Vendedor de geles y desinfectantes en el segundo anillo

La abuela Juana.

Tengo las piernas de la abuela Juana y de mi padre, pensó el comercial de productos de limpieza tras darse un baño, un desahogo en soledad y un enjabonado lento al compás de Aretha Franklin.

Las piernas de mi abuela. Más viajadas pero con las varices incipientes que prometen natación a los ochenta para ver si al menos circula el agua. Eso pensó sentado en una butaca del Holiday Inn de no se sabe qué distrito de Moscú porque ni aprendía cirílico ni le importaba ubicarse.

Lo suyo, simple y llanamente, era estar de paso.

Como en la vida, como su abuela y las varices de ambos camino de la madre tierra.

Así pues, con esa estoica y apacible actitud se dispuso a vestirse para salir a cenar con extraños y seguir el baile de máscaras, ¿quién sabría dónde?