Ceniza roja: diario de cenizas, de Socorro Venegas

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“Tú has muerto. La agonía soy yo”

Esta reseña es un estallido.

Es un grito rojo de empatía con Socorro Venegas.

Es admiración por su escritura sonámbula

Es fascinación por la mortaja consoladora de palabras.

Es dolor atemporal deslizándose por un diario sin fechas.

Esta reseña-estallido aúlla también con/contra la muerte.

Esta reseña- grito-rojo se desploma tras la lectura y deviene grieta.

Esta reseña no es una reseña.

Es una herida junto a otra herida.

Es escritura desde el pozo.

Socorro Venegas escribió Ceniza roja (Páginas de espuma, 2022) hace 23 años, cuando su marido Alan murió de forma súbita. Por prescripción médica, y en un cuaderno rojo regalado por su profesor de escritura, volcó sus emociones en fragmentos, sin voluntad de continuidad regular, y aquel diario de duelo insepulto se ha convertido ahora en un poético libro ilustrado por Gabriel Pacheco.

“Cada palabra nombra el vértigo”

Venegas se abisma a una muerte díptica: la del ser amado y la suya propia desde un anhelo suicida poco explícito. La muerte enfrenta los espejos, de repente no es posible verse si no es a través de la mirada del otro que ya no está o de los otros que no quieren mirar porque el dolor les incomoda.

“Soy como los ángeles de Wim Wenders, invisible y habitante de una eternidad maldita”

El cuaderno, el diario. El cuaderno rojo que le regala su profesor de escritura: “Tome, escriba”. El mandato de su psicoanalista: “Escriba, pero no lea”. La escritura sensorial de Venegas derrumbándose (“estoy horadada”). El dolor concentrado ante la incapacidad de concentrarse. Frases cortas. Casi poemas. Frases-herida, frases-derrumbe, frases-grito: “Yo no quería sobrevivirte”.

“Ya no tengo nada. Soy una fuente inagotable de noches frías, metálicas”

Tras una mudanza: el tesoro en una caja, el cuaderno. Leerlo en voz alta, dejarse golpear por aquellas palabras y ver como germina un libro. El espejo espectral de un cuerpo vivo que espera el regreso de un cuerpo muerto (“te has perdido”). El vagar del desconcertado, del que pierde la pertenencia, del desubicado, del dislocado por un golpe ajeno. Venegas, al escribir, arrastra la mano por el cuaderno, es palpable la dificultad por una innecesaria coherencia. El editor no permite más que mínimos retoques en el texto: que la lectura sea el latir de aquella lluvia.

“Quedarme bajo la lluvia, hasta que se borre mi biografía. Llueve adentro, llueve”

Destellos de vida, de deseo de vida, también en el diario: “Un sonido irrumpiendo dentro de mí, una especie de rasgueo. El gatilleo de algo muy hundido aflorando. Es risa. Mi risa”. Destellos de amor, deseo de amor, destellos de sexo, deseo de deseo de sexo. La voluntad de amar para recuperar el amor por uno mismo. La voluntad de despertar del letargo doloso y admirar el mundo: “Estoy sentada en una banca del zócalo de Oaxaca, bajo unos laureles gigantes, entre sus ramas el sol se tamiza junto con las palomas. Mientras viajaba durante horas en el autobús, fui pasajera de una alegría serena”.

“La vida, alguna vez, ¿me amará de nuevo?”

Ceniza roja es la crónica de cómo sobrevivir a una tragedia. La voluntad terapéutica para Venegas se quedó en aquel entonces y en el hoy es un diario de esperanza, de ahí su dedicatoria “A quienes se les han dilatado las pupilas con la pérdida. La luz volverá”. Escrito durante nueve meses, el periodo de una gestación, insinúa el parto de una nueva identidad, una identidad física y personal pero también literaria. La Venegas escritora, la mujer que quiere escribir, se abre paso a cada frase-fogonazo, a cada frase-guillotina.

“Alumbraremos la herida, a ver qué queda de ella”.

¿Cómo se escribe un diario de duelo? ¿Cómo se describe una pérdida? ¿Cómo se sobrevive al deseo de la muerte?

A estas preguntas quizás haya tantas respuestas como personas, como modos de vida para afrontar la muerte, como tentativas para el adiós. La respuesta de Venegas es Ceniza roja: “Pulverizado tu cuerpo. Y tus ojos polvo y tu piel en el aire y tu pelo en el aire y polvo todo. Pulverizado el amor. Mi sangre petrificada. Ahora yo respiro cada partícula tuya. Cenizas es tu nuevo nombre. Mi sangre, tus cenizas”. La respuesta de Gabriel Pacheco son mujeres jóvenes, de pelo blanco, etéreas, durmientes insomnes (“Dormiré, pues no tengo nada. Excepto el campo de mi herida”) y minúsculos destellos rojos, insectos, frutos, amapolas dormideras.

Esta reseña no es una reseña.

“Tantas maneras de decir nunca más, pero la ausencia queda intacta”.

Lee Ceniza roja, Socorro Venegas (Páginas de espuma, 2022. Ilustrado por Gabriel Pacheco).


Más de Gema Monlleo en Profesor Jonk.

Ilustraciones : Gabriel Pacheco

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. azurea20 dice:

    Dónde puedo conseguir el libro?

    1. Hola, al final del post hemos puesto el enlace al libro en Casa del Libro. Esperamos que te guste, gracias por seguirnos

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