Flamenco y mestizaje, la eterna canción

Lole y Manuel , flamenco en www.profesorjonk.com

https://open.spotify.com/playlist/3zU3yUT8v0lG4CM8jC9myL?si=YLSHOJ7DSm-dv5Tdxo9Y6A

( Nos gustaría sugeriros esta playlist para acompañar la lectura del artículo y, si no nos aborrecéis después, escucharla de vez en cuando )

 

Esta historia podría empezar con una joven pareja llamada Lole y Manuel a principio de los años 70, cuando fueron pioneros de lo que se denominó “nuevo flamenco”, haciéndolo llegar a nuevos caladeros de aficionados completamente ajenos hasta ese momento, sorprendiendo a los aficionados para acabar introduciendo coros angelicales y orquesta con sección de cuerda in crescendo -quizás el Bolero de Ravel del flamenco- en esa preciosa versión de “Tu  mirá”, grabada en concierto en 1995, canción de la que años después se enamoraría Quentin Tarantino para incorporarla en la BSO de “Kill Bill Vol. 2”.

Dicen los que ya buscaban músicas nuevas que hubo jaleo en la parroquia y que parte de ella no entendió la licencia, pero esto ocurriría pocos años después con los amigos Paco de Lucía y Camarón de la Isla, locos abiertos al mundo en una sociedad a punto de abrirse, Paco de Lucía ya viajado por América desde los dieciséis años, conocedores ambos de la contracultura urbana llegada a Madrid en los 70… Cajón flamenco, bajo eléctrico, órgano Hammond, saxofón…, nuevamente el flamenco se abre paso en obras maestras como “Entre dos aguas” (1976) de Paco de Lucía y “La leyenda del tiempo” (1979) de Camarón.

Por su parte, Pedro Iturralde, excelente saxofonista de jazz buscó aún antes un punto de encuentro entre ambos estilos en su memorable “Jazz flamenco Vols. 1 y 2”, grabado en Berlín en 1967 pero que no vio la luz en España hasta 1974 por problemas legales. A partir de este momento ya no hablamos de flamencos dando entrada a otros instrumentos no clásicos de este arte sino de intrusos que se atreven a captar y respetar el espíritu flamenco, con el mayor respeto, y compartiéndolo con sus correligionarios… Y esto veremos que ocurrirá hasta el escándalo y la aberración más insoportables para los puristas.

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De aquel magnífico álbum de Camarón, “La leyenda del tiempo”, surgió una cantera de flamencos que estuvieron concentrados durante días y días en aquel chalet, fumando, bebiendo y tocando, dando rienda suelta a la mayor creatividad que fueron capaces de poner sobre la mesa. Allí hubo genios como Tomatito, Kiko Veneno, Raimundo Amador y el saxofonista Jorge Pardo. Todos ellos fueron inoculados con el mejor flamenco y lo han cuidado siempre : Kiko Veneno componiendo “Volando voy” y luego con obras de cantautor flamenco con tres gotas de rumba, Raimundo Amador con el gamberro rock flamenco de Pata Negra y con logros como tocar con B.B.King, Jorge Pardo con su elegancia jazz, que le ha llevado a recibir el premio al mejor músico de jazz europeo en 2013…

Jorge Pardo a la flauta, con Tino di Geraldo y Carles Benavent: jazz in love with flamenco

 

Desde los años 70 hasta principio de los 80 llama la atención también la banda de rock flamenco Triana, apegada al rock sinfónico conceptual de los 70 herencia de Pink Floyd, King Crimson, etc : otro salto triple mortal exitoso al vacío.

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Y en los 90 nos sorprende el maestro Enrique Morente con los descarriados paisanos granaínos de Lagartija Nick, creando aquel artefacto de flamenco alternativo denominado “Omega” (1996), en el que se mezclaban las guitarras distorsionadas del rock alternativo hispano con el genio de Morente y los textos y músicas de Lorca y Leonard Cohen, siempre tan unidos. También en los 90 asistimos a la segunda pirueta magistral de Paco de Lucía, en esta ocasión tocando en directo con dos grandes de la guitarra jazz como Al di Meola y John McLaughlin, que acabarían diciendo que Paco era el mejor guitarrista del mundo… y eso en un mundo de egos es reseñable.

Ladies & gentlement, welcome Mr. Enrique Morente, King of underground flamenco!

Del jazz al flamenco (Iturralde), del flamenco al jazz (Paco de Lucía) y, ya en el nuevo siglo, el enfant terrible Diego el Cigala nos enreda con Bebo Baldés en el multipremiado Grammy latino “Lágrimas negras” (2003), flamenco, bolero y jazz latino, incontestable.

Diego el Cigala es otro transgresor, pero en este caso un transgresor adicto a la fusión, que ha aportado duende al tango y la milonga en “Cigala y tango” (2010) o a la salsa en “Indestructible” (2016), haciendo esos estilos suyos e imponiéndose a ellos y al entorno, como tuvimos la suerte de ver con una excelente banda de metales latina en el teatro Town Hall de Nueva York, en octubre de 2016.

Y con licencias de intrusos que se adentran y flamencos que salen -incluso el clásico  contemporáneo Miguel Poveda haciendo excepcionalmente “Voy a perder la cabeza por tu amor”- , el nuevo siglo nos depara mezclas con el pop independiente -Los Planetas en “Una ópera egipcia” (2010), con varios temas tributo al disco “Omega” y a su ilustre paisano granaíno, Enrique Morente-, la voz mediterránea de Silvia Pérez Cruz, el trap y los sonidos electrónicos – C. Tangana y Niño de Elche en el sencillo “Un veneno” (2018) o la omnipresente estrella Grammy latino Rosalía, icono multidisciplinar y a la que personalmente prefería en su mayúscula ópera prima flamenca “Los Angeles” (2017), obra conceptual acerca de la muerte en la que bordaba clásicos del cante y la copla de Manuel Vallejo, Antonio Molina, Juanito Valderrama y su varias veces versionado Enrique Morente, siempre con la guitarra solitaria y sincopada de Raúl Refree.

Una descarada paya catalana que aprendió gracias a su abuela y estudiando desde niña, que profesa admiración por el cante jondo pero que apenas tiene veinticinco años… y tras sentarse sola con su guitarrista frente a una multitud dos años seguidos en el Barcelona Primavera Sound 2017 y 2018 ante una multitud de millennials atónitos , en su segunda entrega mezcló ya descaradamente el flamenco con el trap, las bases electrónicas, el look poligonero y sus múltiples jams posteriores con estrellas del reguetón o del pop británico que desconozco, porque nos gusta la fusión pero ahí no llegamos. Se puede discutir si es cantaora o cantante que interpreta bien determinados palos del flamenco, como explica este artículo de ABC sobre su actuación en la Bienal de Flamenco de Sevilla 2018, pero respeta, admira y difunde la puerta de entrada al flamenco a nivel mundial, por lo que merece nuestro respeto.

Son ejemplos pioneros, discutibles, polémicos…, pero en cualquier caso reseñables por la legión de amantes de la música que gracias a su riesgo quedan atrapados por el quejío flamenco y, tarde o temprano, acaban yendo a la raíz. A Mairena, a Marchena, a Farina, a Sabicas, a la Niña de los peines. Lo maravilloso de la música es tirar del hilo genealógico y entender cómo un estilo de raíz no morirá, aunque cierren los tablaos, porque lo llevamos dentro y es más fuerte que cualquier virus. Salud y arte.