Posible, ¿cierra Bunbury un ciclo?

Nos hemos dado tres días para escuchar el extraño lanzamiento en confinamiento por coronavirus de “Posible”, lo último de Bunbury, músico capaz de entusiasmar, decepcionar, inquietar, preocupar y sorprender por igual a sus millones de seguidores en América y España, melómanos que han crecido -y acaso- envejecido con él desde hace más de treinta años, cuando lucía melena ondulada anaranjada y divagaba entre el épico rock gótico, las guitarras y la melancólica pose after punk, la incipiente pose Jim Morrison y todo lo que se batía en su mente.

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No es fácil para un artista envejecer interpretando el mismo libreto y Enrique Bunbury siempre tuvo claro que no lo haría. De hecho, sus seguidores le han visto vender casi un millón de discos en Alemania y tocar en el Rock am Ring con Aerosmith cantando en español junto a su banda Héroes del Silencio y después… Después, todo : la electrónica y pelo corto provocador de su primer álbum en solitario, “Radical Sonora”, al que de algún modo más pausado y conseguido vuelve “Posible” -menos industrial también, que quizás no están los cuerpos ya para ejercicios Nine Inch Nails-, los ritmos zíngaros y árabes de “Pequeño”, el rock americano redondo y ya de raíz fronteriza de “Flamingos” y discos posteriores, la tristeza infinita de “Las consecuencias” -disco que creció con las escuchas-, la canción de raíz latina cada vez más patente en sus discos de los últimos tiempos -incluido el notable disco de versiones “Licenciado Cantinas”-, su último disco pleno de rock eléctrico, “Expectativas” -en el que ya introduce el saxo moribundo y obsesivo de su/nuestro adorado David Bowie en “Blackstar”, su disco epitafio grabado puco antes de morir- y ahora nuevamente un disco para algunos aparentemente menor.

Y digo menor porque desde “Las consecuencias” Bunbury ha intercalado discos de aparente factura más elevada con obras como “Posible”, acaso más complejas, llenas de matices, revestidas de letras y sonidos íntimos, junto a algunas melodías y estribillos que sin duda acabarán en su set list de directo pero cuyos títulos pocos pondrán entre las tres canciones que vienen a la mente rápidamente para conectar el karaoke.

“Posible” se abre con la bella “Cualquiera en su sano juicio (se habría vuelto loco por ti)”, piano y reverberante electrónica pausados dándonos la bienvenida e invitándonos a no tener miedo, sin duda una canción notable. Mucha electrónica, algunos sonidos orgánicos bien metidos -guitarras, bajo, piano y saxo, que ya se ha quedado a vivir con nosotros- y las excelentes letras del prolífico “cantante latino de rock alternativo”, como bien le presentan en Estados Unidos -malditos tags-, porque ¿qué hay más alternativo que reinventarse una y otra vez arriesgando tu masa de seguidores, con la seguridad de cuando eras joven pero la humildad que da el tiempo?.

La colección de canciones se degusta mejor con auriculares y calma, para percibir los sonidos que Enrique Bunbury ha logrado sacar en curso acelerado de rock electrónico melancólico y pausado y que en algunos momentos nos delatan a más de uno recordando cuando entre tanto grunge alabábamos y considerábamos rock la actitud, la pose, las guitarras de soslayo y la excelencia de “Violator”, aquella obra diez de Depeche Mode.

Como David Bowie, nuestra estrella hispana no tiene miedo de saltar y si en “Radical sonora” se empapaba de rock industrial como el Maestro británico hiciera en “Earthling”, en “Posible” le inunda la tristeza del final como atestigua el precioso saxo de “Deseos de usar y tirar”, otro punto álgido del álbum en el que se cita a Nick Cave, en una nueva exhibición de interpretación en tonos bajos, casi subterráneos, compitiendo efectivamente con los más grandes del estilo -algunos de los cuales, como Leonard Cohen, no tenían la voz del maño para llegar a los tonos más altos en los conciertos de rock pero sin duda nos hacían llegar al éxtasis por el otro extremo.

Y avanzando encontramos otro regalo, “Mis posibilidades”, canción con estribillo y coros pop que iluminan tanta oscuridad y que en los conciertos promete un lindo momento. Acto seguido un cañonazo, “Las palabras dejarán de brotar y sin querer matar dejan heridos, no han querido faltar a la verdad y la sinceridad no va contigo, las palabras escogen el momento, prefieren el silencio a tanto ruido, han decidido callar y dejar a los demás seguir por su camino”, antes del estribillo, canción in crescendo con coros en aullidos. “Las palabras”, con sus máquinas a 100 sonarán como un trueno en vivo, no hay duda. Gracias por el regalo.

A continuación, Bunbury se pausa, nos da un puff y una copa para charlar tranquilos durante varias canciones, dejándonos llevar y eligiendo cada cual sus frases y sonidos “ahora no recuerdo bien cómo he llegado aquí, ni quien solía ser ni las decisiones que en algún momento tomé” canta viniéndose arriba en uno de esos arrebatos que en disco -y más en directo- se vuelven raphaelianos, mesiánicos, casi de secta peligrosa californiana, en una oscura “Indeciso o no”. Se cierra “Posible” con otra preciosa balada, “Los términos de mi rendición”, que no sé porqué me recuerda aquel otro título, “Los restos del naufragio”.

Aquí no hay naufragio, aquí hay un amigo que viene a visitarnos cada cierto tiempo y con el que, cicatrices al margen, no se pierde la afinidad. Ojalá pueda venir a vernos en persona pronto, sin performance telemática ni distancia de seguridad que lo enfríe todo. Ojalá pronto podamos abrazarnos frente a frente.

PD: lo del cambio de ciclo nos lo sugiere un buen amigo, preguntándose qué nos deparará el futuro con Enrique Bunbury. Si el ciclo empezó con su carrera en solitario y se cierra ahora, con tantos giros estilísticos y todavía abordo, realmente no nos importa el barniz que aplique a sus nuevas historias. Maestro.