Road movies, desarraigo y epifanía (II)

José Sacristán y Laura del Sol sujetan a Fernán Gómez "Agárrame, que lo mato". Gracias por tanto, don Fernando

Continuamos con nuestro repaso de películas de carretera, agradeciendo las sugerencias que nos hicisteis en Instagram tras el artículo anterior. Lo dicho, quedarán muchas sin citar pero las incluidas merecerán su apunte.

Hoy recordaré sólo dos películas, por lo atípico de sus historias y porque merecen capítulo aparte.

El viaje a ninguna parte

Absoluta obra maestra de 1986, firmada por el genial Fernando Fernán Gómez, en este caso director, actor, guionista y autor de la novela en la que se basa la historia que nos lleva al fango de los caminos de la España arruinada y herida de la primera posguerra en los años cuarenta, campo de tristeza y miseria, de miedo y rencillas, de humillación y estúpido sentido de la victoria entre hermanos. De sangre y lágrimas, de lo que somos y seremos, un bello país que se quiere, se odia y se suicida.

Los pueblos de Castilla ven pasar la carreta de los cómicos, ese término despectivo para lo que ahora diríamos titiriteros, igualmente despectivo para evitar decir actores, actrices, artistas e impregnarlos de sospecha política antes de escucharles hablar. Los reciben con duda, cuando no rechazo, pidiendo el repertorio más costumbrista y pagando pocas monedas y menos estufa, esperando ya ver cine -ese mágico invento nuevo- y no cómicos muertos de hambre.

«A los de aquí no nos quita el pan ningún forastero», «¡Cómicos, que se van a ver las navajas!»… Cálidos recibimientos

Fernán Gómez, José Sacristán, María Luisa Ponte, Juan Diego, Laura del Sol y Gabino Diego lideran el inolvidable elenco de actores que nos captura en esta historia coral con flashbacks entre el final de la vida de Carlos Galván, personaje de Sacristán, ya anciano y no reconocido tras una vida de altibajos, y sus inicios en la compañía del personaje de don Arturo, su vehemente padre interpretado por Fernán Gómez, o sus posteriores intentos de gloria en Madrid.

Una road movie de caminos secundarios y saltos temporales. Qué malo es el hambre y qué difícil se olvida. Absolutamente imprescindible, la cinta ganó el premio a la mejor película, mejor dirección y mejor guión en la primera edición de los Premios Goya, haciéndose además con el premio Sant Jordi a la mejor película española.


Una historia verdadera (The Straight story)

Titulada en España como «Una historia verdadera», «Una historia sencilla» en Argentina y Chile), estamos ante la película más atípica del director norteamericana David Lynch… lo cual la convierte en un relato extrañamente lineal, sin estridencias, efectivamente sencillo y fácil de entender.

Rodada en 1999, nos plantea las siguientes preguntas: ¿puede una road movie tener como protagonista a un octogenario que viaja de Iowa a Wisconsin en una diminuta cortadora de césped John Deere (en este caso, merecida publicidad de placement)?, ¿a qué velocidad ocurrirán los acontecimientos?, ¿es la vida una road movie sin aparente destino o existe una razón de ser, aunque ésta se encuentre en el último momento?

Encuentros en la carretera

El protagonista, Alvin Straight -interpretado por el fantástico Richard Farnsworth, nominado a mejor actor en los Oscars y Globos de Oro- está enfermo y, contra la opinión de su hija (Sissy Spacek), decide viajar hasta Wisconsin a ver a su hermano, con quien lleva años sin hablar y que ha sufrido un derrame cerebral.

La banda sonora, obra de Angelo Badalamenti, colaborador de David Lynch desde «Blue velvet», se nos queda pegada con ese violín que cuenta historias del Midwest, de las tierras en las que se quedaron aquellos que no llegaron a Eldorado californiano, de esa otra manera de hacer las Américas.

Y al final del violín nos espera el hermano en la puerta de una cabaña de madera. Silencioso encuentro que tanto nos dice tras años de rechazo mutuo, encuentro previo a la muerte.

El hermano: Harry Dean Stanton, esa leyenda que huye buscando en «Paris, Texas» y que se deja encontrar en «Una historia verdadera». Amor y rencor, dos caras de la misma moneda.

Ladies and gentlemen : Mr. Richard Farnsworth

Por cierto, efectivamente está inspirado en una historia verdadera.