Cumplimos un año pensando en las múltiples distopías que llevamos dentro

Con altibajos, gracias al fantástico equipo que tenemos, a su brillantez y lo que aportan cuando vemos todo oscuro, a la gente que nos insufla belleza y talento en las redes y blogs, a esta comunidad alternativa que también es internet -no sólo falacia-, hemos logrado sobrevivir tras atrevernos a nacer.

Con invitados como los escritores Benjamín Prado, Elvira Sastre y Agustín Fernández Mallo, los músicos Santi Balmes (Love of lesbian) y Anni B Sweet y las firmas que hemos ido compartiendo desde aquí, debemos sobreponernos a los momentos de duda y continuar soñando.

Esperamos que os unáis a nuestra comunidad, a la banda de Jonk, y que no nos baneéis -maravillosos palabros digitales- cuando nos salgamos de vuestra zona, que ya sabéis que somos eclécticos y con ánimo de abrir la mente a cosas nuevas…

Mañana 6 de abril es nuestro primer aniversario, nacimos en pandemia y ahí seguimos, hace tres meses volví a George Orwell abordando por fin su “Rebelión en la granja” tras muchos años desde que leí “1984” y “Homage to Catalonia” (un libro hurtado a mi patrón inglés en un curso de verano a los 19 años, justo el día antes de regresar; el otro fruto de mi cleptomanía también fue un libro en una feria del libro, de repente hubo gente abalanzándose entre el kiosco y yo y no sé por qué morbosamente di un paso atrás y desaparecí pensando que venía la policía detrás y cerrándome en casa el resto de la tarde).

En fin, paupérrimo historial delincuente al margen, lo cierto es que en la primera semana del año leí “Rebelión en la granja” con reticencias pero cediendo a su brillantez, un cuento fauno para denunciar lo mucho que Orwell veía de atroz en la dictadura estalinista, cómo se hizo con la voluntad del trabajador para luego aniquilarla a la manera de cualquier régimen totalitario, cómo purgó las voces disidentes, cómo muchas otras enmudecieron y enmohecieron durante décadas hasta morir.

Fueron los cerdos los animales más inteligentes y manipuladores (algún otro había inteligente pero apático y sin ganas de política) y rápidamente se hicieron con el poder absoluto tras la muerte del Viejo Comandante, cerdo al que se sigue venerando al final de la historia por su Sueño liberador y ecuánime. Dos brillantes aspirantes dirigen la granja, Bola de Nieve, brillante orador y con ideas interesantes, y Napoleón, guarro de mano de hierro al que no se le escapa ni expulsar al primero del paraíso, que huye como Trotski, finalmente asesinado en su exilio mexicano…

Después de esta alegoría repesqué “1984”, otro tipo de control totalitario -no tanto manu militari, sino preventivo gracias a la tecnología y el ojo del Gran Hermano que nos observa, cuánta similitud con la falta de libertad actual…- y “Fahrenheit 451”, del californiano Ray Bradbury, esa temperatura a la que dicen que prende el papel y que no negaremos, esa locura en la que los bomberos prenden fuego con sus mangueras a los libros ocultos y prohibidos -todos-, como ya vimos en la noche de los cristales rotos del nazismo y siglos antes con la Santa Inquisición… una vez más el poder quemando la palabra errónea y peligrosa.

Francois Truffaut no nos quiere bien, ¡el Quijote no se toca! Franceses, vecinos del norte…

También encontré un ejemplar antiguo de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley -que acabaría algo mordisqueado por mi cachorro de cocker, presente en el segundo ejercicio de Profesor Jonk en 2021-, una extraña distopía en la que sólo se nos obliga a ser felices, a respetar nuestro tiempo de ocio, descanso y diversión, a no sufrir ni plantearnos quimeras, en definitiva, ¿a anestesiarnos con redes y Netflix a ver si así olvidamos?

Dueño que hurtaba libros y perro que come incunables. La extraña pareja

Esos cuatro libros son un póquer de ases de la política-ficción futurista, hoy a veces sobrepasados por la realidad. A ellos se podría añadir alguna obra reseñable como “El cuento de la criada”, de la autora canadiense Margaret Atwood que en 1985 lanzó este reto para adentrarnos en una sociedad en la que la mujer carece de todo derecho de pensamiento, acción y administración propios fuera de la tutela marital, aquello que en el Código civil español se denominaba hasta 1973 el “permiso marital” por el que se permitía a la esposa administrar sus propios bienes. Y fuera de él no había nada.

Menos de cincuenta años y Margaret Atwood doce años después lo planteó como una sociedad imposible…, es curioso cómo en las democracias avanzadas cuesta pensar que el horror continúa presente en gran parte del mundo. En definitiva, un régimen militar regido por hombres en el que las esposas son dóciles y las jóvenes doncellas son personal doméstico y, si tienen suerte, madres de bebés engendrados por los prebostes para que luego los críen sus dueños sin rastro de su filiación natural.

En este último caso nos encontramos ante la distopía del desencuentro entre sexos, algo que ha sido norma a lo largo de la historia. Aconsejable versión televisiva de “El cuento de la criada” en HBO, aunque algo lenta para el ritmo habitual de las series de consumo rápido a que nos tienen acostumbrados.

Política, tecnología, ideas proscritas, imperio de la felicidad y cosificación del débil, parece ciencia ficción futurista y de tipo política ficción pero no es nada que nos sea ajeno como individuos y como sociedades. Whatcha!