Desayuno en Tiffany´s : cuando Harry no encontró a Sally

Desayuno con Diamantes es una novela colorida, pero triste que dio lugar a una de las películas más coloridas, pero amables de todos los tiempos.
Una novela cruda que se hizo comedia hermosa y sofisticada para habitar entre nosotros a mayor gloria del rostro más angelical del cine. Ese ángel elegante, lujoso y sofisticado que traspasaba la pantalla con un primer plano de su rostro, una sonrisa y un aleteo de ojos. La vecina que a muchos nos gustaría tener, por mucho que llame a horas intempestivas porque se haya olvidado las llaves, nunca se haga copia y que así sea por muchos años.

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Truman Capote cumplió el sueño del niño homosexual de pueblo, desatendido y desubicado, que quiere y se propone conquistar la capital del mundo, Nueva York. Ese niño que a golpe de ingenio y cinismo se impone, sin más armadura que la de su carne y alma, a su entorno para cincelar un personaje con el que toda celebrity que se precie quiere interactuar.
Ese niño terrible que te puede encumbrar o hundir de con un artículo o con un comentario en la cruel feria de las vanidades que es la fama. Un personaje con pluma de oro y pies de barro que navega a pecho descubierto por las procelosas y traicioneras aguas de la popularidad.
Truman Capote aprendió a leer a los cuatro años, a los cinco años devoraba La isla del tesoro, y fue escritor desde los ocho años.
Dotado de un carácter escrutador e incisivo como pocos, para mi gusto es uno de los autores que mejor escriben de la Historia de la Literatura en el sentido más literal del término, y uno de esos autores que hacen del periodismo una obra de arte. Me parece un estilista impecable. Un buscador irredento de la palabra justa y certera, del adjetivo. Esa cualidad que me deslumbró de Josep Pla(1) es la misma que enamora de Capote.

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Capote creó un personaje que le devoró a sí mismo: profundo e íntimo, y fue una persona que devoró a su personaje: excesivo, exitoso y adicto. Como si su vida fuera un perpetuo y agotador ajuste de cuentas entre persona y personaje que solo pudiera acabar de un modo trágico y autodestructivo.
Como personaje creó los más fascinantes decorados y organizó las fiestas más glamurosas, aún a sabiendas y creyendas de que todo era una gran mentira, por el mero hecho de demostrarse a sí mismo que era capaz de hacerlo. Cuando posiblemente detrás de todo ello no había más que un chiquillo asustado y sensible hasta la extenuación al que le dolía la vida tras las luces. Una superproducción rencorosa cuyo fin fuera herir a la gente explicándole que el material del que estaban hechos los sueños era de cartón piedra y que los personajes no eran más que de carne, hueso y podredumbre.
Como hombre desnudó su alma con una dedicación espartana, con ocho años ya dedicaba tres o cuatro horas diarias a esculpir palabras, para escribir los relatos más sensibles, los artículos más demoledores y las novelas más descarnadas.
Un genio capaz de hacer Literatura sobre la última banalidad y de escribir una obra imperecedera como A sangre fría con la misma precisión quirúrgica. Un hombre que se entregó a sus novelas con la misma pasión que su personaje se entregó a la vida, y cuyo paradójico legado fue el de escritor inmortal que sobrevivió a un hombre sensible y a un personaje agotador y agotado.
Desayuno en Tiffanys es la historia de una mujer adolescente que se casa a los 14 años, en el sur rural de los Estados Unidos, y se marcha a Nueva York para buscarse la vida y vivir de la generosidad de hombres acaudalados, como señorita de compañía, a no menos de 50 dólares por visita al tocador.
Holly(day) Golighty ya muestra su personalidad desde el nombre: un nombre festivo y liviano, y el apellido: brillante, vívido y fugaz.
Un nombre de guerra, porque el original es Lula Mae, muy parecido al de la madre de Capote, Lilli Mae, que también era del sur rural americano, que también se casó de adolescente, que también abandonó a su marido y que también fue a Nueva York a buscarse la vida de aquella manera.

