¿Qué hicimos mal? cine independiente y encuentro con amores perdidos

Liliana Torres (Vic, 1980), en su segundo largometraje «¿Qué hicimos mal?» tras la multipremiada «Family Tour» (Atlántida Film Fest, entre otros), regresa a sí misma en este true-life-docu-ficción en el que intenta responder a LA pregunta: ¿por qué desaparece el amor?¿Qué no nos contamos, qué no alimentamos, en qué (quién) nos convertimos al (des)amar? ¿Qué hicimos mal?

Poster de ¿Qué hicimos mal?, película de Liliana Torres

Lili (omnipresente Torres), pulpo en un garaje en una casona de una aldea gallega, no es feliz con David (Xulio Abonjo, ma-ra-vi-llo-so en su papel a ratos Oblómov, a ratos decidido). Lili, sintiendo la deserción en su 50% de responsabilidad en la pareja, decide investigar sobre sí misma, sobre su pasado amoroso, sobre sus relaciones anteriores. Lili se hace preguntas y Lili no tiene respuestas. Lili busca pistas, indicios, tal vez con la intención que la ayuden a entender su hoy, o tal vez pensando en los muchos mañanas que llegarán.

Lili dibuja en una blanca pared virgen de la casa de David un árbol-mapa-constelación de sus relaciones amorosas. Y ese mapa deviene itinerario filmográfico. Hola Kilian, hola Manuel, hola Fede, he venido para que hablemos de qué nos pasó, qué hicimos mal. Estoy aquí claqueta en mano, ¿conversamos? Lili, cámara al hombro, parte de la aldea en la que se siente y ven como extranjera (¿también excéntrica?) y a cada regreso, a cada maleta descargada del peso de las preguntas, la meteorología y la luz parecen ponerse de su parte. Si al principio llueve y es de noche, al final (no es spoiler) las luminosas mañanas (¡ains, Triana!!!) ciegan y alumbran.

Mapa de migas de huellas-¿fracasos? amorosos, Lili buscando el asesino cual agente de la CIA

¿Y ellos? Ellos se prestan a hablar. A hablar con ella. A hablar de ella. A hablar de ellos (de su “ellos” de entonces con ella). A hablar a cámara, microfonados, modo-entrevista-tipo-Salvados. Y el diálogo fluye o se atranca en el silencio de los sentimientos (escondidos unos, guardados otros).

La ternura, el miedo, el sexo, los (no)hijos, la memoria (y la irrealidad), las pérdidas (lo que no nos dimos), el dolor (enquistado en unos, ausente en otros), la convivencia, el desgaste. Y las palabras. Las que no se dijeron entonces. Las que (se) alumbran (polisemia) ahora. Película de palabras (veo una adaptación teatral clarísima), de fragmentos (hola Barthes), de discursos-frontera-hasta-que-el-silencio-habla, de diálogo y miradas. Película de (auto)conciencia, de melancolías varias (no confundir con romanticismo tóxico), de expiación de ciertas culpas. Todo ello, en mayor o menor medida, de forma más o menos explícita, está en ¿Qué hicimos mal?.

El modo docu-ficción también nos permite asistir al proceso creativo de Torres, sobre todo a las dificultades de la creación cuando crear no es sólo “idear” sino tener la financiación para llevar a cabo los proyectos (atención spoiler -¡¡¡atención spoiler!!!-: ese polvo lastimoso con David el día que le ofrece dinero para financiar parte de la película). Y es que ¿Qué hicimos mal? también es una película sobre cómo hacer una película.

Mis peros. Y mis dudas. Los ex que no salen en la película. ¿De verdad todas las relaciones que terminan pueden devenir en encuentros posteriores en un escaparate fílmico (la disposición de las sillas es muy Marina-Abramovic-en-el-MOMA-con-Ulay) tan bonitos (entiéndase bonito como la intersección entre delicado, frágil y hermoso)? Me queda la duda (primera).

Mis peros. El quiero más. Quizás las dificultades de producción no han permitido alargar un poco más el metraje (90 cortísimos minutos) y las conversaciones son, a veces, como titulares que no ahondan en todo el fondo que contienen. Aunque (segunda y penúltima duda): ¿quiere Torres responder a esas preguntas o quiere dejarlas en el aire para que cada espectador obtenga sus propias respuestas?

Como las atracciones de los laberintos de espejos tras la ciclotimia del enamoramiento, si queréis jugar: ¿Qué hicimos mal?

¿Qué hicimos mal? (Liliana Torres, 2021)

(Coda y tercera duda: ¿por qué el mdma de la discoteca-invernadero no deviene en trío lésbico? Eso sí lo encontré inverosímil)