proyecto hasta su proyección en salas de cine, Kubrick gozaba de carta abierta para producir sus películas, características que las casas productoras en la historia del cine sólo han otorgado a Charles Chaplin. Los filmes de Stanley Kubrick lograban unanimidad en la crítica, éxitos comerciales y, de hecho, sus estrenos eran un acontecimiento.

Stanley Kubrick en rodaje

Ante la libertad de elegir sus proyectos, equipo técnico, locaciones y actores, Kubrick recurrió al guionista Frederic Raphael (Lejos del mundanal ruido, 1967), para que adaptara la novela Relato soñado (Traumnovelle, 1926) del austriaco Arthur Schnitzler. Con el guion en mano, el director que nunca concedía entrevistas, ni se apegaba a convencionalismos, se lanzó a la cacería de quienes serían sus intérpretes.

La leyenda en vida que Kubrick hizo de su imagen provocó que no existiera una gran cantidad de actores que quisieran trabajar con él. Era bien sabido en el gremio que darle el sí a este director significaba esclavizarse a sus manías y quizá, condenarse al olvido por parte de la industria; sólo Kirk Douglas, quien ya era una estrella cuando trabajó con Kubrick, Peter Sellers y Jack Nicholson fueron los únicos que sumaron éxitos a sus respectivas carreras después de trabajar este director.

Con todo y eso, sus fichajes iniciales auguraban un éxito sin precedentes. Nicole Kidman y Tom Cruise, quienes para ese momento eran un feliz matrimonio, harían de Alice y Bill; a ellos se sumaba el temperamental Harvey Keitel, el potencial talento de Jennifer Jason Leigh y el multifacético Jonh Malkovich.

El rodaje inició el 4 de noviembre de 1996, con un plan de trabajo de 17 semanas, para filmar una película que se desarrollada en tres días. Sin embargo, el final del proyecto terminó 18 meses después. Hasta el momento, ostenta el título de la filmación más larga en la historia del cine, gracias a la obsesión por el perfeccionismo del director, repitiendo escenas hasta conseguir lo que él consideraba correcto en interpretación, fotografía y encuadre.

Las tensiones entre los actores no se hicieron esperar y, el primero en abandonar el proyecto, fue John Malkovich, cansado de filmar y filmar lo mismo. La larga carrera cinematográfica de Keitel le otorgó una férrea personalidad y la oportunidad de poner en tela de juicio los encuadres del director, diálogos y dudar de la importancia de su personaje, provocando discusiones con Kubrick que finalizaron con su renuncia del proyecto, siendo Sidney Pollock quien lo remplazara tomando el papel de Victor Ziegler, obligando a filmar nuevamente todas las escenas.

Fiel a su costumbre de exprimir hasta el fondo la paciencia y talento de sus actores, justo como lo comprobó Shelley Duvall en El resplandor, quien optó por retirarse una larga temporada del cine tras los regaños y gritos de Kubrick, quien quería el máximo de su actriz; con Nicole Kidman no fue la excepción. Para muestra, los planos en que su marido la imagina en un romance con el oficial de marina, tardaron seis días en filmarse donde no se permitió el ingreso de Cruise al set. En el montaje final, esta secuencia sólo aparece veinte segundos.

En febrero de 1998, Kubrick anunció el fin del rodaje, sin embargo y a pesar del regocijo de todo el equipo, quien además de trabajar al lado de un genio, veían en ese director a un ser humano que hablaba con cualquier integrante de la producción sin importar las actividades que desempeñara, en la sala de montaje, Kubrick decidió filmar un par de planos más entre Cruise y Jennifer Jason Leigh.

Tom Cruise detuvo la filmación de Misión Imposible 2 (2000), pero la segunda no podía darse esos lujos, ya que grababa eXistenZ (1999) de David Cronenbergh. Ni siquiera hubo espacio para discutir. Jason Leigh fue sustituida por una entrenada de Ingmar Bergman, Marie Richardson para tomar el papel de Marion, y se filmó nuevamente la visita de Bill al domicilio de un paciente que acaba de fallecer. Secuencia donde Marion le confiesa su amor a Bill y que no sobrepasa los cinco minutos en la película.

La fecha de estreno se fijó para el 16 de julio de 1999, Kubrick finalizó el montaje, sin música, hasta febrero de ese mismo año, y organizó una proyección en Los Ángeles, a la cual no asistió por su miedo a volar (él vivía en Londres), con dos altos ejecutivos de la Warner, Nicole Kidman y Tom Cruise. El director ordenó al proyeccionista estar de espaldas durante el transcurso del filme, no quería que nadie, salvo los cuatro asistentes, vieran su película que, para cuando finalizó, pidieron que se repitiera. Estaban más que sorprendidos y satisfechos, pero con la preocupación de contar con demasiados desnudos.

Trailer oficial de «Eyes wide shut»

Cinco días más tarde, el 7 de marzo de 1999, Stanley Kubrick moría al dormir, al parecer de un infarto. Los rumores sobre su muerte todavía no se disipan; hay quienes dicen que fue la decepción que le provocó el que la Warner le manifestara su disgusto por el filme, otros aseguran que integrantes de ciertos cultos acabaron con su vida al hacer público uno de sus ritos iniciáticos, aunque también existe la teoría de que fingió su muerte para descansar alejado de la humanidad el resto de sus días.

Lo que es una realidad es que en los últimos años de vida de Kubrick, dormía no más de cuatro horas diarias y, especialmente los meses finales fueron frenéticos para terminar la sonorización y montaje a tiempo. Su muerte sólo aumentó la expectativa del estreno, quedando dos aspectos pendientes. El primero, la banda sonora; esto se resolvió apegándose a las estrictas indicaciones que el director dejó en el guion; Kubrick era un amante del jazz y la música clásica. La segunda, la clasificación del filme; en Europa se estrenó tal y como el director quería, mientras que en Estados Unidos se cubrieron digitalmente varios desnudos para que más público pudiera verla. El resultado: 156 millones de dólares recaudados sólo en Estados Unidos.

Stanley Kubrick se despidió del siglo que dominó a placer con Ojos bien cerrados, y el cierre de su reinado es la secuencia final donde se ve a un acongojado Tom Cruise dentro de una juguetería, ahí dentro su hija corre feliz entre los pasillos. Él reflexiona con su esposa los episodios vividos los últimos tres días y le dice que estarán juntos para siempre. Ella, visiblemente asustada, confiesa darle miedo la palabra siempre, pero que lo ama, sin embargo, les resta algo por hacer. En este momento, la visión de Kubrick logró darle a la humanidad el momento en que belleza y lujuria se tocan. Nicole Kidman, con la mirada fija en los ojos de su marido dice: fuck.



Luis Aguilar(Ciudad de México) es autor y coeditor de la brillante revista cultural CanCerbero con la que iniciamos una estrecha colaboración, una plataforma absolutamente aconsejable para acercarnos a la literatura y el cine desde otro prisma, además de disfrutar de sus geniales relatos.

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