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El libro de Capote es una novela corta sin casi argumento y sin un final feliz que cuenta la historia de una chica rubia de 19 años, delgada, de rostro infantil y corte de pelo masculino que se gana la vida como señorita de compañía, que viene a ser un eufemismo de puta. Y su relación de amistad con un escritor homosexual que está empezando su carrera. En fin una joyita para adaptar al cine de la época.
Me confieso mitómano de Audrey Hepburn, por lo tanto desisto de ser objetivo al analizar su inigualable elegancia y su memorable interpretación. Baste decir sobre la validez de mi juicio que cuando Audrey Hepburn murió, al día siguiente fui a clase, yo que no era muy de ir a clase, a la facultad de negro riguroso, y eso que ese día no había ninguna fiesta programada de The Cure.
La película está protagonizada por una Audrey Hepburn de 29 años, madre primeriza, y está pasada por el tamiz del cine comercial de 1961, más acostumbrado a las películas amables y sofisticadas de Rock Hudson y Doris Day. Por ello, a fin de encajar con los cánones, se heterosexualiza al protagonista, el inefable George Peppard que no tuvo una relación muy cordial con Audrey, a la que llamaba constantemente esa monja feliz, y se va fraguando una relación de amor entre ambos protagonistas. Como en tantos casos nos encontramos ante una película buena y efectista que respeta muchos de los diálogos de la obra original en la que se basa, pero que poco o nada tiene que ver con ella.
Capote vendió los derechos de la novela a la Paramount; una película que le hubiera gustado que protagonizara Marilyn Monroe, su secretaria despachó el proyecto argumentando que la señorita Monroe no interpretaba mujeres de compañía, y Steve McQueen, que en esos momentos andaba embarcado en otros proyectos.

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Hasta llegó a ofrecerse a protagonizar el film el propio escritor, pero ante el oportuno comentario de alguno de los pagadores de que su papel iba a ser el que simple ala que sirviera de cobijo de la protagonista, él mismo desistió a su pretensión, para alivio de los productores, por aquello de que merecería un papel más dinámico.
Con el tiempo, Capote dijo que él hubiera hecho otra adaptación y elegido a un guionista con el que habría colaborado estrechamente con él, y también apostilló que su Holly no era flaca, ni chic, ni de cara huesuda como la Hepburn, sino una chica con una elegancia totalmente diferente, más del estilo de Jodie Foster.
El escritor en el libro nunca es nombrado explícitamente por su nombre; Holly le llama Fred en recuerdo de su hermano militarizado; algunas pistas lo identifican con el autor; entre algunos detalles: la velada referencia su carácter homosexual cuando insinúa que viene del pueblo ficticio de Alabama, de donde viene también Capote, llamado Nancy (que en el argot hace referencia a un centro turístico gay y a una práctica de relación homosexual sumisa), o que su cumpleaños sea un 30 de septiembre, día del cumpleaños de escritor. Su relación con Holly, a diferencia de en la película no es de amor de pareja sino que es un intento del escritor de conquistar la amistad de Holly; un trabajo nada fácil para una persona que se considera apátrida de cualquier lugar y extranjera de sí misma, una persona que no pertenece a nada ni a nadie, que busca su acomodo en el tiempo y que tiene pavor a que le hagan daño. Que no le duelen prendas para escandalizar o para pisotear a sus amigas, pero a la que llegado el momento tampoco duelen prendas en abandonar, sino cumple las expectativas, sus amantes o pretendientes. Es el caso del político brasileño (un papel descafeinado en la película interpretado por José Luis de Villalonga) que no duda en dejarla, con mucha clase eso sí, por su carácter inestable, aborto incluido de por medio, que por supuesto en la película se soslaya por completo.

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Por la novela desfilan personajes, lugares, demonios, jerga (2) del Nueva York de la época. Tiffanys como de pretendido lugar apacible y seguro donde nada malo puede pasar (para la película se abrió por primera vez en su historia en domingo para el rodaje); el 21, el restaurante de moda del Midtown de Manhattan; el brownstown, los edificios típico de arenisca roja, en que vive Holly y el escritor; los White Angel ( mitad vodka, mitad ginebra) del bar de Joe Ball; el sentimiento de angst, angustia y depresión que acosa a la protagonista toda la película, y las referencias a los días rojos y al Seconal, barbitúrico que se utilizaba como sedante, muy popular en la época y con el que seguramente se suicidó la madre de Capote…

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La novela es mejor que la película, pero ha trascendido la novela, que es una versión mentirosa y edulcorada de la novela. El rigor estilístico, la profundidad del retrato, la tensión entre el concepto de arte y producto de consumo, entre naturaleza y artificio, entre amor y amistad, entre sueños y realidad, entre pertenencia y desarraigo, que se dan en la novela (una novela muy a lo Henry James en la que parece que no pasa de nada y pasa de todo) no se dan ni de lejos en la película, que no deja de ser una película mayor gloria de Audrey Hepburn.
Una película icónica que aporta una canción como Moon River, que obviamente se llevó el óscar, y de la que se han hecho más de mil versiones hasta la fecha. Un film que incluye el vestuario que diseñó Givenchy; el vestido negro mítico de Audrey Hepburn con el que abre la película se subastó por más de 800.000 dólares en 2006, siendo el afiche de una película por el que más se ha pagado en la historia, solo superado por lo que se pagó el oscar a la mejor película de Lo que el viento se llevó. Una producción que incluye la etérea interpretación de Audrey Hepburn. Solo por estos tres detalles merece estar en los anales del cine.
No dejen de leer a Capote, no dejen de ver a Audrey. Tan distintos, tan fueras de serie. Del sentimiento trágico de la vida al sentimiento elegante de los sueños. Capote siempre deseó el éxito y el reconocimiento y lo logró desde muy joven. Capote dejó un libro inacabado cuando ya estaba en su etapa final de decadencia y autodestrucción; su título, Plegarias Atendidas, estaba razonado desde la famosa cita de Santa Teresa (Capote era de ancestros españoles y anduvo por nuestro país, pero esa es otra historia) que decía aquello de: “Más lágrimas se vierten por las plegarias atendidas que por las no atendidas”, que viene a ser la versión chic de aquello de ten cuidado con lo que deseas que a lo mejor se cumple.

(1) Màrius Carol reconstruye en su libro El hombre de los pijamas de seda, publicado por la editorial Columna y ganador del Premio Prudenci Bertrana, tres veranos y primaveras que pasó Capote en la Costa Brava y más concretamente en Palamós. Carol se permite novelar algunos pasajes de aquellos veranos y, por ejemplo, cruza al autor de Música para camaleones con Josep Pla. Este punto me llamó a mucho la atención, ya que la comparación entre ambos autores no estaba traída en este artículo a propósito por mi parte.

(2) Capote es un maestro del lenguaje que utiliza desde la jerga neoyorquina de tipo homosexual, hasta palabras originales del español, francés o alemán, según la historia lo requiriera; cito algunos ejemplos:
Blackhand: mano negra para hacer referencia a la Mafia.
Bull dykes: dique de toro literalmente y que hace referencia a las lesbianas que juegan un rol masculino.
Coony: difamación despectiva para los afroamericanos, posiblemente derivada de la expresión culi utilizada para los trabajadores provenientes de Africa que solían trabajar como criados a cambio de un salario miserable.
Head shrinker: encogedor de cabezas, despectivo referido a un psiquiatra.
Hideola: en slang Hideous+ola, que significa feo, aberrante; La negre: en jerga francesa negro, africano.
Lark: que literalmente es alondra y hace referencia a las aventuras amorosas o sexuales despreocupadas y ardientes.
Maude: homosexual o chapero, prostituto masculino.
Nancy: homosexual sumiso. “Negative Nancy” describe a una persona que siempre tiene una actitud negativa. Ese tipo de persona tóxica que nunca tiene nada bueno para decir.
Capote también utiliza palabras españolas en el original: como vino o Picayunes: una marca de cigarrillos que se fabricaban en Nueva Orleans en los 60, hay una ciudad del Misisipi con ese nombre, y que hace referencia a algo nimio o de poco valor, originalmente el picayune era una moneda española de medio real.
Nigger lip: labios de negro; despectivo hacia negros utilizada a mitad del siglo pasado y que significa babear.
Shingle y Shyster: single y sister significa soltero y hermana, pero con la h intercalada hace referencia a la figura del abogado, y en el segundo caso de una abogado o político sin escrúpulos.